Llegamos de noche a la ciudad nueva de Sukhothai, después de un largo día de viaje encadenando dos autobuses: uno que nos ha llevado de Chiang Rai a Chiang Mai (de unas dos horitas) y otro de Chiang Mai a Sukhothai (de 5 horas).

Salimos a cenar al mercado nocturno que tenemos cerquita del hotel en el que nos quedamos, TR Guesthouse, y una tromba de agua que inunda las calles nos hace volver corriendo a casa antes de que la cosa se ponga peor.

Nos levantamos a la mañana siguiente, alquilamos una moto y nos vamos a visitar el Parque Histórico de Sukhothai. 

El complejo histórico de Sukhothai está dividido en 5 partes diferentes: la parte central, que es la que mayor cantidad de construcciones alberga en buen estado; la parte norte y oeste, que tienen interesantes monumentos que ver; y la sur y la este que puede que sean las menos atractivas.

Nosotros llegamos directamente a la parte central. Aparcamos nuestra moto, sacamos la entrada que cuesta 100 baths (unos 3€) y empezamos a recorrer toda su extensión a pie.

La cantidad de templos, estupas y budas que nos encontramos, nos hace pensar lo inmensa que tuvo que ser esta ciudad allá por el siglo XIII

Sukhothai fue la primera capital del Reino de Tailandia que hoy conocemos, independiente por primera vez después de siglos de influencia de imperios vecinos. Su capitalización duró aproximadamente dos siglos, desde el siglo XIII al siglo XV. 

Además, durante este periodo se desarrolló un estilo arquitectónico único, exhibiendo estatuas de Buda sentado con sonrisas serenas que prevalecen hoy en día como un legado cultural de esta época.

El resto de la mañana seguimos recorriendo el parque, visitando sus diferentes áreas y andando entre todos los restos de lo que un día fue una gran ciudad.

Comemos en un restaurante cerquita y, como el color gris del cielo ya amenaza lluvia, cogemos la moto y recorremos los 12 km que nos separan de nuestra habitación… ¡antes de que sea demasiado tarde!

Y, efectivamente, es entrar por la habitación y empieza a llover como si no hubiera un mañana. (Bueno, aquí en realidad llueve todos los días así, pero es que no veas la que cae). Como la opción de salir a empaparnos no la contemplamos, nos bajamos al hall del hotel donde un futbolín nos espera…

Después de toda una tarde jugando, con ampollas en los dedos y con una sudada increíble por la tensión, dejamos la partida de futbolín en tablas (aunque bueno, Scheherezade metió el último gol a todo o nada…jejeje)

Una hora al norte de Sukhothai se encuentra otro complejo histórico digno de visitar: Si Satchanalai. Ya que el día anterior nos gustó bastante la antigua ciudad imperial de Sukhothai, hoy decidimos coger la moto y subirnos a conocer esta nueva zona.

Si Satchanalai fue fundada, al igual que su vecina Sukhothai, en el siglo XIII y se convirtió en una de las principales ciudades del Reino. Además, cobró gran importancia por su producción de cerámica, la cual se utilizaba para embellecer todos los templos de la época.

A diferencia de Sukhothai, en Si Satchanalai los diferentes templos están desperdigados en una zona mucho más amplia, por lo que nunca tienes la sensación de que haya mucha gente. Además, algunos están en lo alto de algunas montañas de alrededor, rodeados completamente de selva (y de mosquitos) y sin absolutamente nadie, por lo que la sensación cuando andas por ellos es mucho más especial, como si fueras Indiana Jones descubriendo un templo escondido en mitad de la selva.

Al igual que Sukhothai, Si Satchanalai ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su gran importancia histórica y a su conjunto de ruinas arqueológicas tan bien conservadas.

Y con ese buen sabor de boca tras 3 días conociendo esta parte de Tailandia, ponemos rumbo a otra ciudad, con una gran historia también, pero muy diferente hoy en día: Ayutthaya.

Cuando llegamos a Ayutthaya, después de un viaje en bus de 6 horas y de que, en lugar de dejarnos en una parada o estación de autobuses, el busero nos lanzó en mitad de la autopista que pasa por Ayutthaya en su camino a Bangkok, hace un calor horrible.

Nos vamos directamente al hotel, preparamos la ropa que tenemos que lavar y, con escasas fuerzas, buscamos una lavandería donde poder auto lavarlo. Hacemos así tiempo hasta que por fin llega la noche y se está algo mejor (aunque no mucho) y salimos a cenar al mercado nocturno.

