Tras 4 días increíbles por Singapur, nuestra siguiente parada es Malasia. Estos países tienen frontera terrestre y dado que no queríamos coger otro vuelo, decidimos ir en autobús.
El autobús entre Singapur y Kuala Lumpur es muy barato y el trayecto apenas se recorre en 4 horas. Lo bueno de tomar esta decisión es que no pierdes tiempos yendo a los respectivos aeropuertos dado que ambas paradas de autobús están en el centro de las dos ciudades.
Pasar por la frontera es bastante sencillo y muy rápido. Los asientos, muyyyy cómodos:

Al llegar a Kuala Lumpur y para llegar a nuestro hotel, nos permitimos cogernos un GRAB (el símil al Uber, que en Malasia es suuuuuper barato). Ya en el taxi nos vamos quedando maravillados con Kuala Lumpur. Sus increíbles rascacielos nos dejan sin habla, y es que, pese a que hace más de 5 días que salimos de África, se nos sigue haciendo muy raro ver este tipo de ciudad tras 4 meses por el continente africano.
Por escasos 40 euros diarios, nos quedamos en el hotel The Platinium 2 Kuala Lumpur. La sorpresa es mayúscula cuando nos dirigimos a la planta 99 y nos encontramos con esta increíble piscina con vistas a las torres Petronas.

A la mañana siguiente nos ponemos prontito en marcha. Dado que el hotel está ubicado en el centro de la ciudad, nos acercamos andando hasta las Petronas.
La verdad es que teníamos muchas ganas de hacer la visita de las Petronas, en parte por culpa de Elsa, que nos dio una infancia muy pesada con la película La Trampa (si no habéis visto la peli, apuntárosla). Tuvimos bastante suerte en cuanto a cantidad de gente y la verdad es que la subida merece la pena. Dejo dos fotitos para que os hagáis una idea:



Desde ahí nos fuimos andando directamente a Bukit Bintang (un imprescindible de esta ciudad) que se podría decir que es la Gran Vía de Kuala, una calle llena de tiendas, centros comerciales, restaurantes… y la verdad es que esta calle nos llamó muchísimo la atención. Aprovechamos para hacer alguna que otra compra y reponer alguna cosa que habíamos perdido durante los últimos meses.
Después de comer (comer por Malasia es especialmente barato, cualquier plato típico cuesta alrededor de 2-3 euros), nos cogimos un Uber y nos fuimos a la zona de Jalan Petalin, el Chinatown de Kuala. Allí visitamos el templo taoísta Sin Sze Si Ya y el templo hinduista de Sri Maha Mariamman.
Posteriormente, de camino a la plaza Merdeka, no pudimos evitar entrar en el mercado central, lleno de ropita y artesanía barata (no sabéis la de veces que Scheherezade ha odiado solo llevar una mochila…).
Ya en la plaza Merdeka pudimos valorar la importancia histórica de este enclave, ya que fue aquí donde se izó la bandera de Malasia el 31 de agosto de 1957 cuando este país alcanzó la independencia del Reino Unido. En esta plaza se encuentra el Sultán Abdul Samad, el complejo Royal Selangor Club, el Museo Nacional de Historia y la Oficina de Turismo central. También en las inmediaciones se encuentra la mezquita Jamek Sultan Abdul Samad.

Para acabar la noche, nos metimos en el meollo de Chinatown y nos tomamos unos noodles y una cervecita que la verdad es que nos super a gloria bendita.

A la mañana siguiente el plan estaba clarísimo. Las Batu Caves: un santuario hindú ubicado a 13 kilómetros de Kuala Lumpur. Sus escaleras coloridas, la estatua de 43 metros de altura, los monitos y los templos construidos dentro de las cuevas hacen que sea una visita indispensable. Pese a que se puede llegar en transporte público, debido a que no queríamos perder mucho tiempo yendo y viniendo y aprovechar un poco más la mañana, cogimos nuevamente un Grab y nos plantamos allí en apenas 25 minutos.


En las cercanías hay pequeños establecimientos para comprar fruta y beber algo de agua, dado que el calor y las dichosas escaleras nos dejaron “con una flojera” muy gorda.
Desde ahí decidimos ir directos a la Mezquita nacional de Malasia. Esta enorme mezquita, construida en 1963, pocos años después de que el país lograse su independencia, puede albergar hasta a 15000 personas. La verdad es que la mezquita nos llamó mucho la atención, debido quizá a sus toques modernistas, con su techo en forma de paraguas para resguardar, debajo de él, a todos sus creyentes. Allí tuvimos la suerte de que nos diesen una pequeñita charla sobre su construcción y el significado de cada una de sus partes.

Tras una visita, breve pero intensa, a la ciudad de Kuala Lumpur, nos ponemos en marcha para visitar otra de las joyas de este país: la ciudad de George Town en Penang.
