Torquay y la Great Ocean Road

Torquay es considerada como la capital del surf en Australia. Algunas marcas famosas, como Rip Curl o QuickSilver, nacieron aquí y hoy en día conservan sus enormes tiendas y, mucho mejor, sus famosos outlets. Además, está la “Playa de las Campanas” o “Bells Beach” donde cada año se dan cita, desde el 1973, los mejores surfistas del mundo para competir en el Campeonato Mundial de Surf Rip Curl Pro Bells Beach.

Por supuesto, cerca de todo eso, hemos buscado nuestro camping para pasar los siguientes días. Está alado de los outlets y a menos de 10 minutos de Bells Beach. Salir de Melbourne es toda una aventura, atasco tras atasco, por lo que llegamos a Torquay con el tiempo justo para echar un vistazo rápido a los outlets (y Carlos hasta se compra un par de bañadores de oferta) y acercarnos hasta el COLES que hay en Torquay donde, ¡SORPRESA! encontramos carne de canguro. Nos compramos unos filetes que tienen buena pinta (es carne roja, roja, roja… más que la vaca incluso) y nos los preparamos en las barbacoas que hay en el camping. Carlos se rechupetea los dedos de lo rica que le sabe la carne, por otro lado, Scheherezade… se la come sin rechistar mucho jeje.

La primera para del día, sin lugar a duda, son los outlets de Rip Curl y QuickSilver. Ayer les echamos un ojo rápido y, aunque Carlos salió con las manos llenas, Scheherezade no. Y hay que ponerle remedio a eso. Al final, encontramos una sudadera super chula muy rebajada para Scheherezade y que seguro que en nuestro próximo destino la agradece.

De aquí nos acercamos a ver Bells Beach, que ayer no pudimos venir. Hay mucho viento y entra bastante mar, pero aun así se diferencian perfectamente las líneas de las olas que tan famosa hacen a esta playa. Cruzamos los dedos para que, en los días en los que estemos aquí, baje un poco el mar y podamos darnos algún baño.

De aquí seguimos avanzando con la furgo por la carretera que va pegadita a la costa hasta que vemos, abajo del acantilado, una playa que nos llama la atención. Buscamos el camino para llegar hasta ella y cuando llegamos vemos que es una playa enorme y super bonita y que encima está vacía de gente… ¡pues aquí nos quedamos!

Paseamos hacia un lado, hacia el otro, pasamos por los pequeños acantilados que hay en la playa hasta que hace hambre y nos vamos a preparar la comida. 

Comemos con unas vistas insuperables a la playa y echamos ahí el resto de la tarde hasta que nos volvemos al camping. Al llegar, como la cancha de baloncesto está vacía, Carlos se mete ahí para recordar sus años mozos. 

Y hoy sí, empezamos la Great Ocean Road (GOR). Ésta, con sus 243 kilómetros a lo largo de la costa, es considerada una de las carreteras escénicas más bonitas del mundo. Fue construida entre el 1919 y el 1932 por los veteranos voluntarios de la Primera Guerra Mundial en honor a los soldados caídos en la misma, por lo que se considera el mayor monumento homenaje del mundo.

Y nada más que empezamos a conducir por sus sinuosas carreteras, dejando enormes acantilados, largas playas doradas y un océano de diferentes tonos de azul, nos damos cuenta del porqué de esta fama.

A lo largo del camino vamos parando en los diferentes miradores, playas y pueblecitos que hay a lo largo de toda la carretera y las vistas son impresionantes. 

Una de ellas es a la altura de Kenett River donde, adentrándose en el bosque de eucaliptos, hemos leído que se pueden ver koalas. De hecho, a la entrada del sendero hay una cafetería que se llama “Café Koala”. Sin embargo, no tenemos suerte y tras un buen rato andando y cuesta arriba, sólo vemos un koala hecho una bolita en lo alto de un eucalipto. 

Desde aquí el siguiente tramo se aleja de la costa y cruza el Parque Nacional “Great Otway”, un bosque increíblemente frondoso con los eucaliptos más grandes que hemos visto hasta ahora. Además, hemos leído que ésta también es muy buena zona para ver koalas, por lo que vamos sin apartar ni un segundo los ojos de los árboles, a ver si tenemos más suerte que en la anterior.

