Trekkings en los montes Tongariro y Taranaki y visita a la capital, Wellington

SABADO 24 DE FEBRERO

El despertador suena a las 5 de la mañana. Hoy vamos a hacer el Tongariro Alpine Crossing, una caminata de algo más de 19 kilómetros y que nos llevara a cruzar el volcán de un lado al otro.

El sendero es lineal, no circular, por lo que la solución que han inventado aquí, creando así un chiringuito de narices, es poner autobuses lanzadera que te dejan en el inicio de la ruta y te recogen al final para llevarte hasta tu coche por el módico precio de… ¡¡¡60 NZD por persona!!! (nótese la ironía)

A las 06:20 de la madrugada estamos comenzando a andar. Hasta las 7 no amanece, por lo que el principio es con algo de fresquito. Además, como el bus ha venido lleno de gente, el primer kilómetro parece la Gran Vía de Madrid (o el Espolón de Burgos 😉)

Después de la primera hora, bastante asequible, con poco desnivel y por rampas de madera, llegamos a un gran campo de lava desde donde el Volcán Rojo ya se deja ver (o el Monte del Destino, para los que sean unos frikis como nosotros).

A partir de aquí nos queda una hora de subida infernal, la primera parte a través de unas escaleras de madera, que se las conoce como las “escaleras del infierno” y la segunda parte, ya para coronar la cima, directamente sobre la ladera del volcán, llena de piedras sueltas. 

Pero cuando por fin llegamos arriba, todo el esfuerzo ha merecido la pena. Además hemos tenido la enorme suerte de que durante este último tramo el cielo se ha despejado, por lo que podemos ver desde aquí los lagos en las laderas de volcán, los cuales se consideran sagrados para los maoríes.

Empezamos la bajada, la primera parte super empinada a través de tierra y piedrecitas sueltas, por lo que debemos tener cuidado de no matarnos.

La niebla se nos vuelve a echar encima y un viento fuerte nos acompaña un buen rato, durante el cual las manos casi se nos congelan. Venos como una pobre chica hasta se cae al suelo de cara por culpa de una fuerte racha de viento que la empuja.

Pero tras este horrible tramo, el sol vuelve a aparecer y todo lo que queda de bajada lo hacemos con estas increíbles vistas y, la última parte, atravesando un frondoso bosque.

Después de 6 horas llegamos al carate que anuncia que el TONGARIRO ALPINE CROSSING ¡¡¡ha terminado!!! ¡¡Hemos subido hasta el mismísimo Monte del Destino!! 

A la 1 de la tarde nos subimos al autobús lanzadera que nos lleva de regreso a nuestro coche. Cuando llegamos, después de saciar el hambre, y antes de irnos a darnos una merecida ducha, hacemos una escapada a una cascada cercana que recibe el nombre de Gollums Pool, ya que aquí se grabaron algunas escenas de El Señor de los Anillos donde Gollum se baña felizmente en el agua y pesca unos pececitos.

Y como eso mismo queremos hacer nosotros (lo de ducharnos, claro) nos ponemos a buscar un camping con dichas de agua caliente, que hoy nos lo hemos ganado. Pero en un pueblo cercano vemos que tienen unas piscinas climatizadas en las que puedes entrar pagando 5 NZD. Arrancamos el coche y nos vamos para allí directos. Una hora y media después salimos como nuevos.

Como antes de ayer pasamos rápidamente por Taupo, sin parar a verlo, para poder llegar a hacer el trekking, nos acercamos a dormir hasta este pueblo para dedicarle el día de mañana. Antes de irnos al camping en el que dormimos hoy, a las afueras de Taupo, pasamos por un McDonald’s, no a darnos un caprichito, sino porque está considerado el McDonald’s más cool del mundo y es que… ¡está dentro de un avión! 

DOMINGO 25 DE FEBRERO

Hoy, si el tiempo nos deja, queremos visitar Wai O Tapu, una de las zonas geotermales más importantes de Nueva Zelanda.

