Después de este primer contacto con Asia, llega el momento de saltar a un país al que le tenemos muchas muchas ganas y del que queremos disfrutar mucho tiempo: Indonesia.
Al solicitar el visado, vemos que, para turismo, el visado que existe te permite una estancia únicamente de 30 días, prorrogable otros 30 si así lo solicitas. Nada más. Por lo que, en principio, intentaremos ajustarnos a estos dos meses que nos dan las autoridades indonesias. Si no, nos tocará entrar y volver a salir del país… ¡quién sabe!
Indonesia es un país compuesto por más de 17.000 islas, cuya peculiaridad es lo totalmente diferentes que son entre ellas. Un claro ejemplo son 3 de sus islas más conocidas: mientras que Java es la que aloja la capital y la que cuenta con unas infraestructuras más avanzadas; Bali es indiscutiblemente hinduista y el paraíso del turismo y Sumatra es puramente musulmana y la menos desarrollada.

Nosotros, para empezar, nos decidimos a visitar la capital, Yakarta. Aunque hemos leído que no tiene mucho que ver, es una puerta de entrada fácil a este país y, por darle una oportunidad de un par de días, no perdemos nada.
Nada más aterrizar con el avión, somos conscientes de dónde nos hemos metido. Esta ciudad acoge hasta 30 millones de habitantes en su área metropolitana y, para empezar, su circulación por la ciudad está reducida a vehículos con matrículas impares o pares. Cuando por fin conseguimos uno que, si tiene autorizada la entrada, nos metemos de lleno en la ciudad y su tráfico. Un caos. Un auténtico caos. Y eso que está limitado a la mitad… no me puedo imaginar cómo tiene que ser si no.
Nos quedamos en Darán Express Jaksa Jakarta, un pequeño hotel que está bastante céntrico y que alrededor tiene mercados callejeros para comer y algún supermercado para comprar cualquier cosa.
Salimos a cenar un arroz con pollo (Carlos está feliz) que nos han recomendado y la verdad es que está realmente rico, ¡aunque no veas como pica!!!
Nos levantamos pronto y, tras desayunar (aquí se desayuna también arroz y noodles, no sé cómo no acaban hartos), nos ponemos en marcha a visitar la ciudad
Empezamos por el MONAS, el Monumento de la Independencia de Indonesia que se encuentra en la plaza Merdeka. Este enorme pirulí fue erguido en el 1945, cuando Indonesia, tras la 2 Guerra Mundial, consiguió la independencia, con ayuda de Japón, de los holandeses.
Recorremos el parque y continuamos hacia la Gran Mezquita. Este templo es de gran importancia ya que, teniendo en cuenta que Indonesia es el país en el que más musulmanes viven (unos 240 millones) y siendo esta la mezquita de su capital, se considera el templo al que más musulmanes acuden. Y la realidad es que, cuando nosotros llegamos, justo un viernes a medio día que es cuando todos los varones musulmanes están obligados a ir a la mezquita, la zona está hasta arriba de gente, ¡puede acoger hasta 120 mil fieles!
A nosotros, por tratarse de un momento de rezo crucial para ellos, no nos permiten la entrada, pero eso no nos impide admirarla desde fuera.

De aquí, cruzamos la calle, y literalmente enfrente nos encontramos con la Catedral de Yakarta, un enorme edificio del siglo XX al que acuden los católicos de la ciudad y que justo hoy está de celebración ¡Una joven pareja se casa! Nos quedamos hasta que vemos a la novia, por supuesto, y ya nos escapamos para dejarles celebrar su momento en la intimidad sin cotillas como nosotros.
Una vez más, nos acercamos al barrio de China Town para buscar dónde comer. Nos hemos dado cuenta de que en estos barrios siempre hay mercados de comida callejera muy muy rica.
A un paso está el barrio Kota TUA, el cual se considera el casco antiguo de Yakarta y se encuentra lleno de edificios coloniales, acogiendo importantes instituciones como el museo de historia de Yakarta y la animada plaza de Fatahillah. Además, como curiosidad de esta zona, son los canales que tiene, los cuales recuerdan a Holanda. Y es que, cuando está zona estuvo ocupada por los holandeses, estos pretendieron construir aquí una pequeña Amsterdam, con sus canales y bicicletas.

Aunque ya lo habíamos leído anteriormente, no podemos no sorprendernos cuando un grupo de mujeres se nos acerca y nos pide, muy amable y sonrientemente, una foto. Resulta que, como en otras zonas de Asia, les gusta tener un recuerdo y enseñarles a sus amigos las fotos de “aquel día que se cruzaron con unos occidentales”.
Por supuesto nos sacamos todas las fotos que nos piden, ¡¡nunca nos habíamos sentido tan famosos!! Jejejeje y con ellas, acabamos nuestro día en la capital del país.