Y después de unos 10 minutos conduciendo, nos encontramos con el primer grupo de coches aparcados en el arcén. Nos sumamos a ellos y al bajarnos del coche y mirar hacia arriba… ¡premio! Un koala está durmiendo en la parte alta del eucalipto. Pero es que, seguimos mirando y aparece otro, y otro y otro… y hasta 4 koalas vemos en esa parte del bosque. Es verdad que todos están dormidos hechos una auténtica bolita, pero aun así son super chulos.

Continuamos la carretera y no pasan ni 5 minutos hasta que vemos otro coche orillado. Paramos de nuevo y cuando bajamos ¡otros dos koalas! Pero estos sí que están despiertos y mucho más activos. Uno de ellos está acercándose desde el extremo de una rama hasta el tronco para subir por él hasta la parte más alta a comer hojas. Unos minutos después, la otra cría le sigue los pasos y se encarama también hasta lo alto del árbol. ¡Qué pasada! Verlos en libertad y moviéndose es tan especial… y además estos dos eran especialmente bonitos.

Como ayer el día estaba algo regular y mañana también lo dan nublado, decidimos que es mejor aprovechar que hoy hace un día espectacular para disfrutar todo lo que podamos de la GOR, aunque sea un poco paliza, pero el tiempo aquí en Australia es tan cambiante que no nos la queremos jugar… por lo que, con buena música y felices por haber visto los koalas, nos decidimos a seguir la GOR para llegar hasta una de sus paradas más icónicas. La suerte se ve que hoy está de nuestra parte y, en este recorrido, nos juntamos también con un simpático grupo de alpacas.

Sobre las 5 de la tarde llegamos a los “Doce Apóstoles”, ocho agujas de piedra caliza que se elevan hasta 45 metros sobre el mar y que se han ido formando durante millones de años por la erosión del océano. 

Y sí, son ocho (en su día llegaron a ser nueve) y no doce como indica su nombre. Anteriormente se les conocía como “mamá cerdita y sus cerditos” pero cuando la fiebre del oro pasó y dejó de haber turismo en la zona, decidieron buscar un nombre nuevo para atraer de nuevo a visitantes hasta aquí. Y vaya si lo consiguieron.

Al otro lado, a escasos 5 minutos está la garganta “Loch Ard”. Esta pequeña “garganta” que recoge una playita custodiada por altos acantilados, guarda una curiosa historia. En Loch Ard fue un barco que, después de 3 meses de navegación desde Reino Unido hasta Melbourne, se hundió en esta parte de la costa australiana justo un día antes de su llegada. En el accidente murieron todos sus tripulantes excepto una chica de 17 años y un chico de 15. Ambos, atravesando esa pequeña apertura en los altos acantilados, lograron cruzar la garganta y llegar hasta la playa que hoy recibe su nombre.

El “Grotto” o el “Puente de Londres” son otras formaciones curiosas, con enormes agujeros que ha ido haciendo el agua sobre la piedra caliza, y que se pueden ver fácilmente a lo largo de la carretera.

Y como el día empieza a llegar a su fin, decidimos que no puede haber mejor sitio que donde ver el atardecer que en los Doce Apóstoles. Por lo que aparcamos de nuevo el coche en el aparcamiento y nos acercamos hasta el mirador para disfrutar de un atardecer espectacular.

Y cuando pensábamos que el día ya acababa aquí, todavía nos deparaba lo mejor de todo. Ya de noche, cogemos el coche y con mucho cuidado, ya que la carretera está llena de nuevo de señales de animales que pueden saltar a la carretera, conducimos hasta el camping donde nos quedamos esta noche. 

Después de 40 minutos de coche, en el último camino de desvío para entrar en el camping, vemos que algo brilla y refleja la luz de nuestros faros en la oscuridad. Cuando nos acercamos, nos damos cuenta de que es un precioso koala sentado tranquilamente en mitad de la carretera. Paramos el coche, apagamos las luces y muy despacio nos bajamos de él. Y nuestro amigo koala ni se inmuta. Nos deja acercarnos a él y nos quedamos en la oscuridad mirándonos tranquilamente, en un momento super especial. Un poco después, levanta la pierna y parece que se va a ir, pero se lo piensa mejor y lentamente se vuelve a colocar en la misma posición en la que estaba. Por supuesto, nosotros no nos movemos de ahí.

