¿Qué paraíso es este?
¡Por fin hemos llegado a Nusa Lembongan!
Cuando imaginábamos cómo sería nuestra excedencia, siempre nos veíamos en una isla recóndita del mundo, viviendo en una casita de madera enfrente de la playa, donde pudiéramos bucear, hacer surf o tirarnos en la arena sin nada por delante. Y lo que creemos que será algo parecido, ¡ha llegado ya!

Nusa Lembongan es una pequeña isla situada enfrente de la costa Sureste de Bali. El archipiélago conocido como “Las Nusas” lo conforma esta isla junto con Nusa Ceningan (a la que está unida por un puente) y Nusa Penida, la más famosa y grande de las 3.
Llegamos hasta ella en ferry desde la costa este de Bali; tardamos únicamente media hora escasa. Nada más que ponemos aquí el pie, nos damos cuenta de que es lo que buscamos: tiene algún que otro bar en la playa, algún supermercado, pero, sobre todo, mucha gente local y no demasiado turista.
En la isla circulan solo motos (eso sí, un millón de ellas), barcas y una especie de camionetas, con la parte de atrás abiertas, que hacen las funciones de autobús.
Nuestro hogar para estas dos semanas será el Putra 7 Cottage, un conjunto de 10 bungalow de madera alrededor de una piscina, en segunda línea de playa. Y que tiene estas increíbles vistas.
Los primeros días en la isla son muy tranquilitos. Nos dedicamos a pasearla, a conocer las diferentes playas que tiene, cuáles son los restaurantes que más nos gustan o dónde se ven mejor las puestas de sol. Descubrimos algún sitio como SECRET POINT BEACH BAR ¡que nos encanta! Es un restaurante, en lo alto de un pequeño acantilado, en el que justo enfrente sale una ola muy chula a la que van algunos surfistas y que tiene acceso directo al agua, bien por unas escaleritas o bien saltando desde arriba. Además, desde él, se ve perfecta la puesta de sol.
También conocemos un par de restaurantes a los que nos hacemos ya fijos para comer y cenar. En el caso del warung Bu Edy, donde vamos todos los días a comernos unos Mie Goreng (noodles fritos con verduras, pollo y huevo frito) o Nasi Goreng (lo mismo, pero con arroz) ¡porque la mujer los hace super ricos!
El sitio indiscutible de la cena es un restaurante local en el que todas las noches hacen a la brasa los peces que han pescado durante el día. Además, al hacerlos, le añaden una especie de salsa de tomate un poco picante que está para chuparse los dedos. ¡Y todo por menos de 10 euros!

Carlos aprovecha estos días para intentar sacar algún baño de surf en las olas que salen enfrente de la costa de Nusa Lembongan: Playgrounds, Laceration o Ship Wreck.
Y, mientras tanto, yo me saco el curso Advanced de buceo. Con este curso, ya podemos bajar a 30 metros los dos por lo que, esperemos que en Filipinas podamos ver alguno de los pecios que allí hay.
Aprovechando las inmersiones que hay que hacer en el curso, Carlos se apunta una mañana a venir y bucear. Ese día vamos a Manta Point y no podemos tener más suerte. Nos sumergimos a 20 metros y, cuando apenas llevamos 5 minutos aleteando, a lo lejos, la silueta de una manta raya enorme se deja ver en la lejanía. Nos quedamos parados; ella, poco a poco, con su aleteo lento y estiloso, va llegando hasta donde estamos nosotros. Pasa por nuestro lado, como si ni siquiera hubiese reparado en que estamos allí, y sigue su camino sin inmutarse.
Nosotros seguimos con la boca abierta cuando, otra manta raya, se acerca de nuevo hasta dónde estamos y hace un giro a nuestra altura. Además, esta viene con las dos “aletas” que tiene en la cabeza desenrolladas, lo que se asemeja a dos cuernos laterales entre los cuales una enorme boca se abre, engullendo toda el agua que puede. En los siguientes minutos siguen apareciendo mantas, una de ellas negra, otra de ellas embarazada y, cada una de ellas, con sus manchas en la tripa que hace que se diferencien unas de otras.
Nos quedamos sin palabras. Vistas debajo del agua, son animales preciosos, muy grandes, muy lentos en sus movimientos y, a la vez, muy majestuosos y elegantes. Nos alucina.

