Llegamos a la isla de los dioses, Bali. Y es que esta isla es así conocida no tanto por la magia de sus paisajes, que parecen sacados de fábula, si no por la cantidad de templos milenarios que esconde en su interior, casi uno por cada habitante que lo puebla.

Indonesia está formada por más de 17.000 islas volcánicas en las que coexisten cerca de 300 etnias, 6 religiones oficiales y en él se hablan más de 700 idiomas y dialectos diferentes. Dentro de esta gran diversidad es fácil entender que, aunque exista un gran sentimiento de nación, ello convive con la fuerte identidad regional de cada pueblo.

Así, los balineses son gente que, orgullosos de pertenecer a Indonesia, tienen unas tradiciones, un idioma y una religión propias, que les hacen sentirse únicos. Y no les falta razón. Mientras que el 90% de la población de Indonesia es musulmana (es el país con más musulmanes del MUNDO), el día a día de los balineses está fuertemente marcado por su religión: el hinduismo con algunos matices. 

Nuestra primera parada en esta isla es en su centro, en Ubud. Por lo que hemos leído en las guías, esta zona es algo menos turística que la parte sur y mucho más verde, frondosa y con templos.

¡Como base de operaciones utilizamos el Teba Junjungan Cottages y no podemos hacer otra cosa mas que recomendarlo! Su ubicación es muy buena, a 5 minutos del centro de Ubud en moto, pero alejado lo suficiente para no sufrir el bullicio del centro de la ciudad. Además, la habitación es muy amplia, tiene aire acondicionado, piscina y un desayuno riquísimo todas las mañanas.

Nuestro primer día en Ubud lo dedicamos para visitar unos arrozales en el noroeste que nos han recomendado: Jatiluwih. Estos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012.

Las terrazas de arroz ocupan más de 600 hectáreas en la ladera de la cordillera de Batukaru por lo que las vistas, totalmente verdes, con palmeras integradas en el paisaje y rodeados además de montañas son impresionantes.

Aparcamos la moto y nos ponemos a andar por los arrozales, viendo como los campesinos, con sus gorros picudos tradicionales, trabajan cortando con la hoz malas hierbas y recogiendo las buenas para secarlas.

En nuestro camino, a lo lejos, vemos lo que nos parecen unas estatuarias de dioses, muy comunes aquí en Bali. Pero nuestra sorpresa cuando nos acercamos es que esta vez, estas esculturas están hechas de paja! Figuras de más de 3 metros, con todo lujo de detalles y hechas a mano!

Siguiendo hacia el norte llegamos hasta el lago Beratan, el cual le da el nombre al templo hinduista que se alza en sus orillas. 

Este templo flotante fue construido en el año 1663 y es muy venerado en la zona por todos los campesinos que trabajan la tierra, ya que de este lago mana el agua que da vida a sus arrozales.

El templo es de estampa totalmente, sobre el lago y a los pies de la alta montaña Beratan.

Además, hay muchos colegios de niños visitando el templo, vestidos con sus bonitas y brillantes ropas tradicionales y con los que, por supuesto, nos acercamos a hablar un poco y sacarnos una foto para el recuerdo.

La última parada del día es en las cascadas de Banyumala, dos cascadas “gemelas” en las que nos pegamos un buen chapuzón para relajarnos después de todo el día de visita!

El segundo día nos levantamos muy pronto, nos han dicho que es la única forma de poder visitar la cascada de Kanto Lampoo sin gente. 

A las 7 y poco estamos aparcando la moto en el parking y solo vemos otra moto aparcada… hemos tenido suerte! Cuando bajamos, efectivamente sólo hay una pareja con su guía y nosotros. Sin embargo, lo que pensamos que va a ser cuestión de esperar un par de minutos para poder sacarnos una foto chula y disfrutar después de la cascada, termina siendo una espera de ni más ni menos que 15 minutos!!! Si, lo he dicho bien, 15 minutos en los que la pareja que hay se saca fotos de todas las formas posibles que les indica el guía mientras el se dedica a grabarles y fotografiarlos desde diferentes ángulos y haciendo movimientos con la cámara… vamos, una perdida del norte en toda regla!! Ni en la alfombra roja se ve esto, enfin…

Pero bueno, al final podemos sacar nuestra foto y luego nos dedicamos a remontar un poco el río para llegar hasta una zona algo más apartada, donde descubrimos un pequeño pocito más hondo donde bañarse.

