Nuestra primera parada en el camino hacia el desierto de Namib es el pueblo de Solitaire.

Como su propio nombre en francés indica, este pueblo es un oasis en mitad del desierto, en mitad de la nada. Rodeado por arena, está lleno de antiguos coches que, no sabemos si en su día se quedaron ahí tirados o los han puesto posteriormente para darle más aire de “aquí se acaba el mundo” a este sitio.

También cuenta con una gasolinera, donde es muy aconsejable repostar antes de seguir tu camino hacia el sur y, su gran estrella, ¡una famosa tarta de manzana!
La probamos y, aunque llevaba un poquito de canela, ¡nos encantó! Además, un chute de azúcar nunca viene mal para continuar con los kilómetros que nos quedan por delante.
Llegamos a Sesriem, puerta de entrada al desierto de Namib. Este pequeño pueblecito solo cuenta con una serie de lodges, campings y un par de gasolineras donde poder repostar. De todos estos alojamientos, solo un par de ellos (uno de lujo y un camping) se encuentran dentro del parque, con lo que ello conlleva: precio más caro pero, a la mañana siguiente, desde una hora antes del orto y hasta una hora después de que se ponga el sol, puedes disfrutar tú solo de las dunas. Es por ello que decidimos pasar una noche dentro, en el Sesriem Camp Site. La segunda noche la pasaremos en el camping que, aunque está enfrente, está fuera de la puerta de entrada al parque: Sossus Oasis Campsite.
Como nos queda toda la tarde por delante, decidimos ir a visitar en primer lugar el cañón de Sesriem. Este pequeño cañón mide de 3 km de largo y 30 metros de profundidad y es posible bajar hasta su parte inferior y pasearlo de arriba abajo. Tenemos la suerte de que no hace mucho calor y nos dedicamos una horita a pasear por él.

Tras visitar el cañón, nos dirigimos rápidamente hacia la duna Elim, cuya orientación la hace la más idónea para ver la puesta de sol. Nuestro plan es ver el atardecer en el punto mas alto de esta duna. Llegamos 1 hora antes del ocaso y, dado que tenemos tiempo, nos ponemos a subir… tras 30 minutitos de subida, la idea ya no nos parece tan brillante… Sobre todo porque, cada vez que parece que hemos llegado a la cima de la duna, hay un poquito mas que subir. Pero gracias a la cabeza dura de Scheherezade, no decaemos y seguimos palante. Objetivo conseguido.
Tras esto, la bajada y posterior cervecita sabe a gloria. Cenamos prontito y a la cama porque al dia siguiente viene el plato fuerte.

Amanecemos a las 05:00 hrs, recogemo todo y a las 05:30hrs estamos listos en la puerta para recorer los 45 km que hay entre la entrada del parque y la duna 45. Cuando llegamos sólo hay un coche antes que nosotros. En esta duna, al contrario que en la de ayer, se puede ver perfectamente la cresta de la duna y su parte mas alta ( por lo que no hay juego psicologico). Nos ponemos a subir y, tras una buena pateada, algún que otro parón por necesidad de nuestros corazones y pulmones y para mirar a los alrededores disfrutando de las vistas… LLEGAMOS.
Es increible. Dificíl de describir y seguramente lo mas bonito que hemos visto en Namibia. Sencillamente mágico.

Despues de disfrutar del amanecer durante 1 horita, en una paz y tranquilidad difíciles de describir, decidimos empezar a bajar y ponernos en marcha hacia nuestro siguiente objetivo hoy: Deadvlei. Seguramente una de las estampas mas conocidas de toda Namibia.
Recorremos los 15 km en coche que nos quedan hasta llegar al parking previo para acceder a Deadvlei y donde dejamos el coche. Decidimos coger el autobús lanzadera para recorrer los últimos 5 km hasta Deadvlei ya que, aunque se puede recorrer en 4×4, ya nos hemos quedado alguna que otra vez atascados en la arena y preferimos disfrutar de una mañana tranquilita.

El trayecto en el bus es espectacular y nos deja bastante tranquilos… ( seguramente nos habriamos quedado atascados jejejeje). Despues de bajar del vehículo, hay un camino marcado de pivotes en la arena para no perderse. Son como 15 minutitos andando en el que uno se va imaginando como sera aquello…
Cuando llegamos, la estampa es indescriptible. Deadvlei fue un pequeño pantano, hoy, es un enorme lago seco de arcilla blanca, que contrasta con las dunas de arena naranja que lo envuelven y las acacias de color negro que, pese a todo, siguen resistiendo el paso del tiempo. Para nosotros parece como sacado de otro planeta, como si el tiempo un dia se hubiese congelado y nunca volvio a ponerse en marcha.

Además, alrdedor cuenta con algunas de las dunas más altas del planeta, como la Big Daddy, que se puede ver al fondo de esta imagen y que se eleva hasta los 325 metros, o la Big Mama que llega hasta los 370 metros! Auténticas moles gigantes de arena que te hacen sentir un ser realmente pequeñito entre tanta inmensidad.
El desierto de Namib es considerado el desierto más antiguo del mundo. Hace 65 millones de años, cuando se extinguieron los dinosaurios, este enorme valle de arena ya existía. A parte de su antigüedad, este desierto también destaca por los 80.000 km2 que ocupa, extendiéndose por toda la costa desde Angola a Sudáfrica, atravesando Namibia. De ahí que, en lengua khoekhoe, le apodaran con este nombre, cuyo significado es «enorme».

