Comenzamos la ruta Jardin con casi 10 días por delante para recorrerla. La verdad es que es una de las zonas con mas turismo de Sudáfrica y eso se nota en el estado de las carreteras, campings y todo lo que se refiere a infraestructura.
Nuestra primera parada en esta ruta es Tsitsikamma National Park. Este parque destaca por tener una impresionante franja de costa en la que se pueden realizar varios senderos a través de puentes colgantes.

La verdad es que el parque resulta impresionante, es una visita imprescindible en la ruta jardín.
La siguiente parada nos lleva hasta Mossel Bay, un pintoresco pueblecito en la costa, la verdad es que no tiene nada especialmente reseñable pero si que es muy famoso entre los sudafricanos para destino de verano. Lo que tiene de bonito este pueblo es que cerca de el se encuentra la región de Wilderness, con una increíble playa de 18 km.

Nuestra siguiente visita en esta ruta nos lleva al Cabo Agujas, lugar en el que los océanos Indico y Atlántico se encuentran. Se cree que éste es el punto más austral del continente africano, ¡pero no es así! Ese honor está reservado a otro cabo que en unos días visitaremos. Lo que sí es verdad es que, esta parte de la costa que llega hasta el cabo de Buena Esperanza es, desgraciadamente, conocida por ser muy escarpada, con muchas rocas que velan, fuertes corrientes, grandes maretones y densas nieblas que la hacen muy peligrosa para la navegación.

Cerquita de aquí está la Reserva Natural De Hoop. Aunque no es muy conocida, si puede ser uno de los paisajes más diferentes de esta ruta, ya que cuenta con enormes dunas de arena blanca pegadas al mar e incluso, durante los meses de junio a octubre, existe la posibilidad de ver ballenas junto a la costa.
Nosotros decidimos hacer una noche en esta reserva y la verdad es que, aunque la zona es muy bonita y el camping es realmente especial, nuestro recuerdo no es el mejor… ese día decidió caer la tormenta perfecta sobre nuestras cabezas, con lluvia y viento que, desde la tienda de campaña en el techo del coche parecía que íbamos a salir volando, asique nos tocó finalmente mal dormir dentro de los asientos del coche.

Después de nuestra primera noche toledana, de muchas que, seguro, tendremos a lo largo de esta aventura, decidimos que nos merecemos descansar en condiciones y pegarnos una ducha de agua caliente, ¡tampoco pedimos tanto! Jeje asique buscamos un pequeño apartamentito en una de las zonas que, después de visitarla, se convertirá en una de las que más nos gusten: Stellenbosch, Franschoek y Paarl, los maravillosos viñedos de Sudáfrica.
Esta zona, pegada a Ciudad del Cabo, resultó ser mucho más bonita y especial de lo que nos esperábamos. La verdad que todo el mundo nos había hablado maravillas de ella, pero nosotros, como buenos españoles, pensábamos… ¡qué nos van a decir a nosotros de vinos!

Pero efectivamente cuando llegas ahí, parece que entras en otro mundo, rodeado de montañas, con enormes campos de viñedos y donde la tranquilidad reina. En un principio teníamos pensado estar solo un día en esta zona, lo que acabó siendo 3 días explorando las diferentes bodegas y degustando sus vinos y donde, sin lugar a duda, nos hubiésemos quedado mucho más tiempo.
Aunque la producción de vino en esta zona es bastante reciente (finales del siglo XX), estas bodegas cuentan ya con grandes vinos reconocidos a nivel mundial. Muchas de estas bodegas son, además, antiguas granjas, lo que hace que ambos conceptos se encuentren todavía de la mano, de forma que puedas realizar una cata de vino acompañada por un delicioso queso de cabra hecho también por ellos mismos.
Otra que nos llamó mucho la atención y que no tuvimos más remedio que probar, fue una que maridaba los diferentes vinos con chocolate.
Además, esta bodega, Waterford, puede que ser una de las mas bonitas de la zona, con una entrada señorial, rodeada de viñedos y un precioso patio andaluz, con su fuente en el medio, donde pararte a degustar su vino. Nosotros nos enamoramos un poco…
Nuestra ultima visita antes de entrar en Ciudad del Cabo fue Bettys Bay. Una pequeña ciudad que destaca por su colonia de pingüinos. Aunque es menos conocida y más pequeñita que la colonia que habita en la Península del Cabo, eso te permite ver de más cerquita y con menos aglomeraciones a estos divertidos animales. Es imposible no morirte de risa cuando se ponen a correr o se zambullen en el agua.

¡Y por fin llegamos a Ciudad del Cabo! Esta ciudad portuaria, en la costa oeste de Sudáfrica, comparte capital con Pretoria y Bloemfontein y es la segunda ciudad más poblada de Sudáfrica, después de Johannesburgo. Sin embargo, lo más bonito de esta ciudad es donde se encuentra: a los pies de la famosa Montaña de la Mesa o «Table Mountain» y junto al Cabo de Buena Esperanza.
Nuestra primera visita en la ciudad fue precisamente la Montaña de la Mesa, declarada una de las 7 maravillas naturales del mundo moderno. Gracias a su altura de más de 1.000 metros y un teleférico que te sube hasta la cima de la mesa, las vistas de la ciudad, a tus pies, son realmente impresionantes.