Hoy a primera hora nos dirigimos a la estación de tren de Yakarta. Vamos a coger un tren que nos lleve hasta Yogyakarta, ciudad al este de la isla de Java y famosa por sus templos, sus universidades y por ser la única que aún conserva un sultán al frente de ella.
El tren nos deja en Yogya en 6 horas y, mientras tanto, disfrutamos del paisaje de la isla: grandes campos verdes de arrozales. En Yogya nos quedamos en el Aloha Hotel, regentado ni más ni menos que por un francés-argelino, hoy en día ya indonesio, nacido y criado en Mojácar. ¡Que pequeño que es este mundo!
Nos damos una vuelta por la noche, ya que es sábado y todo el mundo mos dice que va a estar muy animado. ¡Y así es! Llegamos hasta la plaza Alun Alun Kidul y está llena de gente, amigos, familias, sentados en el césped, comiendo y bebiendo algo mientras disfrutan de esta hora del día en la que ya no hace un calor agobiante.
Esta plaza es muy conocida en Yogya por dos tradiciones: la primera, es sobre los dos arboles centenarios que se encuentran en el centro de ella. Y es que, la leyenda dice que, si te vendas los ojos y consigues cruzar entre ellos sin desviarte, serás afortunado en el amor. La segunda tradición consiste en alquilar uno de los “coches” adornados con millones de luces de colores que hay y rodear la plaza. Y digo “coches” porque la mayoría son sólo las carcasas de estos coches, colocadas sobre una bicicleta, y que el pobre ciclista tiene que hacer avanzar contigo detrás.

El despertador suena pronto, muy muy pronto. ¡Hoy vamos a visitar los templos de Borobudur y Prambanan! En el mismo hotel, a la llegada, contratamos esta visita, ya que hacerla por nuestra cuenta es un poco más difícil y cara, al tener que alquilar coche para poder llegar hasta ellos.
A las 5 de la mañana estamos ya en lo alto de una colina, enfrente de Borobudur, para ver desde aquí amanecer sobre el templo. Todo lo de alrededor son montañas y selva por lo que, ver como el sol va saliendo, se va filtrando entre los árboles y las palmeras, y su calor va apartando la niebla, es mágico.
Ahora toca visitar el templo por dentro, y éste no defrauda. Borobudur es, en la actualidad, el templo budista más grande del mundo. Fue construido entre el 780 y el 830 d.C. en plena selva y alado del volcán Morapi. Posteriormente, fue abandonado lo que, sumado a las diversas erupciones del Morapi, hizo que quedara oculto en la selva.
En el año 1814 lo encontraron de nuevo y, con el gobierno de Indonesia al frente, decidieron restaurarlo, reconstruir todo lo que había sido derruido y abrirlo de nuevo al culto y a la cultura.
El templo cuenta con un total de 9 plataformas y 504 estatuas de Buda. Los primeros niveles, con forma cuadrada, representan la tierra. Los tres últimos, con forma circular, hacen referencia al cielo. En estas es donde se encuentran las 72 estupas con la figura de Buda en su interior. En el centro de todo, lo más alto del templo, se encuentra la gran estupa. Si lo viésemos desde el cielo, el templo de Borobudur tiene forma de Mandala.

Una vez al año este templo acoge peregrinos budistas de todo el mundo. En su peregrinaje, los creyentes deben ir subiendo cada una de las plataformas, rodeándolas completamente en el sentido de las agujas del reloj. Finalmente, consiguen llegar a la parte más alta, lo que representa el Nirvana, y purificarse totalmente.
Tras recorrerlo hasta arriba, andar entre las estupas y contemplar las vistas al volcán desde aquí, podemos decir que Borobudur es un templo que, ya sea por la ubicación, por la historia o lo que sea, tiene un algo que lo hace especial.

Otro templo importante de Indonesia, en esta ocasión perteneciente a la religión hinduista, es el templo de Prambanan.
También conocido como el Santuario de los Mil Templos, Prambanan es un conjunto de más de 200 templos construidos en el año 850 d.C.

Éste, al igual que Borobudur, también fue abandonado cuando los reyes hinduistas de trasladaron al oeste de la isla de Java y, poco a poco, fue cayendo en el olvido, sucumbido a su vez por varios terremotos.
En el año 1733 fue redescubierto, pero, debido al gran esfuerzo económico que suponía, no pudo comenzar a ser restaurado hasta que la UNESCO entró en juego y fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Aunque todavía quedan muchas piedras que colocar, no nos cabe la menor duda que Prambanan tuvo que ser una auténtica belleza. Imaginarse todos los templos de diferentes tamaños que tuvo que haber en su día (más de 200) nos deja entrever, aunque sea muy ligeramente, la grandiosidad de este templo.

El día que nos queda lo aprovechamos para visitar la ciudad, recorrer sus calles y, sobre todo, disfrutar de su gente. Andamos la famosa calle Maliboro de norte a sur, entrando en sus mercados y tiendas. Nos sacamos fotos con todo el mundo que nos las pide y, por supuesto, nos quedamos alguna nosotros también para el recuerdo.

De aquí saltaremos a Bali para, desde ahí, dirigirnos al que será el descanso del guerrero, más que merecido: Nusa Lembongan.
