Llegamos en tren a la capital desde Ayutthaya y la primera sensación que tenemos es de una ciudad enorme, moderna pero muy caótica a su vez por la cantidad de gente que vive y trabaja en ella.
Bangkok se encuentra en el centro de Tailandia y es una de las ciudades más grandes del mundo, con una población de más de 8 millones de habitantes, comparable a ciudades como Nueva York o Washington . Ésta se convirtió en la capital de Tailandia en el año 1782, cuando el Rey Rama I trasladó hasta aquí la capital para ubicarla en una zona estratégica, cerca del Golfo de Tailandia, permitiendo así un mejor acceso a las rutas comerciales y convirtiéndola en una ciudad más fácil de defender frente al posibles invasiones extranjeras.
Nosotros hemos elegido un hotel que está en el barrio de Sukhumvit, algo alejado de la parte antigua de la ciudad, pero muy bien comunicado con todas las zonas que ver gracias a la parada de metro y de skytrain que tenemos al lado.
En Bangkok, debido a que es una zona muy húmeda, con muchos ríos y canales, están apostando por el skytrain: un tren que circula por la parte alta de la ciudad, por plataformas que han construido elevadas por encima de la acera, las carreteras y entre las casas y que encima te da unas vistas de espectáculo de la ciudad.

Después de soltar nuestras mochilas en el hotel, vamos a conocer algo nuestro barrio y fichar donde tenemos los 7Eleven (supermercados) más cerquita.
A media tarde vamos hasta el centro comercial enorme que tenemos alado de casa y esperamos allí a unos amigos con los que hemos quedado…
Y es que, después de 10 años, ¡hemos aprovechado nuestra visita a Bangkok para quedar con nuestros compañeros de promoción tailandeses! En los años en los que nosotros estuvimos en la Escuela Naval Militar, la academia de oficiales de la Armada había un alumno tailandés en cada una de las promociones. En el caso de la promoción de Scheherezade, este se llama Sarut y, en la de Carlos, Boriharm, aunque todos le conocemos como Ole.
Desde que acabamos la Academia, allá por el 2013/2014, ellos regresaron para servir en su país y no les habíamos vuelto a ver, asique la ilusión por reencontrarnos ha sido mucha!
El primer día quedamos con Sarut y su simpática mujer Fang, ¡que además está embarazada! Cogemos un tuktuk (una moto con carrito típicas para moverte por Bangkok ya que son rápidas y evitan atascos) y vamos a cenar a Chinatown. Nos ponemos completamente en sus manos para que elijan que pedir… ¡y vaya cena! Desde hoy mismo amamos la cocina tailandesa.

De ahí, nos acercamos a una zona tipo embarcadero en la orilla del canal principal, repleta de bares, restaurantes y sitios donde tomar algo mientras disfrutas de las vistas y la tranquilidad de esta parte de la ciudad. Hablamos, hablamos y hablamos y nos ponemos al día de todo lo que ha pasado en estos años, ¡que no es poco! Y ya de aquí, nos vamos a dormir que mañana nos espera otro día intenso.

Nos levantamos prontito para ganar así alguna hora sin mucho calor e intentar evitar la lluvia también. Hoy hemos vuelto a quedar con Sarut y Fang para que nos sigan enseñando rincones de su ciudad.
Primero vamos al Templo del Amanecer o Wat Arun. Este templo se encuentra en la orilla oeste del río Chao Phraya, cerca de otros lugares emblemáticos como el Palacio Real. Cuando entramos, nuestra cara es de alucine. Es un templo enorme, en la orilla del canal, con pagodas preciosas todas revestidas con mosaicos de cerámica de colores. Una pasada. De todas ellas destaca su torre central, la cual se alza hasta los 70 metros de altura.

De aquí nos acercamos a un mercado que se encuentra alado del hospital en el que trabaja Fang (es oncóloga) y que ella se conoce muy bien. Nos tomamos un té con sabor de fruta de la pasión lleno de unas bolitas chiquitinas de gelatina que te entretienen que no veas.
De ahí, cogimos el metro para acercarnos a la estación norte de la ciudad. Aquí, los fines de semana, montan un mercado enorme en el que dicen que se vende absolutamente de todo. Nosotros nos tiramos andando una hora y aun así no recorremos ni la décima parte… ( imagínate..)
Pero el motivo por ir hasta allí es también que queremos ver una pelea de Muay Thai. El Muay Thai es un arte marcial con origen en Tailandia y el deporte nacional del país. Se dice que tiene su origen siglos atrás, cuando se desarrolló como una serie de técnicas de combate para los antiguos guerreros.
Aunque las entradas para ver un combate son algo caras (unos 50€), todos los domingos emiten en el Canal 7 de aquí un combate de su competición. Y, para hacer de público de este combate que es retransmitido en directo, solo tienes que personarte en los estudios del canal y hacer cola hasta que, con suerte, te toque entrar. Sin embargo, todo nuestro gozo en un pozo cuando llegamos y nos dicen que, efectivamente antes era así pero que, en la época COVID lo suspendieron y no lo han vuelto a retomar.
Pero la tristeza no es duradera ya que, para ocupar este rato que se nos ha quedado libre, nos acercamos hasta un centro comercial donde, en la planta alta, ¡dan masajes tailandeses de una hora por 8€! Ahí nos metemos a que nos machaquen, pero bien y, una hora después, ¡salimos como nuevos!
Por la tarde se pone a llover asique decidimos acercarnos hasta una cervecería que conoce Fang y refugiarnos ahí, mientras nos contamos cómo han pasado estos años y como hemos ido todos cambiando. Cenamos en un restaurante cerquita que le gusta a Fang y que esta también espectacular. De verdad que nos hemos vuelto fans n1 de esta comida. Y ya llega el momento de despedirnos de ellos dos, aunque estamos seguros de que pronto les volveremos a ver en España y ya con su bebé.

