Las joyas de NZ: Monte Cook, Wanaka y Fiordland

JUEVES 07 DE MARZO

Amanecemos sin despertador, cuando el sol empieza a calentar a Poti-poti y enseguida nos ponemos en marcha. Por delante, hasta llegar al pueblo de Wanaka, tenemos una de las carreteras más bonitas de Nueva Zelanda. A los 10 minutos de dejar el camping atrás, aparece el lago Wanaka, el cual vamos recorriendo en una carretera paralela, hasta que esta cruza una montaña y, donde antes teníamos el lago Wanaka a la derecha, ahora aparece el lago Hawea a la izquierda. 

Las vistas durante toda la carretera son preciosas, alado del lago, con el reflejo en ellos de las altas montañas que tienen a su alrededor. Nos vamos parando en los huecos que aparecen en el lateral de la carretera para sacar fotos y disfrutar de las vistas, porque de verdad que son preciosas.

Al medio día llegamos a Wanaka, un pueblo a orillas del lago con el mismo nombre. Aunque el pueblo en sí no tiene mucho que ver, sus alrededores a lo largo de toda la orilla del lago merecen mucho la pena. 

De hecho, lo más famoso de este pueblo es un árbol que ha sobrevivido en medio del lago, completamente inundado alrededor por el agua. Tiene hasta un hastag que lo hace famoso, #ThatWanakaTree.

Sin embargo, a nosotros no es que nos llame mucho la atención, aparte de que casi hay que coger número, de la cantidad de gente que hay, para poder sacar la foto al árbol, asique continuamos la orilla del lago hasta llegar a la bahía de Glendhu, un lugar muy muy tranquilito que nos parece encantador y donde decidimos parar para comer y disfrutar de él un rato. 

Por la tarde nos acercamos a una gasolinera que tiene duchas y lavadora, donde aprovechamos para limpiarnos nosotros mientras se limpia también nuestra ropa, y de ahí nos vamos a hacer una compra para los próximos días a un supermercado grande que hay. Con todo listo, salimos de Wanaka (a donde volveremos) en dirección a los lagos Pukaki y Tekapo. 

Aunque la idea inicial es quedarnos a dormir a mitad de camino, la carretera vuelve a ser super chula y además nos turnamos un rato en el coche y así conseguimos llegar antes de que anochezca hasta el lago Pukaki y, aunque la tarde está aquí nublada, hace mucho viento y no hemos podido verlo bien, esta zona promete y mucho.

VIERNES 08 DE MARZO

Nos despertamos antes de que amanezca en el camping que hemos dormido a orillas del lago Pukaki. El cielo está completamente estrellado, lo que es buena señal ya que todas las nubes que lo cubrían ayer ya se han ido.

Enseguida y sin hacer mucho ruido, nos ponemos en marcha para recorrer los 50 kilómetros que separan el camping del Parque Nacional del Monte Cook.

Desde el primer momento, a pesar de no haber luna, la claridad que hay es increíble y nos permite ir disfrutando del paisaje. Esta zona de los lagos Tekapo y Pukaki está declarada como Reserva de Cielo Oscuro, lo que la convierte en una de las mejores del mundo para observar las estrellas. Pero es que cuando empieza a amanecer y el cielo se tiñe de naranja, el monte Cook se deja ver al fondo… nos quedamos sin palabras.

El monte Cook, o Aoraki en morí, es la montaña más alta de Nueva Zelanda con 3724 metros y es de gran importancia para la cultura morí, quienes la consideran sagrada. Toda la zona ha sido declarada Parque Nacional y hay numerosos senderos y trekkings para disfrutar de ella y recorrerla entera.

Para empezar, elegimos el Hooker Valley Track, un sendero sencillo, de apenas 5 kilómetros de longitud y 100 metros de desnivel, es una de las rutas más famosas del parque.

Llegamos sobre las 7 de la mañana al aparcamiento, donde queremos desayunar algo antes de ponernos en camino. Pero la sorpresa que nos llevamos es mayúscula cuando, al escuchar hablar español a la pareja del coche de alado, nos giramos y nos damos cuenta de que son Eli y Raúl, una pareja que conocimos buceando en Koh Tao, allá por septiembre del año pasado, y que están también viajando por el mundo. ¡Y son los del coche de al lado! ¿¿No es increíble lo pañuelo que es este mundo??

Por supuesto nos damos un abrazo en cuanto nos damos cuenta de la casualidad y prolongamos el desayuno más de lo que habíamos previsto mientras nos ponemos al día de los lugares que hemos visitado desde aquel día que nos conocimos en el barco que nos llevó a bucear en Tailandia.

