Después de unos días intensos en Uganda, llenos de emociones y sentimientos a flor de piel, toca relajarnos un poco… ¿A alguien se le ocurre un sitio mejor que el paradisíaco archipiélago de Zanzibar?

Para llegar, cogemos un ferry desde la caótica ciudad de Dar Es Salaam a la que llegamos ayer en avión desde Kampala. Este atraca en Stone Town, la parte antigua de la ciudad de Zanzibar y capital del archipiélago. Esta ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad, es un laberinto de callejuelas lleno de tiendecitas de regalos, puestos de frutas y exposiciones de cuadros pintados a mano por artistas callejeros. Además, llaman la atención sus casas blancas construidas sobre puertas de madera labradas cuidadosamente a mano con dibujos a cada cuál más bonito.

Tras recorrer sus calles, disfrutar de su ambiente y de sus puestos callejeros de comida (en los que nos comimos 4 durum por 2€ en total… si, si, 4 durum!!!) ponemos rumbo a la parte este de la isla, esta vez en Dalla-dalla!

Dos horas de autobús después y con un calor considerable, conseguimos llegar a la que será nuestra cabaña por unos diitas! Esta parte de la isla se caracteriza por ser menos turística y mucho más tranquila que la famosa Nungwi que está en el norte y que visitaremos dentro de unos días. Ahora toca disfrutar de esta paz y estas vistas!

Desde este lado de la isla, aprovechamos para acercarnos un día al restaurante “The Rock”, dirigido por un italiano y con la curiosidad de que, mientras en marea baja puedes acceder a él sin pegas, cuando la marea sube necesitas que una pequeña barca te lleve y te traiga desde la orilla. Paseando por la playa, llegamos también hasta Jambiani, playa llena de cometas de colores con kitesurfistas que nos recuerda mucho a Cádiz. 

Después de unos tranquilos días, llega el momento de movernos hacia el noroeste de la isla, hacia el pueblo de Nungwi. Esta aldea de pescadores es un hervidero de gente, tanto local como viajeros, con una larguísima playa de arena fina blanca que te permite llegar andando, en marea baja, hasta su vecina Kendwa.

De los 4 días que pasamos en este pueblecito, uno de ellos lo dedicamos a bucear en el Atolón de Mnemba. Que buceo! Este atolón es un arrecife de coral, protegido, de casi 30 km2 y que contiene la pequeña isla de Mnemba en su interior. Ahora cerrad los ojos e imaginaros un fondo marino, lleno de diferentes corales, anémonas, bancos de peces de millones de colores, rayas, pulpos… eso es Mnemba! Hacemos dos inmersiones a unos 20 metros, de 55 minutos cada una, pero que se pasan volando!