El lunes lo tenemos reservado para Ole. Él está ahora destinado en la Escuela Naval Tailandesa y, como el fin de semana ha estado justo de tiempo, hemos quedado hoy con él. Lo primero que vemos nada más que nos juntamos en la boca del metro es que no ha cambiado nada. Sigue siendo ese chico súper simpático y sonriente.
Lo primero que nos lleva a ver es el Templo del Buda Reclinado o Wat Pho. Como su propio nombre indica, aquí se encuentra una figura de Buda de 46 metros de largo y 15 metros de alto que simboliza a Buda tumbado, simulando ya el abandono de toda esperanza, momento justo antes de alcanzar el nirvana. La figura entera está recubierta en pan de oro y es una de las más grandes que existen.

Llegamos corriendo porque, según salimos de la boca del metro, se pone a llover como si no hubiera un mañana. Entramos directamente al templo donde se encuentra el Buda Reclinado y vemos que no somos los únicos que aprovechan el lugar para refugiarse. Mientras tanto, Ole nos habla sobre el budismo y nos ayuda a conocerlo un poquito más. Incluso nos regala un cuenco lleno de monedas para ofrecerlas.

Como no termina de escampar, nos sentamos en el templo a esperar mientras seguimos preguntándole a Ole todas las dudas que se nos ocurren sobre su cultura y su religión. De repente, un rayo enorme cae en el edificio y retumba todo a nuestro alrededor. Pero esque, nosotros, al estar sentados apoyados contra la pared, lo sentimos perfectamente y notamos como la electricidad entra por nuestra espalda y sale por nuestras piernas.
Un matrimonio japonés que hay sentado a nuestro lado le ocurre lo mismo y el susto que nos pegamos todos es enorme. Nos separamos de la pared corriendo, en un acto totalmente reflejo, por la corriente que acabamos de notar. Menos mal que nos miramos y vemos que estamos todos bien y queda todo en una historia más que contar.
Cuando por fin la lluvia da una tregua, aprovechamos para salir del templo y seguir nuestra visita. Este complejo esconde rincones súper chulos, como la zona en la que hay 4 estupas enormes, una por cada rey, recubiertas enteras en un bonito mosaico de cerámica.

Además, en su día construyeron una serie de figuras que representaban los diferentes movimientos o acciones del masaje tailandes. El motivo es que todo el mundo pudiera aprenderlo, aunque no tuviera acceso a libros, viendo estas figuras. Hoy en día se conserva aquí la escuela de masaje tailandés más antigua de Tailandia.

Terminamos la visita del templo y, tras comernos unos helados súper ricos de mango y coco en una heladería, nos vamos hasta la orilla del canal a coger un barco para que nos lleve hasta la siguiente parada.
Durante los 15 minutos que recorremos los canales de Bangkok, Ole nos va contando historias de la ciudad, nos va enseñando y explicando los edificios más emblemáticos y disfrutamos de otro punto de vista de esta ciudad.

El resto de la tarde la pasamos en centros comerciales y, si, ¡Scheherezade está súper feliz! Jeje. Llegamos a la zona de SIAM Area, donde varios centros comerciales enormes están conectados entre ellos. Pero es que, además, en el sótano de uno de ellos hay un museo de cera y en el de otro… ¡un acuario!
Ole nos cuenta que es muy típico que, cuando quedas con tus amigos en Bangkok, vengas a pasar aquí la tarde, paseando entre las tiendas, comprando algo de comida y, sobre todo, refugiándote del calor horrible que hace fuera porque el aire acondicionado aquí dentro te hace tiritar de frío.

Para cenar, nos acercamos hasta un restaurante que hay en una calle peatonal cerquita y que está especializado en comida tailandesa de la parte norte del país. Nos encanta. Pedimos ensalada de papaya, pollo con una salsa riquísima y un pescado frito como desmigado. ¡Ah! Y de postre probamos el “mango sticky rice “. Este postre, típico de Tailandia, consiste en una especie de arroz “pegado” con rodajas de mango y una crema de coco…. ¡¡Para chuparse los dedos de verdad!!

Después de otro día muy guay en Bangkok, toca despedirse de Ole. La verdad que nos ha hecho muchísima ilusión volver a verlos y no nos han podido tratar mejor.
Los siguientes días seguimos recorriendo nosotros las diferentes partes de la ciudad. Una mañana entera la dedicamos para visitar el Gran Palacio. Éste fue construido en 1782 durante el reinado del rey Rama I, fundador de la actual dinastía Chakri de Tailandia. Fue la residencia real y sede administrativa de los reyes de Tailandia durante más de 150 años.
La visita acaba en un teatro cercano, con una representación de los diferentes bailes y tradiciones culturales de las regiones que conforman Tailandia.

Y así, tras una semana súper intensa en la capital, con reencuentros incluidos, rehacemos la maleta y nos vamos a la estación de tren, donde nos espera un tren nocturno de 10 horas para llegar a nuestro siguiente destino.

Puede que haya sido por la excepcional compañía que hemos tenido y por lo queridos que nos hemos sentido, pero Bangkok nos ha parecido una ciudad increíble, en la que poder pasar días y semanas visitando y probando cosas nuevas y no acabar aburrido nunca.