Quedamos en vernos después para seguir charlando y ellos enseguida se ponen en camino. Algo más rezagados, salimos nosotros sobre las 8 de la mañana para comenzar la ruta.

Este trekking, de unos 5 kilómetros y prácticamente llano, nos lleva por el valle del río Hooker, rodeado de montañas y glaciares y con numerosos lagos y riachuelos, los cuales cruzamos a través de largos puentes colgantes.

Hasta llegar al lago Hooker donde enormes trozos de hielo que se han desprendido del glaciar, flotan y se mueven en el agua, y desde donde las vistas al monte Cook y el reflejo de las montañas es increíble.

Aprovechamos que el sol todavía no ha aparecido por encima de las montañas para ver un segundo amanecer sobre el lago. Poco a poco, a través de los picos, va entrando la claridad y asoman los primeros rayos de luz hasta que, una media hora después, todo el lago está iluminado.

Vemos a Eli y Raúl a lo lejos y nos acercamos hasta donde están ellos, haciendo ya el camino de regreso al coche contándonos todas las historias que nos han ocurrido hasta ahora.

Como aún es muy pronto, decidimos asomarnos los cuatro hasta el Kea Point, un mirador a la morrena del glaciar Muller. Aunque en el folleto de información indica que se tarda un par de horitas en hacerla, nosotros en menos de una hora la tenemos lista, por lo que Eli y Raúl deciden aprovechar el que es su último día en la zona y suben hasta el mirador de Sealy Tarn, mientras que nosotros nos decantamos por acercarnos hasta el glaciar de Tasman y dejar para mañana Sealy Tarn junto con la subida hasta Muller Hut.

El camino que lleva hasta el glaciar de Tasman y el lago azul es un camino muy sencillo, de apenas 20 minutos y prácticamente llano. La parte mala de ello es que, al ser tan sencillo y la hora que es, está llenito de gente. Pero, aun así, las vistas desde el mirador son muy chulas y te permiten ver el glaciar desde bastante cerca (más incluso que lo que vimos en Franz Josef o Fox).

Regresamos al pequeñito pueblo del monte Cook, donde hay algunos alojamientos de montaña chulísimos y, para nosotros, unas duchas que funcionan con monedas de 2 dólares jeje. Nos damos una ducha reconfortante, comemos algo y nos juntamos de nuevo con Eli y Raúl, con quienes buscamos un mirador a lo largo de la carretera del monte Cook paralela al lago Pukaki y nos tomamos unas cervezas juntos hasta que el sol se esconde ya y cada mochuelo regresa a su nido.

SABADO 9 DE MARZO

Hoy suena otra vez prontito el despertador. Son las seis y media de la mañana y nos ponemos ya en carretera para subir de nuevo los 50km que nos separan de los pies del monte Cook. Por el camino disfrutamos de otro amanecer increíble de esos que este país nos regala.

Llegamos al aparcamiento pasadas las siete. Nos preparamos el desayuno y nos lo tomamos dentro del coche mientras se empieza a animar la zona de caminantes.

Hoy queremos hacer el trekking que nos lleva hasta “Mullers Hut”, uno de los más exigentes de Nueva Zelanda en cuanto a distancia, 9 kilómetros, con un desnivel de 1100 metros. Telita.

A las ocho y cuarto equipados y encremados, nos ponemos a caminar. El trekking se divide en dos partes: la primera son 2200 escaleras que te llevan hasta el mirador de Sealy Tarns y en el que ya salvas la mitad del desnivel, 600 metros; y la segunda parte que es sin camino marcado, si no monte a través.

En el primer tramo nos cruzamos con bastante gente, entre ellos un matrimonio de más de 70 años que ahí están los tíos subiendo. Una hora y cuarto después, llegamos hasta nuestro primer objetivo, Sealy Tarn, y las vistas son ya impresionantes.

Descansamos un rato con estas vistas y sopesamos si seguir hasta la cabaña o no, ya que ayer le dimos algo de trote a las piernas y mañana queremos hacer otra ruta muy chula. Pero con las vistas que nos acompañan, somos incapaces de no seguir hasta arriba.

Esta segunda parte es un poco más técnica, al ir a través de la ladera por piedras sueltas, pero por lo menos no se hace tan monótona y pesada como las escaleras. Y otra horita después, nos plantamos ya en la cima. Y no podemos estar más felices de haber elegido seguir hasta el final. El mirador nos deja sin palabras de verdad.

Nos quedamos más de media hora ahí sentados, solos, escuchando el hielo crujir a lo lejos y viendo pequeñas avalanchas de nieve caer por la ladera de enfrente, sintiéndonos súper pequeñitos aquí.

Aunque podríamos quedarnos muchísimo más tiempo contemplando estas vistas, nos acercamos hasta la cabaña Muller y nos ponemos ya de regreso sobre el camino andando.

