Las gestiones en la frontera van mucho más rápidas de lo que nos esperábamos (esto es África) y en dos horas conseguimos estar ya en Esuatini. La carretera que nos lleva hasta el Parque Nacional de Hlane, donde dormimos esta noche, está en muy buen estado y nos da tiempo a llegar a la reserva para hacer un pequeño safari antes de que se haga de noche.
El camping del parque es un sitio muy especial, la verdad. Tiene una charca enorme enfrente, donde los animales acuden a beber agua. Además, no hay electricidad por lo que, cuando cae la noche, toda la iluminación que hay es la que dan las lámparas de aceite que han ido encendiendo en la terraza, los baños…¡imaginaros el cielo que se ve aquí!

El motivo de visitar este país y este camping es que tienen una nutrida población de rinocerontes, a los que protegen de la caza furtiva. Por la mañana, nos levantamos y salimos en su búsqueda, con la enorme suerte de encontrar a una mamá con su bebé. El embarazo de una hembra rinoceronte es de 14 meses y solo dan a luz a una cría por embarazo, uno de los motivos por los que la repoblación de esta especie es un trabajo más largo.

