Nos despedimos en el aeropuerto prontito de mamá Elsa. Hoy sale su vuelo de regreso a España después de disfrutar de unos días increíbles juntos en Vietnam.
¡Y también sale el nuestro! Y esta vez es hacia… ¡Tailandia! La realidad es que nuestra idea era cruzar por tierra a Laos y visitar este país, pero el tema del visado “on arrival” en las fronteras terrestres no era fácil (o al menos nos costó mucho encontrar información detallada) y no queríamos quedarnos tirados por ahí. La otra opción que barajamos en su día fue cruzar entonces vía aérea, ya que las fronteras en los aeropuertos suelen ser más “ágiles” y a lo mejor estar más acostumbradas a ello, pero, aunque parezca increíble por la proximidad, el billete de avión costaba un dineral por lo que, finalmente, decidimos dar el salto a Tailandia.
Llegamos por la tarde a Chiang Mai, una ciudad relativamente grande del norte de Tailandia. Cogemos un hotel en lo que es la ciudad antigua de Chiang Mai, el Chanaplace Lanna, ya que queda súper bien ubicado para poder visitar la ciudad andando.

Esa misma tarde salimos a dar un paseo por el barrio, para ver que se cuece, ¡y en menos de 500 metros nos encontramos ya con 3 templos! Y es que, si por algo es famosa esta ciudad, es por su rica historia y la gran cantidad de templos que tiene.
Llegamos andando hasta la zona del mercado nocturno y el ambientazo que nos encontramos aquí es increíble: la calle cortada, llena de puestecitos de ropa, manualidades, bolsos, regalos, etc… y al menos 3 grandes “plazas” con puestos de comida alrededor donde poder cenar o tomar algo mientras escuchas música en directo. ¿Suena bien verdad?

Al día siguiente nos levantamos sin despertador, necesitamos descansar un poco después de la “paliza” que ha sido Vietnam. Aun así, a las 9 ya estamos en pie para desayunar y salir a caminar por la ciudad.
Toda la ciudad vieja de Chiang Mai, con forma perfectamente cuadrada, está rodeada por una muralla y un foso construidos en el s. XIII. En su interior, más de 30 templos, antiguos y nuevos, esperan a ser descubiertos por los visitantes, ¡por lo que vamos a ello!

De todos los que hemos visitado, los que más nos han llamado la atención han sido:
El templo Wat Phra Singh, uno de los más importantes de la ciudad y con 2 grandes estupas de oro. Este templo budista se cree que fue construido en el s.XIV, durante la fundación de Chiang Mai como capital

El Wat Chedi Luang, ubicado a escasos metros del anterior, y que se caracteriza por una gran estupa (en su día una de las estructuras más altas de todo Chiang Mai). Sin embargo, ésta se derrumbó en el s.XVI debido a un terremoto y solo permanece en pie una parte de lo que fue. Aun así, no deja de ser impresionante ver esta enorme construcción del s.XIV.

Después de un largo día de recorrer la ciudad y sus calles de arriba abajo, nos merecemos una buena cena, asique volvemos al mercado nocturno para tomar algo y disfrutar de su ambiente. Con esta cena tan apetecible, quien se resiste…

Esta vez sí que amanecemos prontito para aprovechar el día antes de que se ponga a llover (durante la mañana suele hacer bueno, pero por las tardes, a eso de las 4, empieza a nublarse y, cuando se pone a llover, ¡parece que se va a caer el cielo!). Alquilamos una moto y nos vamos a visitar algunos templos que se encuentran en los alrededores de la ciudad.
La primera parada es el templo de Wat Umong Suan Phutthatham o Templo del Túnel. Este templo budista fue construido en el s.XIV y lo que lo hace diferente de todos los demás es que está formado por una serie de túneles subterráneos que los monjes utilizan para meditar. Estos túneles, oscuros y fresquitos, dicen que son perfectos para relajarse y buscar un momento de tranquilidad y soledad.

Seguimos subiendo la montaña hasta llegar a Wat Phra Lat, o Monasterio en la Cima de la Montaña. Éste bonito templo es menos visitado ya que se encuentra escondido en plena montaña y se accede a él a través de un pequeño sendero. Sin embargo, la caminata merece la pena por la tranquilidad que se respira en el sitio y las vistas increíbles que se tienen desde él.

Por último, visitamos el Wat Phra That Doi Suthep, uno de los más conocidos e incluso famosos de Tailandia. Cuenta la leyenda que un elefante blanco, cargado con una reliquia de Buda, eligió el lugar donde se construiría el templo, después de subir hasta lo alto de la montaña y barritar 3 veces antes de caer rendido.
Hoy en día, después de subir 306 escalones para llegar hasta la cima, ante nuestros ojos aparece una impresionante estupa dorada, rodeada por los 4 costados de diversas imágenes budistas en oro.

El último día amanece lluvioso así que preferimos no arriesgarnos con la moto por los alrededores de nuevo y nos quedamos en la ciudad. Salimos a dar un paseo y, así es esta ciudad, ¡encontramos un nuevo templo que nos alucina! Está hecho entero de plata, tanto el exterior como toda su parte interna y el suelo. Bueno, de la parte interna sólo puede hablar Carlos porque, en este templo budista, no dejan entrar a las mujeres por considerarlas impuras y distraer a los pobres monjes de sus labores…

Es viernes 15 de septiembre y toca movernos. Aunque esta vez es cerquita, a la vecina ciudad de Chiang Rai, a solo 3 horitas en autobús.
Una vez llegamos, y aprovechando que hace un día súper bueno, salimos a pasear por la ciudad y aprovechamos para ir visitando los templos que nos encontramos en nuestro camino. El motivo de haber venido hasta aquí, y por el que la mayoría de los viajeros se sienten atraídos, es para visitar dos impresionantes templos: el Templo Blanco y el Templo Azul.

