Estos días nos quedamos en ATKV Drakensville, un camping increíble, que tiene unas instalaciones envidiables, con una piscina cubierta y otra descubierta de agua caliente, supermercado, canchas de baloncesto, pistas de tennis, restaurante… sin embargo, hay algo que nos dice que no todo está bien… cuando estamos en la piscina, nos damos cuenta de que somos los más morenos de aquí, ya que todos son rubios platinos, altos y con ojos azules. Además, Scheherezade es la única descabellada e “indecente” que se atreve a ponerse un bikini, ya que las normas de la piscina dicen que hay que vestir de forma recatada… Sin embargo, todas estas sensaciones extrañas tienen respuesta cuando descubrimos que es un camping creado por una sociedad de afrikaans, fundada en el año 1930, los cuales tienen como objetivo promover el idioma y la cultura afrikaner. Lo cierto es que fueron muy simpáticos y agradables, sin embargo, cuando uno ahonda un poco en la historia, se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Obviamente, no tenemos nada en contra de su intención por hacer prevalecer su idioma, pero sí contra la parte activa que tuvieron durante la época del Apartheid.

Madrugamos para recorrer en coche la distancia que nos separa del parking “Sentinel”. Nos avisan que para llegar hasta este parking hace falta un 4×4. Dudamos en aventurarnos solo o contratar un viaje que nos lleve hasta el parking, dada nuestra nula experiencia en conducción 4×4. Para variar, nos arriesgamos y tiramos para delante. El camino complicado empieza unos 10 km antes del parking y efectivamente es necesario un 4×4 para recorrerlo. Pero poco a poco y con paciencia, avanzamos a través de las piedras y de la arena y llegamos al parking. Una experiencia más. ¡Y por suerte sin barro! A cualquiera que piense en subir hasta aquí sin 4×4, ¡que se lo quite de la cabeza!
Somos los primeros en llegar, asique rápidamente cogemos nuestras mochilas con agua y ropa de abrigo y nos ponemos en marcha. Por delante nos esperan 14 km con un desnivel de 550m. La primera parte del recorrido transcurre pegado a las montañas, con increíbles vistas hasta que llegamos a un mirador que nos deja sin palabras. Desde el podemos ver “La Mesa”, una zona completamente plana de la montaña, que parece que ha sido cortada como un trozo de mantequilla.
La siguiente parte del recorrido nos sube hasta la zona final. A partir de aquí, tenemos dos opciones para culminar: o bien, a través de un desfiladero con piedras y una pendiente curiosa o bien, a través de una escala metálica vertical ancladas a la pared. ¡Como veis, difícil elección! Jejeje Al final, nos decantamos por la escala. ¡Apretamos bien nuestras mochilas, guardamos todo lo que se puede caer y vamos para arriba!

¡Cumbre! ¡Hemos llegado! El paisaje aquí cambia completamente. Es una planicie enorme, donde sopla el viento y hace algo de fresquito. Ahora solo nos queda dirigirnos hasta el punto en el que el rio Tugela salta al vacío.
Después de 20 minutos andando, vemos un mojón a lo lejos. Nos acercamos. ¡Aquí es! Así lo deja ver la inscripción: “Salto Tugela. La cascada más alta en el mundo. 983 metros”. ¡No queremos entrar en discusiones, lo pone ahí! Aunque puede que los venezolanos tengan otra versión… ¡habrá que ser testigo de las dos para poder juzgar!

Después de estar un rato contemplando las vistas, que son increíbles desde aquí arriba, y de comer algo para recargar fuerzas, nos ponemos en marcha de vuelta, ya que nos quedan mínimo otras dos horas de camino.
El día termina en la piscina de agua caliente del camping y con una buena cena de campeones.