Conducimos la media hora que nos separa desde el camping/ comuna donde hemos dormido (parecía más una comuna a las afueras de Tapu que otra cosa) y llegamos al aparcamiento de Wai O Tapu.

Todos los días a las 10:30 de la mañana “entra en erupción” uno de los géiseres de Wai O Tapu conocido como “Lady Knox”. Y eso de que entra en erupción es entre comillas, porque la realidad es que la erupción es de forma provocada. Vamos directamente a verlo y hombre, es chulo, pero al saber que es provocado… lo más bonito es la canción maorí que canta una de las guías del parque.

Compramos la entrada al parque, que ya está en 45$ NZD, y entramos a visitarlo. Desde el principio parece que hemos viajado a otro planeta, una mezcla de la Luna con Marte (o lo que te imaginas que puede ser jeje). Enormes cráteres en el suelo, de color blanco, con un denso liquido gris bullendo en su interior, enormes lagos de colores naranjas, verdes, morados… increíble. Además, todo ello aderezado por un constante olor a huevo podrido que no veas.

La parte más conocida del parque puede que sea la “Champagne Pool” o “Piscina de Champan” en la que el contraste entre el verde y el naranja es flipante, aunque como hoy tenemos el día un poco regular, esto es lo que puede captar nuestra cámara

De aquí volvemos hasta el pueblo de Taupo, donde hacemos recarga de provisiones, echamos gasolina y comemos a orillas de su lago, mientras alado juegan al golf intentando meter la pelota en una plataforma flotante que hay en el lago. El que acierte, premio de 10.000 NZD.

Después de comer nos ponemos en marcha y recorremos toda la carretera de la cara norte del lago hasta llegar a dormir a Ohinepane, desde donde mañana comenzaremos la “Forgotten World Highway” que nos lleve hasta el monte Taranaki.

LUNES 26 DE FEBRERO

Amanecemos tranquilamente en el camping, las únicas vecinas que tenemos están todavía dentro de su tienda. Desayunamos y nos ponemos en marcha para recorrer la carretera del Mundo Olvidado.

Esta carretera discurre entre montañas y ríos y aunque deberíamos haber tardado dos horas en hacerla, obviamente, tardamos el doble. Fuimos parando por un montón de miradores espectaculares y es que el paisaje neozelandés es capaz de dejarte sin habla.

A mitad del camino hacemos una parada un poco más larga en Whangamomona. Lo peculiar de esta aldea es que se autoproclamaron república independiente de Nueva Zelanda en el 1989 y desde entonces se han sucedido varios presidentes en el cargo, entre ellos una cabra, una tortuga y un perrito. 

Casi a última hora llegamos al Parque Nacional de Egmont. Tras buscar mucha información sobre los diferentes trekkings que se pueden hacer en el parque (para esto nos acercamos hasta un i-Site), el Pouakai Crossing era el que más nos apetecía. Es una ruta de unos 18 km muy parecida al Tongariro Crossing. Sin embargo, al igual que esta, vuelve a ser necesario contratar un autobús lanzadera por el módico precio, otra vez, de 60 NZD. Y pese a que en el Tongariro mereció muchísimo la pena, Carlos no quería sentirse timado dos veces seguidas en tan poco tiempo. Es por ello por lo que al final decidimos hacer el Mangorei Track, una ruta lineal de 12 km, con 700 metros de desnivel, y que nos acerca hasta las faldas del Taranaki.

Al no hacer la ruta larga, decidimos aprovechar lo poquito que nos queda de tarde para ir hasta las cascadas Dawson. Aparcamos el coche en el centro de visitantes y a escasos 10 minutos andando por un bosque chulísimo, que parece estar encantado, llegamos hasta ellas.

Estiramos un poco más el paseo por el bosque hasta que ya anochece, que nos acercamos al aparcamiento en el que pasamos la noche y desde donde mañana empezaremos la ruta.