Ya después de un buen rato, y con mucha calma, decide incorporarse y muy poco a poco se va gateando hasta meterse de nuevo en el bosque. Nos quedamos un poco más para asegurarnos de que se sube a un árbol y no vuelve a salir a la carretera y, ahora sí que sí, con una sonrisa enorme de oreja a oreja, nos vamos felices a dormir.

Hoy amanece nublado, tal y como indicaba el pronóstico del tiempo, menos mal que al final ayer nos acercamos hasta los Doce Apóstoles. Pero después de como acabó el día ayer, ni el nublado ni nada va a poder con nuestras ganas de seguir viendo cositas por la zona.

Después de desayunar, nos ponemos en marcha para seguir visitando lugares de la GOR. Eso sí, según salimos del camping y cogemos la carretera en la que ayer vimos el koala, nos paramos en el árbol en el que lo dejamos y, en lo alto y hecho una auténtica bolita, ahí nos lo encontramos durmiendo.

Cuando atravesamos el PN “Great Otway” vemos una señal que indica el desvío hacia una cascada y como hoy el día consiste en eso, lo cogemos a ver que nos encontramos. El camino para llegar hasta el aparcamiento es ya impresionante, una carretera de arena custodiada por enormes eucaliptos a los que cuesta ver dónde acaban. 

Dejamos el coche en el aparcamiento y seguimos las indicaciones para la cascada., que recibe el nombre de “TRIPLE”. Nada más empezar a andar, nos metemos de lleno en el bosque frondoso, lleno de altísimos eucaliptos con varios cientos de años de antigüedad.

Después de una media hora andando, con sus respectivas paradas para sacar fotos y disfrutar de las vistas, llegamos a las cascadas. Y no hay nadie más que nosotros. Y nos parecen increíbles. Estamos un rato aquí, disfrutando de la tranquilidad, subiendo por las piedras hasta lo más alto que podemos y colgándonos como monos de los árboles.

Cuando volvemos al coche es ya la hora de comer, por lo que nos ponemos en camino a Apollo Bay, un pueblo costero pequeñito de la Great Ocean Road. 

Pero en vez de ir por la carretera directa que nos lleva hasta el, tomamos un camino de tierra que atraviesa el bosque de Kenett River y en el que, supuestamente, es relativamente fácil ver koalas. Sin embargo, dos horas después, solo hemos conseguido ver un koala hecho una bolita en lo alto de un árbol y muchos chinos. Está claro que este no es nuestro camino.

Llegamos a Apollo Bay, preparamos la comida y como al final con la tontería nos han dado las 4 de la tarde, aprovechamos las últimas horas de sol para ver el pueblo y adelantar algunas cosillas de los próximos países que vamos a ver. Hoy dormimos en un camping a orillas del lago que forma el río Aire en su desembocadura al mar. Cuando llegamos, colocamos la furgo de tal forma que con las puertas abiertas podemos ver cómo se va haciendo de noche sobre el pequeño lago mientras nos comemos unas palomitas y nos despedimos de otro día más aquí en Australia.

Desayunamos tranquilamente, con las vistas al lago que forma el río Aire en su desembocadura al mar y nos ponemos en marcha.

Hoy tenemos que llegar a dormir al camping de Torquay, por lo que vamos a hacer el tramo que nos queda de la Great Ocean Road en sentido inverso y parando en los lugares en los que a la ida no nos detuvimos.

Uno de ellos es el monumento a los soldados que construyeron esta carretera y donde además cuenta toda la historia de esta zona, tanto después de la construcción de la carretera como previamente, cuando estaba habitada por las tribus aborígenes.

Después de miles de fotos, otras miles de paradas en el arcén para contemplar las vistas y otros miles de videos de la carretera, acabamos llegando al camping de Torquay en el que estuvimos los primeros días. Nos aposentamos de nuevo en nuestro sitio, jugamos un rato al baloncesto, nos damos una ducha de agua caliente (que llevábamos un par de días sin duchas de agua caliente) y nos preparamos una cena en las cocinas comunes que tienen como debe de ser.