Al día siguiente, alquilamos unas bicis y nos vamos a visitar la ciudad histórica de Ayutthaya. Esta se encuentra a sólo 80 kilómetros al norte de Bangkok y tuvo también una gran importancia en la historia de este país.

Después de la caída del Reino de Sukhothai en el siglo XV, Ayutthaya se convirtió en la capital del Reino, gobernando durante más de cuatro siglos. Por su posición geográfica, mucho más cerca del mar y en el centro del país, se convirtió en un importante núcleo de comercio de todo el Sudeste Asiático, atrayendo a comerciantes de todo el mundo.

Sin embargo, en el año 1767 fue invadida por el ejército birmano, quien la arrasó completamente y marcó así el final del Reino de Ayutthaya. Testigo de ello son las ruinas de su ciudad, en la cual se ve tanto la grandeza de la que un día disfrutó como la devastación que sufrió en su final.

El complejo se encuentra perfectamente cuidado, con un enorme lago en el medio y caminos muy cómodos que te permiten ir andando o en bici de un templo a otro.

Pero si hay algo que se identifica con Ayutthaya es un resto de la cabeza de Buda enredado entre las raíces de un árbol. Se cree que durante la invasión birmana de 1767, la cabeza de la estatua se rompió y cayó al suelo, permaneciendo enterrada entre los escombros. Años después, con el crecimiento de un árbol en este lugar, la tomo para sí y creció entre sus raíces.

Hoy en día es un punto de gran veneración para los budistas y está completamente prohibido permanecer de pie frente a ella. Un guardia de seguridad con cara de muy pocos amigos te recuerda, cuando te acercas, que tienes que sentarte para poder verla de cerca.

En este punto, hay gente que parece que no tiene suficiente con pasear entre construcciones de cientos de años de antigüedad, que encima necesita hacerlo a lomos de un pobre elefante, el cual tiene una cadena de pinchos en la pata para controlarlo. Puede que, además, por haber disfrutado meses antes de ellos en total libertad, nos duele especialmente este tipo de aberración.

Un poco más alejado de la zona principal, se encuentra el Gran Buda Reclinado de Ayutthaya. Esta figura de piedra, de XX metros de largo, es una de las más grandes de Tailandia y, además, muy venerada por los budistas de la zona.

Por la tarde, después de una mañana intensa y muy muy calurosa, buscamos un sitio donde recargar fuerzas. Además, como viene ya siendo costumbre estos últimos días, se pone de nuevo a diluviar. Encontramos una cafetería muy cuqui, con buen wifi… ¡¡y en la que encima sirven batidos helados!! ¿Qué más se le puede pedir?

En los alrededores de la ciudad de Ayutthaya hay también varios templos mucho más modernos y se encuentra también la residencia de verano de la Familia Real. Por lo que, a la mañana siguiente, alquilamos una moto y vamos a visitarlos.

Cuando llegamos a la residencia de verano, nos sorprenden en la puerta porque a Carlos no le dejan entrar con pantalones cortos. Hasta ahora, en la mayoría de los sitios habíamos visto que existía esta regla pero sólo era aplicable para mujeres (como no). Sin embargo, es tal la devoción que se procesa en Tailandia por la Familia Real y todo lo que esté relacionado con ellos, que aquí hacen aplicable esta norma también a hombres.

Así que nos acercamos al puestecito más cercano y buscamos unos pantalones largos fresquitos que se pueda comprar Carlos para estos días. ¿Adivináis de qué color son? ¡¡Sorprendentemente azules!!

La residencia de verano, al igual que todos los templos que visitamos a lo largo de la mañana, es impresionante. Son grandes edificaciones, muy nuevas, con un estilo arquitectónico muy diferente al antiguo y con un decorado muy brillante y cuidado.

Cuando volvemos a la parte antigua de Ayutthaya, vemos que han montado un enorme mercado de comida, asique nos lo recorremos de arriba a abajo, viendo y probando algunos de las comidas típicas de aquí, que es uno de los planes que más nos gusta.

A la mañana siguiente nos levantamos y vamos directos a la estación de tren para coger el que nos lleve a nuestra siguiente parada: Bangkok.

Puede que sea porque nos han recordado a Angkor, uno de los sitios más especiales que hemos visitado hasta ahora en nuestro viaje. O puede que sea porque la historia antigua nos encanta, ya que nos permite imaginarnos como era el mundo que conocemos siglos y siglos atrás… Sea por lo que fuere, estas ciudades tailandesas, primeras capitales del Reino de Tailandia, nos han parecido un lugar que bien merece una visita para conocer mucho mejor la historia de éste bonito país.