Pero es que, además, ¡el mundo submarino de Indonesia tiene mucho más que ofrecernos!
Aparte de un coral lleno de colores diferentes, vemos también alguna serpiente acuática, alguna tortuga que otra dándole unos buenos mordiscos al coral, un tiburón de arrecife, un pez león… ¡¡¡¡¡¡¡ y ni más ni menos que un mola mola!!!!!!!
El pez luna, o como aquí lo llaman mola mola, es el pez óseo más pesado del mundo, pudiendo alcanzar las 2 toneladas y hasta 3 metros de largo.
Aunque suele habitar más en las profundidades, a lo mejor a partir de los 40 metros, lo pudimos ver a unos 30 metros y la verdad es que parece un auténtico platillo volante extraterrestre que se dirige lentamente hacia ti. Es una pasada.

Otro de los días lo aprovechamos para visitar a su hermana mayor, la isla de Nusa Penida. Ambas islas están comunicadas por un servicio de ferry público en el que en 15 minutos y por apenas 3€ llegas a la isla vecina.

Nusa Penida, aparte de ser la isla más grande de las 3, también es la más poblada y la que más turistas acoge. Aun así, merece mucho la pena visitarla y conocer sus bonitas playas.
Nosotros, una vez que llegamos al pueblo, alquilamos una moto en el puerto y, con Google Maps en mano, fuimos visitando algunos de los sitios que habíamos visto que más nos llamaban la atención.
La primera parada fue en Kelingking Beach, con la que puede que sea una de las vistas más fotografiadas de la isla.
Para acceder a la playa desde el acantilado hay un bonito paseo en el que es mejor usar zapatilla cerrada. Eso sí, todo lo que baja, sube; asique después del bañito refrescante ¡toca subir de nuevo hasta lo alto del acantilado!
La siguiente parada en nuestra ruta es Tembeling Beach and Forest. Aunque este rinconcito no aparece en muchas guías ni blogs, nos decidimos a visitarlo porque lo vemos un sitio muy especial y a lo mejor algo más apartado de todo el turismo que nos hemos encontrado en la anterior playa.
Para llegar hasta él, el camino con la moto no es fácil, ¡pero ya estamos hechos unos expertos riders! jejeje Tanto es así que, antes del tramo final, hay un pequeño parking en el que puedes pagar a gente local que está allí esperando con sus motos para que te lleven los últimos kilómetros. Nosotros nos decidimos a hacerlo y hemos de decir que, en realidad, yendo poco a poco y con cuidado, creemos que es bastante asequible.
La bajada desde el aparcamiento hasta la playa es curiosa también pero muy diferente a la anterior. Aquí vas en todo momento sumergido en un bosque tropical de altos árboles que te dan sombra. Además, a medio camino, hay un mini templo budista alado de una piscina natural y ya, a escasos metros de distancia, se deja ver la playa y la piscina natural que se encuentra más cerca de ésta.
El sitio es muy tranquilo, se respira paz en él y, aunque el mar está bravo y no nos bañamos, la piscina tiene un agua totalmente transparente en la que nos sumergimos un rato para quitarnos todo el calor de la bajada.

Hasta ahora hemos conocido la parte sur oeste de la isla. Ahora nos dirigimos hacia el este que, aunque está a pocos kilómetros de distancia, nos lleva más de una hora llegar hasta nuestro siguiente destino: Diamond Beach y Atuh Beach.
Estas playas se encuentran seguidas una de otra, separadas solo por una de las enormes paredes del acantilado en el que se encuentran. Las vistas desde aquí arriba son para quitar el hipo.
Para llegar hasta ellas, como en el caso de Kelingking Beach, hay unos cuantos escalones que te llevan desde lo alto del acantilado hasta la playa. Esta vez, creemos que no apto para todos los públicos, ya que en algunos tramos tienes que bajar por una pared algo vertical agarrado únicamente con tus manos a una cuerda. Eso sí, llegar hasta abajo y poder disfrutar de esta playa en casi soledad, no tiene precio.

De vuelta al puerto para coger el ferry de regreso, nos cruzamos con una celebración que se está llevando a cabo en un templo budista. Mujeres y hombres, ataviados con sus mejores galas, se dirigen andando desde el pueblo hasta la entrada del templo llenos de ofrendas para sus dioses. Intentamos entrar, pero, muy educadamente y como es lógico, nos dicen que justo hoy, al ser un día especial para ellos, tenemos que conformarnos con verlo desde fuera.

Y así, entre surf, buceo, comida y alguna que otra visita a las islas cercanas, acaba nuestra estancia en esta isla que tanto nos ha gustado y en la que nos hemos sentido casi como en casa.