Una vez acabada la Great Ocean Road, y teniendo unos cuantos días por delante antes de viajar a Nueva Zelanda, los días se van sucediendo increíblemente rápidos. Y es que cuando uno tiene una buena furgoneta, unas olas increíbles y un tiempo envidiable, es fácil perder la cuenta del tiempo. 

Por supuesto durante los días que pasamos en Torquay, no todo fue surfing, tuvimos la ocasión de disfrutar de increíbles playas, paisajes, búsqueda de koalas. Pero hay que decir la verdad… sobre todo olas.

Olas de ensueño que quitan el hipo… de hecho, Carlos no duda en decir que aquí, en Winkipop, se ha dado uno de los mejores baños de su vida…

Y cuando apenas nos quedaban dos días en Australia, la previsión de surf se estropea claramente, por lo que decidimos bajar por la Great Ocean Road hasta el  Parque Nacional de Otway a ver si vemos algún animalito. 

Por el camino paramos en varias tiendas de surf hasta que en una de ellas conseguimos que nos compren la tabla por 160$. No nos lo pensamos dos veces, ya que nosotros la compramos por 125$ y nos ha servido para lo que la queríamos.

Aprovechamos que llegamos pronto al P.N. de Otway para hacer alguna ruta por él y ponernos en forma, ¡que en el siguiente país al que vamos nos va a hacer muucha falta! Decidimos hacer un par de caminatas que nos llevan a través del bosque a ver diferentes cascadas.

Cerca ya del atardecer, cogemos el coche para intentar ver algún koala por las carreteras que están marcadas como más propicias para ello, pero esta vez no tenemos suerte y no conseguimos ver ninguno. Eso sí, ¡si no vemos 10 wallabies no vemos ninguno! De hecho, uno de ellos nos pega un buen susto y nos obliga a pegar un frenazo para no llevárnoslo por delante.

De aquí nos vamos ya directamente al camping “Big Hill” donde vamos a pasar la noche rodeados de naturaleza.

Hoy es nuestro penúltimo día en Australia y teniendo en cuenta que mañana lo vamos a utilizar para conducir hasta Melbourne (donde devolvemos la furgo y cogemos un vuelo a nuestro siguiente destino) hoy es día de recoger, limpiar y preparar, ¡nuestro favorito!

Llegamos pronto a Torquay y vamos directos a una lavandería donde poder poner un par de lavadoras para lavar toda nuestra ropa más sábanas, toallas, trapos… que venían con la furgo. Mientras se lavan, aprovechamos para quitar todo el polvo que tiene la furgo por dentro y dejarla bien bonita.

Por la tarde, ya en el aparcamiento alado del río, recogemos toda nuestra ropa y volvemos a montar nuestras mochilas. Para despejarnos, hacemos una escapada rápida hasta Bells Beach…

Nuestro último día en Australia es un día triste…

Nos levantamos pronto para irnos a Melbourne. Por el camino tenemos que hacer varias paradas técnicas: en un K-Mart para que Carlos se compre unas chanclas que las suyas han muerto ya; en un Decathlon porque Scheherezade no sabe vivir sin palos de trekking y los necesitará próximamente… y no queremos pillar mucho atasco en la entrada a la ciudad.

Tras tomarnos nuestro tiempo para despedirnos de nuestra querida furgo y devolvérsela a su legitimo dueño… y una vez embarcados en el avión a nuestro siguiente destino, nos paramos a pensar en todo lo que ha sido Australia. Podemos decir que, tras pasar 40 días recorriendo el país, este país es sencillamente increíble, un poco inabarcable, sencillamente gigantesco. Uno no se da cuenta de lo grande que es hasta que empieza a recorrerlo. Playas increíbles, animales salvajes y lo que para nosotros diferencia este país de todos los demás: sus ciudades. Hechas perfectas para sus ciudadanos, con multitud de servicios gratuitos, barbacoas, zonas verdes, baños, parques, parkings, museos… Australia es para nosotros uno de los mejores países en los que uno podría vivir (si pudieses permitírtelo claro).