Cerquita de aquí se encuentra Bo-Kaap, el colorido barrio malayo de Ciudad del Cabo. Su origen se remonta a la época en la que numerosos esclavos llegaron a la ciudad entre los siglos XVII y XVIII, de mano de los primeros colonos blancos holandeses, procedentes de la India, Sri Lanka, Malasia e Indonesia.

No se sabe exactamente cuando y por qué empezaron a pintar las casas de estos vivos colores, ya que todas las casas anteriormente eran de color blanco. Se cree que en su día, para celebrar el fin del Ramadán, el barrio comenzó a engalanarse con estos alegres colores y, poco a poco, vieron que era algo que les diferenciaba y se convertía en su seña de identidad, algo que les hacía sentir comunidad y familia estando tan lejos de las suyas.
Waterfront es el lugar por excelencia de ocio y esparcimiento de la ciudad. Un antiguo muelle, que ha sido reacondicionado y reconstruido, cuenta ahora con centros comerciales y todo tipo de restaurantes y tiendas en los que pasar un día super entretenido.

Empezando ya a recorrer la Península del Cabo, uno de los puntos que más nos gustó fue la playa de Camps Bay Beach. Numerosos restaurantes a la orilla de la playa, chalets que parecen sacados de las mejores revistas de diseño, medidas de seguridad hasta arriba… claramente, esta es la zona de dinero de la ciudad. Aparte de la playa en sí, lo que hace especial a este sitio es la vista perfecta a los 12 Apóstoles. Estos 12 Apóstoles son formaciones rocosas que forman una enorme cordillera junto con la Montaña de la Mesa. Contadlos, ¡ya veréis como son 12!

En este recorrido por la península, vemos numerosas playas de arena fina blanca muy muy bonitas aparte de la ya mencionada pero que no podemos pararnos, ya que tendríamos que dedicarle no un día si no una semana a esta ruta.
Donde si hacemos una parada es en Hout Bay, pueblecito pesquero en el que se pueden ver leones marinos en su puerto o bien, contratar una excursión que te lleve hasta la cercana isla de Duiker, donde habita una gran colonia de estos animales. Nosotros, puede que por falta de tiempo y porque teníamos pensado verlos más adelante en nuestro viaje, nos decantamos por acercarnos al muelle a ver si alguno se dejaba ver por ahí… ¡y tuvimos suerte! Un grupo de 5 leones marinos nadaban por esas fresquitas aguas buscando algún resto de pescado que se les cayera a los pescadores y pudieran llevarse ellos a la boca.

Pero sin duda, la parte más espectacular de toda esta península es el Parque del Cabo de Buena Esperanza. En un primer momento, este punto, el más austral del continente africano, fue bautizado por Bartolomé Diaz en 1488 como cabo de las Tormentas, por la peligrosidad de la zona al ser navegada (ya os lo contamos en nuestro post de la ruta jardín cuando visitamos el cabo Agujas). Sin embargo, pronto fue cambiado por el rey Juan II de Portugal por Cabo de Buena Esperanza, ya que estaba convencido que esta era la puerta de entrada a la ruta de las Indias.
Como os imaginareis, un sitio así, en el que en sus aguas han naufragado multitud de barcos, no deja de estar rodeado de leyendas e historias de los antiguos navegantes. La más conocida por todos es la del Holandés Errante. Cuenta la leyenda que hoy en día todavía navega por estas costas este misterioso barco, tripulado por fantasmas condenados a permanecer atrapados en las corrientes del cabo durante la eternidad, debido al pacto suscrito por su capitán, el neerlandés Willem Van Der Decken en el siglo XVII. Según una versión de la historia, el velero navegaba por estas aguas cuando fueron sorprendidos por una violenta tormenta. La tripulación quiso virar y regresar a aguas tranquilas pero su capitán se negó y retó al mismísimo Dios a que hundiera su barco. La tempestad empeoró, pero Van Der Decken no cambió su rumbo y juró que doblaría el cabo aunque tardase hasta el día del Juicio Final. Otros, dicen que Van Der Decken imploró poder surcar los mares sin que le afectaran nunca más las inclemencias del tiempo. Sea como fuere, este navegante y su tripulación fueron castigados a navegar sin rumbo y sin posibilidad de volver a puerto por los siglos de los siglos.
Hoy en día, en estas aguas azules cristalinas hay contabilizados los restos de hasta 21 pecios. Los más antiguos pertenecen a la goleta francesa La Rozzete de 1786 y, los más recientes, franceses también, son de una gabarra que en 1994 encalló junto con la gran grúa que transportaba.