MARTES 27 DE FEBRERO

Como ayer la previsión decía que amanecería nublado, el despertador hoy no suena tan pronto. Desayunamos mientras otros viajeros van llegando a aparcamiento y empiezan su camino. Sobre las 08:30 estamos ya en camino y empezamos a subir escaleras. A las 9 seguimos subiendo escaleras y no paramos hasta una hora y media después de que comenzáramos, cuando llegamos hasta una cabaña en mitad del bosque. Entramos para cotillear un poco y es que en Nueva Zelanda hay bastantes de estas repartidas por todas las rutas de trekking y las puedes reservar para pasar la noche o simplemente hacer una parada en el camino.

Desde aquí nos queda solo media hora hasta el lago, al que llegamos alrededor de las 10 y algo y nos encontramos con un grupo ya de 4 personas que llevaran un rato esperando a que levante.

Aunque hace algo de frio y sopla el viento que no veas, nos da algo de esperanza oírlos decir que desde que ellos llegaron hasta ahora ha levantado ya un poco. Nos sentamos en un ladito y aprovechamos para comer algo, hidratarnos y hacer un poco el tonto para no quedarnos fríos.

Una hora después, cuando el frío empieza a calar y empezamos a perder las esperanzas, se pone a soplar más y más fuerte y el cielo nos regala una ventana de unos minutos con estas vistas.

Contentos y conscientes de que es lo máximo que vamos a obtener hoy (pero por lo menos nos llevamos eso) comenzamos el camino de vuelta que nos lleva otras dos horas hasta el aparcamiento donde hemos dejado el coche.

Preparamos una rápida ensalada de pasta para comer y conducimos hacia el sur, hasta Whanganui, donde hemos encontrado unas piscinas con agua calentita en ls que relajar los músculos (¡le estamos cogiendo el vicio a esto!).

MIERCOLES 28 DE FEBRERO

Hoy ha amanecido el día nublado y por lo que dice la previsión del tiempo, no nos va a dar mucha cancha, pero aun así seguimos nuestros planes y, camino a Wellington, nos acercamos hasta Rivendell.

Después de un par de horas de carretera llegamos hasta un bosque frondoso con un aparcamiento y un cartel que indica que hemos llegado a la casa de los elfos.

Seguimos las indicaciones, escritas en inglés y en élfico, y llegamos hasta un plano donde explican como fue el montaje que hicieron aquí para transformar esta zona en esa bonita ciudad. Aunque no queda casi nada del decorado, damos un paseo imaginándonos por aquí a Frodo y Sam, Bilbo, Elrond. Lo único que permanece se aquellos días es este arco por el que la compañía deja atrás la ciudad en su camino a Mordor.

También hay este simpático metro donde indica cuales son las alturas de cada uno de los personajes y te invita a compararte con ellos… ¿os imagináis a quienes salimos nosotros?

Como vemos que no se nos ha hecho muy tarde, decidimos aprovechar e irnos ya directos hasta Wellington para visitar una de sus paradas obligatorias: el museo Te Papa.

Wellington es la capital de Nueva Zelanda, está ubicada en el sur de la isla norte y es uno de los puertos marítimos más importantes del país.  

Llegamos a las 4 y media a Te Papa y tenemos hasta las 6 que cierran el museo, así que no perdemos un minuto y nos metemos en sus exposiciones.

Este es un museo mayormente interactivo, que cuenta la historia del país, desde su formación hace millones de años hasta su historia reciente con la llegada de los colonizadores. Además, por la naturaleza del país, tiene un simulador se terremoto, muestra cómo se forman los volcanes…

Una planta entera esta también dedicada a la cultura maorí, a explicar su historia, sus tradiciones y creencias, a mostrar como construyen sus casas o los barcos con los que surcaron los marea años atrás.

Pero la planta que más nos llama la atención es la dedicada a los militares neozelandeses que, junto con los australianos, lucharon en la batalla de Gallipoli en la Primera Guerra Mundial, con figuras hechas en escala 2,4 veces mas grandes que su tamaño real.

