La verdad es que, si hubiésemos podido elegir un día cualquiera en el que estar en Sídney, quizá no lo habríamos podido elegir mejor. Y es que hay cosas que suceden mejor cuando uno no las planea.
Y así es como nos despertamos el día nacional de Australia en Sídney. Y cuando nos paramos a ver la de actividades que había para ese día por toda la ciudad, casi nos echamos a reír de la suerte que habíamos tenido.

Nos pegamos un buen madrugón para iniciar el día en el centro de la ciudad con el Wulgulora Morning Ceremony. Y es que en Australia tratan de mantener viva la cultura maorí, dándoles una gran importancia en su día a día como en los días especiales. Esta ceremonia era precisamente un recordatorio de que los aborígenes son la base de la historia australiana.

La ceremonia fue bastante bonita, realizada en un parque precioso a las orillas de la bahía de Sídney. Aquí tuvimos el placer de conocer a una cantante que luego nos fue amenizando nuestro roadtrip australiano: Loren Ryan (nuestra canción favorita es Yilalu).

Desde allí, fuimos recorriendo la bahía, hasta tener nuestra primera vista de lo que quizá sea el edificio más emblemático de todos: la ópera de Sídney.
La verdad es que conforme nos íbamos acercando, más y más australianos se iban añadiendo a la fiesta. Todo el meollo del día iba a suceder en la zona llamada Circular Quay. Esta zona, completamente peatonal, es hoy en día la zona más turística de Sídney y la verdad es que no es para menos.
Cuando llegamos aquí, todo estaba lleno de stands, música, bebida, comida y un ambiente increíble. A Carlos, le robó el corazón que regalasen crema solar…. (cada loco con su tema).

Aquí pasamos un día increíble, en el que pudimos disfrutar desde una regata de veleros antiguos, otra de ferris e incluso una exhibición aérea que la verdad es que nos dejó con la boca abierta.
Os dejamos aquí unas fotos de todo lo que pudimos ver a lo largo del día.





Pero por supuesto, creo que el punto fuerte de la jornada, la guinda del pastel, el brownie de chocolate para Scheherezade, o la olaca para Carlos, fue precisamente el concierto gratuito en un escenario espectacular enfrente de la Ópera que acabó con un espectáculo de luces y con fuegos artificiales. Y por supuesto con la Ópera de Sídney iluminada con los colores de la bandera aborigen y la bandera australiana.



La verdad es que haber tenido la suerte de vivir un día así y que nos haya pillado por sorpresa fue sencillamente increíble, pero sin duda no habríamos podido elegir un día mejor para comenzar nuestro tour por Sídney.
Así pues, los dos días siguientes los dedicamos a conocer Sídney, porque la verdad es que tiene zonas increíbles.
Estas son las zonas que visitamos que creemos que son imprescindibles:
- El puente de Sídney.

La verdad es que cruzarlo es espectacular, pero obviamente lo increíble son las vistas que uno obtiene mientras lo cruzas.
- Luna Park.

Aprovechamos que cruzábamos el puente para visitar este pequeño parque de “atracciones” que es gratuito y que es bastante chulo. Y ya que estábamos al otro lado de la bahía no pudimos evitar cruzarlo en ferry. Y es que un lugareño nos avisó de que uno no puede decir que ha visto la Opera de Sídney si no la ha visto desde el agua.

- Jardín Botánico.

Este increíble parque en mitad de la ciudad es una maravilla. Desde él obtuvimos una de las mejores vistas de la Ópera y también (porque no decirlo) de su Base Naval con sus increíbles barcos de fabricación española (orgullo).

- Centro de Sídney.

Todo lleno de edificios históricos increíbles, como la Catedral de Santa María, el ANZAC Memorial, el Queen Victoria Building, el ayuntamiento y el barrio chino.

- Newtown.

Recorrimos esta calle y disfrutamos de sus cafeterías, tiendas vintage con vinilos o juguetes antiguos y mercados de ropa de segunda mano.
Por último, pero no por ello menos importante, para cerrar nuestros increíbles días por Sídney, quedamos con nuestra amiga Julie en Bondi Beach.

Esta conocidísima playa de Sídney no tiene mucho que destacar (bajo nuestro modesto punto de vista) más que muchísimo músculo, parquímetros a 5 dólares la hora y muchísimo postureo.
Pero volver a quedar con Julie (coincidimos con ella en Mentawais y en Bali) fue el punto culminante de unos días perfectos en Sídney.

Y porque no decirlo… Para nosotros, tras mucho viaje, podemos decir que Sídney es, sencillamente, la mejor ciudad del mundo para vivir (si uno tuviese el sueldo de un australiano, por supuesto).