Después del cansancio provocado por la espera de sesión de fotos, nos volvemos al hotel a tomarnos nuestro merecido desayuno y de ahí nos vamos al templo de Goa Gajah.

Este templo, a 5 minutos del centro de Ubud, es famoso por su Cueva del Elefante. La entrada a esta cueva es una boca enorme de lo que parece un demonio, utilizado para ahuyentar a los malos espíritus. Además, se cree que esta cueva fue cavada completamente a mano por monjes hindúes en el siglo X para utilizarla como santuario.

En el recinto en el que está el templo hay también una piscina de piedra, con 5 ángeles, donde los hindúes se lavan para purificar así su alma y unos jardines con palmeras y árboles milenarios que hacen que parezca que te estas adentrando en plena selva.

El siguiente templo que visitamos es uno que se ha convertido en uno de nuestros favoritos de Bali: Gunung Kawi.

Este templo, una hora al norte de Ubud, se encuentra en la ribera del río Pekarisang, totalmente rodeado de terrazas de arroz y está dedicado al dios del agua.

Pero lo que de verdad lo hace especial y diferente al resto es que los Candis que lo conforman han sido excavado en la piedra.

Esto Candis, que miden más de 3 metros cada uno, tienen la característica de ser un elemento poco común en la isla, actualmente se conoce la existencia de unos 15 y 11 ellos están en este complejo, pues se relacionan más con el budismo de la zona de Java. Su construcción data del principio del s. XI y se considera que el Gunung Kawi es el lugar de reposo espiritual, no enterramiento físico, de los reyes de la época.

El tercer día empieza yendo a desayunar a un sitio que otros viajeros nos han recomendado que no podemos perdernos:  el restaurante balines Taman Dedari. Si, lo mismo pensamos nosotros cuando nos lo dijeron: enserio vamos a visitar un restaurante?? Pero es que mirad si merece la pena!!!

La enorme puerta de entrada con estatuas talladas en piedra nos da ya una idea de lo que vamos a encontrar en su interior: en el centro del patio, spa enormes estatuas de ninfas llaman la atención de todo el que entre en este sitio. Sin embargo, no acaba aquí, el patio está lleno de rincones con fuentes de agua, figuras talladas en piedra y unas vistas increíbles al palmeral de Ubud.

Ahora sí, con las pilas cargadas tras un buen café, nos vamos al Bosque Sagrado de los monos (Sacred Forest Monkey Sanctuary). 

Este santuario de más de 27 hectáreas, rodeada de templos y ubicada en el centro de Ubud, es además reserva natural del macaco balines de cola larga.

En ella habitan más de 300 monos sedientos de turistas despistados a los que robarle el bocadillo, la botella de agua o cualquier cosa que lleven colgando y de la que se puedan apropiar.

Pero la verdad es que el sitio merece mucho la pena, es como adentrarte en una selva completamente verde en la que van apareciendo templos cubiertos de un musgo que les da un aire aún más misterioso. Y por supuesto ver monos y asombrarte con lo parecidos que somos a ellos es siempre muy divertido.

Para rematar nuestra última tarde en Ubud antes de dirigirnos al sur de la isla creímos que lo oportuno era darse un masajito balines y así lo hicimos! Por 5 euros cada uno tuvimos un masaje de una hora que nos dejó como nuevos! Siempre que vamos a darnos un masaje nos acordamos de lo que nos gustan y llegamos a la conclusión de que deberíamos de darnos muchos más! Jejejeje

El centro de Bali nos ha sorprendido enormemente y podemos adelantar que será lo que más nos haya gustado de Bali. Sus paisajes, su gente y su cultura son increíbles y pese a que hay mucho turismo, para nosotros, no esta tan «trastocado» por el ( excepto las cascadas claro… Instagram hace mucho daño…).