A las 6 de la tarde salimos del museo y damos un paseo por el muelle de la ciudad, viendo como varios grupos de piraguas salen a remar por la bahía. Nos acercamos también hasta la calle “Cuba”, una de las más animadas de la ciudad y con muchísimos restaurantes de todos los colores y sabores.

Nos acercamos a la zona de acampar gratis de la ciudad, pero es un sitio pequeño y está ya lleno (ya nos habían avisado que a las 3 de la tarde ya se llenan de ansias) así que, no hay mal que por bien no venga, nos toca irnos a uno que está a las afueras de la ciudad, en plena playa, pero que nos regala unas vistas inmejorables.

JUEVES 29 DE FEBRERO

Hoy nos levantamos contentos, primero por el sitio en el que hemos dormido, alado de la playa, y segundo ¡porque es un día más de excedencia que tenemos de regalo por ser año bisiesto!

Nos vamos hasta Weta Cave, la “tienda museo” del taller Weta Workshop, el encargado de los efectos especiales de auténticos peliculones como El Señor de los Anillos, El Hobbit, Avatar, Las Crónicas de Narnia, King Kong…

El taller donde todo lo que te puedas imaginar cobra realidad se puede visitar por el módico precio de 60 NZD, pero la mayoría de las figuras se encuentran en la tienda, por lo que nos decantamos por esta última que además la entrada es gratis.

Desde que entramos no sabemos a dónde mirar, a que sacar fotos y con que flipar más. Están todas las figuras que te puedas imaginar de las películas, maquetas, armaduras… ¡y hasta unos pies de hobbit!

Después de una hora y media dando vueltas por la tienda y fijándonos en todas las cosas fijables, conseguimos salir de ella. Nos vamos camino al monte Victoria pero no sin antes una paradita rápida en el aeropuerto. Tenemos 10 minutos gratis desde que cogemos el ticket del parking así que soltamos el coche lo más rápido que podemos y nos vamos a llegadas internacionales donde un enorme Smaug hace guardia con un ojo abierto.

Subimos corriendo las escaleras mecánicas y dos águilas enormes, con Gandalf una de ellas, sobrevuelan en el vestíbulo de salidas internacionales.

Nos queda un minuto y diez segundos por el cronometro del reloj de Scheherezade. Deshacemos corriendo el camino andado, arrancamos y conseguimos pasar el ticket en… ¡¡09:48 segundos!!

Ahora sí, subimos con el coche hasta el aparcamiento en la cima del Monte Victoria. Desde ahí sale un camino que nos lleva por algunos de los escenarios donde se grabaron momentos míticos de la película de ESDLA como cuando los cuatro hobbits se esconden en la raíz de un árbol para ocultarse de un jinete oscuro.

Hacemos un poco más el bobo por ahí, buscamos otras esquinas del parque que nos recuerden a la peli y después de un largo rato cogemos el coche y nos bajamos a la zona del muelle a comer en uno de sus bancos.

Por la tarde nos acercamos al i-Site de Wellington donde tienen esta figura a tamaño real de Gandalf… ¡pero qué ciudad es esta! Damos un paseo de nuevo por el centro, buscando alguna tienda en la que poder encontrar algún recuerdo (aunque no encontramos nada) y nos vamos ya a la terminal de ferry.

Nuestro barco sale a las 20:30 pero recomiendan estar una hora antes para evitar retrasos. Cuando llegamos a las 18:30 está ya el muelle casi lleno de gente aún más ansias que Carlos. Entramos con el coche, lo dejamos aparcado en cubierta, preparamos una mochila con algo de cena, agua, ropa de abrigo, cargadores y cascos y nos vamos a buscar un rinconcito donde acomodarnos.

A las doce de la noche llegamos a Picton. Salimos del ferry y buscamos un parque donde poder aparcar el coche sin llamar mucho la atención. Hoy ha sido un día largo.