Por lo que, a la mañana siguiente, pronto pronto suena el despertador. Y es que, parece ser, que en el Templo Blanco se acumulan bastantes visitantes a media mañana, mucha gente procedente de excursiones organizadas de un día que se acercan hasta Chiang Rian solo para ver este templo. Asique, como eso de esperar grandes colas no nos hace mucha gracia, salimos a las 7 y media de nuestro hotel.
Sin embargo, la mañana no nos acompaña y mientras vamos conduciendo en moto hasta el templo (está como q un cuarto de hora de la ciudad), se pone q diluviar. Paramos en una gasolinera que mágicamente nos aparece en el arcén y una mujer tailandesa nos deja guarecernos de la lluvia en su café.
Cuando por fin escampa, nos ponemos de nuevo en marcha. Pero cuando conseguimos llegar al templo, vemos que ya hay 3 autobuses estacionados en el parking y varios coches y motos. Además, el cielo está neeeegro negro negro, por lo que no ayuda nada a ver este sitio todo lo impresionante que es.
Aun así, tenemos que decir que nos encanta y que, una vez que entramos en él y empezamos a andar por sus recónditas esquinas, nos vamos quedando con la boca abierta.

El Templo Blanco se comenzó a construir en el año 1997 y su diseñador, el artista Kositpipat, todavía sigue trabajando en él. En este conjunto, Kositpipat quiere mostrarnos su visión de lo que es el camino a la iluminación budista, con una primera parte llena de demonios y calaveras, que representan las tentaciones, pero que, si conseguimos superar y cruzar el “Puente de Méritos”, conseguiremos llegar a la pureza e iluminación espiritual.
Como característica de este templo, para dar aún más esa sensación de puro, se le suma al color blanco brillante con el que esta pintado, una enorme cantidad de fragmentos de pequeños espejos, que le dan un aspecto más resplandeciente.

Tras dos horas de mucha paciencia por parte de Carlos y muchas fotos por parte de Scheherezade (jeje) nos subimos de nuevo a la moto para ir a visitar la segunda joya de la corona: el Templo Azul
El Templo Azul, cuyo diseñador es el mismo que el del Templo Blanco, representa la sabiduría y la verdad. En él, el autor quería crear un lugar perfecto para la meditación y la reflexión espiritual.

Nada más llegar, una fuente (adivina de qué color) custodiada por dos enormes figuras nos dan la bienvenida.
Seguimos andando y entramos en el Templo Azul, donde numerosos creyentes se encuentran arrodillados rezando frente a la enorme estatua de Buda.

Tras un rato en el interior del templo, viendo las costumbres de los fieles cuando acuden a su lugar sagrado, salimos para rodearlo y verlo desde diferentes ángulos. En su parte trasera, una nueva estupa, azul y dorada, está siendo construida para ampliar más el lugar de culto.

Desde aquí nos acercamos a una cafetería. Pero no a una cualquiera: Chivit Thamma es una cafetería que ha sido abierta dentro de una increíble casa colonial. La parte de abajo y el jardín son grandes salones con mesecitos blancas a la orilla del río donde la gente puede sentarse a tomar algo o comer disfrutando del lugar.
Pero es que la planta alta del edificio conserva la biblioteca que fue en su día y está llena de recuerdos del pasado, como un antiguo teléfono, dos grandes mesas de billar, unos viejos esquís, ¡un precioso gramófono… y hasta un sable militar!

El sitio nos gusta tanto que, aprovechando que fuera se ha puesto a llover, nos sentamos en sus dos sillones rojos de piel y nos quedamos un rato ahí tranquilos disfrutando del lugar.

Una vez escampa, nos ponemos en marcha y vamos hasta el sitio en el que vamos a comer hoy: Lalitta Café.
Y es que, esta cafetería restaurante se ha hecho relativamente famosa en la zona por tener un enorme jardín, con flores de todos los colores y cuidado hasta el más mínimo detalle, que hace que te traslades a un bosque de cuento de hadas.

Después de comer, nos acercamos a la que debería de ser la última visita del día, el Wat Huay Pla Kang.
Ya a lo lejos, la estructura de 25 metros se deja ver en el horizonte a través de las montañas. Pero, aun así, aunque hemos ido viéndola a lo largo del camino y supuestamente sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, la enorme estatua nos deja alucinados una vez llegamos hasta ella.

Además, en el complejo hay también una pagoda muy colorida y otro templo de color entero blanco, con un interior impresionante.

Aprovechando que sale el sol y aún es pronto, decidimos hacer una última visita al Templo Blanco de nuevo, ya que la entrada sirve para todo el día.
Cuando llegamos, los millones de cristales que hay en su fachada nos reflejan y devuelven el brillo del sol: la estampa no puede ser más bonita. Nos quedamos embobados mirándolo.

Y tras otro ejercicio de paciencia de Carlos y otra galería de fotos llena de Scheherezade, volvemos al hotel para preparar las mochilas y cenar algo, que al día siguiente toca día largo de viaje.
Estas dos ciudades del norte de Tailandia nos han encantado. Son dos lugares dignos de conocerlos, andarlos y vivirlos, de perderte por sus calles y descubrir cada uno de los templos increíbles que esconden.
