Entramos en Etosha sobre las 12 de la mañana, tras recorrer los 300km que nos separaban desde Gobabis. Nuestro plan es pasar 4 días aquí, acampando dentro del parque en diferentes zonas.

Tras unos cuantos días de safari que llevamos en nuestras espaldas, haber tenido a los mejores profes del universo (Martin, Keen, Mark, Fred) y nuestra experiencia de safari solos en Kruger, se puede decir que venimos con muuuuchas ganas a Etosha, pero, sobre, todo nos atrae el hecho de la “facilidad” de ver animales esperando delante de una charca. 

Como os podéis imaginar, Namibia no es un sitio en el que sobre agua por todos lados y Etosha no es una excepción. Este parque es conocido por que es de los pocos sitios en donde puedes, literalmente, sentarte a esperar a que los animales vengan a ti, en vez de tener que pasar horas buscándolos. Hay diversas charcas a lo largo de todo el parque y, algunas de ellas, tienen colocadas una especie de “gradas” o “bancos” alrededor, en los que te puedes sentar a esperar a los animales que acuden sedientos y calurosos a la charca, con ganas de beber agua o darse un chapuzón. Por lo tanto, nuestro plan para estos días de safari es sentarnos delante de una charca, cervecita en mano, y disfrutar de lo que se vaya poniendo por delante. 

Las dos primeras noches las pasamos en el camping de Okakuejo. Cuando llegamos, nos recuerda bastante a los campamentos de Kruger. Dentro de éste, hay piscina, gasolinera, restaurante, supermercado y una zona de acampada bastante grande y decente. 

Lo primero que hacemos al llegar es ir directos a la charca que hay delante del campamento. La primera sorpresa es mayúscula: una manada de elefantes bebiendo y jugando con el agua (tiene buena pinta Etosha). 

Aunque la realidad es que cuesta separarse de la charca, ya que no paran de venir animales como ñus, cebras, impalas y jirafas, nos ponemos en marcha para hacer un primer game drive durante el atardecer y ver cómo es la zona, para mañana prontito salir a buscar animales. 

Y como no, en el idilio que hemos tenido durante todo África con nuestros amigos felinos, una manada de leonas con sus crías nos regala una bonita puesta de sol.

De vuelta ya al camping, volvemos rápidamente a la charca ya que hemos leído que a esta hora y a lo largo de toda la noche, sigue siendo bastante sencillo ver animales. Asique, cena de bocata en mano, nos sentamos a esperar, en plena noche ya, que aparezcan animales por ahí.

Después de 6 horas sentados en la charca (bueno, Scheherezade es la que se queda hasta la 01 de la madrugada, Carlos a las 11 se va a la cama), puedo decir que ha sido una de las noches más mágicas que he vivido.

De 8 a 10 de la noche, la charca está llena de gente que se acerca a ver que se cuece por ahí antes de irse a dormir. Sin embargo, a partir de las 11, cuando ya casi todo el mundo se ha ido a la cama y quedamos ahí solo los 3 locos de los animales, las cosas cambian totalmente. Y si no, imaginaros estar, a escasos 5 metros de distancia, solo vosotros y 3 rinocerontes negros. Sin palabras.

 Después de lo vivido, como os imaginareis, la charca se convirtió en nuestro lugar favorito del mundo. Aunque seguimos saliendo con el coche a hacer algún game drive y buscar animales, no nos lo tomábamos con tanta presión ya que sabíamos que la noche iba a volver a ser mágica. 

Después de exprimir la charca del camping de Okakuejo y ver en ella leones, hienas, wild dogs, rinocerontes, elefantes, jirafas… decidimos probar otra a la que también le teníamos muchas ganas: Halali.

Para llegar hasta esta zona del parque, situada a 2 horas en coche aproximadamente hacia el este, pasamos por la laguna central que tiene el Parque. O bueno, lo que en su día fue la laguna central. Hoy es un enorme salar blanco, llano hasta donde alcanza el horizonte, en el que de vez en cuando vemos algún ñu perdido que creemos que va a morir deshidratado antes de conseguir cruzar.

Halali es un camping un poquitín más viejito que Okakuejo pero, a su favor, tiene su charca, la cual es mucho mucho más “familiar” e íntima. Es verdad que la charca es más pequeña, pero, mientras que Okakuejo parece un escenario donde por el que los animales van pasando, Halali es pequeñita y es en la propia piedra de la montaña que rodea la charca, en la que te puedes sentar a contemplar esta maravilla.

Los dos días que tenemos aquí por delante los pasamos la mayor parte en esta charca, a la sombra que dan los árboles. Las noches, otra vez, mágicas.

Durante la primera noche, cuando se está poniendo el sol, aparece una mamá rino con su cría. Se acercan poco a poco a la charca y la mama se pone a beber agua mientras el pequeño se remoja en el agua. El susto viene cuando, escasos 10 minutos después, con el sol ya puesto, empiezan a aparecer hienas. Hasta 10. ¡Qué miedo! Menos mal que al final quedó todo en un susto y las hienas se fueron por donde vinieron.

Durante la segunda noche, llegó a haber hasta 16 rinocerontes negros, entre adultos y crías, ¡en la charca a la vez! Con lo que nos había costado hasta ahora, en los otros parques, ver animales, estamos disfrutando como niños de estos animales. Además, tuvimos un momento muy chulo cuando, ya entrada la noche y con poquitas personas y animales, una de las crías se acercó a su madre y se puso a mamar.

Finalmente, después de 5 días disfrutando de este parque, toca decir adiós. La experiencia ha sido increíble, el parque nos ha encantado… poder ver a animales durante horas, haciendo su vida normal, bañándose en las charcas o jugando, sin que ellos se den cuenta o cambien su actitud porque tú estes ahí la verdad es que ha sido muy muy especial. Por no hablar de las noches… ojalá hubiesen tenido más horas.