La primera bajada se hace algo más demandante, ya que las piedras sueltas se mueven y nos dan algún sustillo, pero sin problemas llegamos hasta el mirador. Hacemos una parada para descansar un poco las piernas y continuamos por las escaleras. A la una y media, con las piernas temblando de la bajada, pero super felices porque lo hemos conseguido, llegamos al coche.

Estiramos, nos tomamos una cervecita mientras tanto, y nos vamos a las duchas y a comer que estamos caninos. 

Nos despedimos ya del monte Cook, que tanto tanto nos ha gustado, y, después de pasar por el centro de visitantes a comprar un poco de sashimi de salmón que nos han recomendado Eli y Raúl, nos vamos a conocer el lago Tekapo.

Vamos directamente a la iglesia del Buen Pastor, una pequeñita construcción de piedra del 1935, y de ahí a la orilla del lago.

Pero como esta noche queremos dormir cerca de Wanaka para hacer otro trekking, nos ponemos enseguida de nuevo en marcha para recorrer las casi 3 horas que nos separan del camping en Wanaka.

DOMINGO 10 DE MARZO

Nos despertamos a las 07:30, cuando empieza a entrar luz en el coche, porque el despertador no nos ha sonado a las 7. Hoy daban nubes a primera hora, pero la verdad es que el día ha despertado completamente despejado, asique nos ponemos en marcha y vamos hasta el parking del Roy’s Peak, ya que no es muy grande y se llena fácilmente.

Cuando llegamos, aparcamos en uno de los pocos sitios que ya quedan libres y aprovechamos para desayunar y cargarnos de fuerzas, que nos espera un exigente trekking por delante.

El Roy’s Peak Track es una ruta de 16 kilómetros (8 ida, 8 vuelta por el mismo camino) y con un desnivel de 1100 metros, subiendo hasta la cima de pico Roy’s por un camino zigzagueante dibujado en su ladera. Lo que la hace algo más durilla es el hecho de que desde el inicio es una subida constante, sin un solo tramo llamo, y que está completamente expuesta al sol, sin una sola sombra donde esconderse.

A las 9 de la mañana comenzamos la subida, sin prisa, pero sin pausa. Por el camino nos cruzamos con vacas, ovejas marinas que están tranquilamente pastando y mucha gente que, como nosotros, quiere aprovechar el buen día que hace hoy.

Un par de horas después llegamos por fin al primer mirador, uno de los más conocidos de esta ruta y hasta donde la mayor parte de la gente sube. Y es que las vistas merecen la pena.

Desde aquí hasta la cima queda 1,5 kilómetros y nos vemos con fuerzas, asique seguimos subiendo hasta el pico. En algo más de media hora estamos coronando la cima y la sensación de haber llegado, el esfuerzo, el día que hace y las vistas que tenemos… es increíble.

Nos sentamos a descansar, comer algo para recargar fuerzas y disfrutar de este momento. No nos queremos ir.

Pero toca una de las peores partes junto con la subida, que es la bajada, por lo que antes de apalancarnos más de la cuenta, comenzamos a bajar. Se hace larga y algo dura, pues el sol ya calienta bastante y las rodillas dicen que están cansadas, pero cuanto antes acabemos esto, mejor, asique seguimos sin parar hasta que, dos horas después, llegamos al aparcamiento.

Como ya viene siendo tradición, llegamos, nos quitamos las zapatillas, estiramos un poco los músculos de viejetes que ya tenemos, y saboreamos la cerveza de la victoria. Que bien que entra, madre mía.

De aquí nos vamos al supermercado New World, que tienen comida preparada y calentita para comer. Después nos pegamos una buena ducha en el polideportivo de alado y nos quedamos a ver un entrenamiento de netball, un deporte que se practica aquí en Nueva Zelanda similar al baloncesto, mientras aprovechamos el wifi del polideportivo.

Volvemos a dormir al camping gratis de ayer, que ya nos lo conocemos y, tras una pequeña riña de Carlos con un señor que no nos deja aparcar donde queremos, caemos rendidos en la cama hasta mañana.

LUNES 11 DE MARZO

Hoy dan lluvia por la mañana hasta las 10 o así, y entre eso y el cansancio acumulado, hoy nos despertamos a las 8 sin prisa.

Nos acercamos a desayunar al lago Wanaka, uno de nuestros sitios favoritos de nuestro viaje por Nueva Zelanda, y desde aquí cogemos la carretera que nos lleva hasta el glaciar Rob Roy. Después de los 10 primeros kilómetros, la carretera pasa de estar asfaltada a ser un mal camino de tierra lleno de piedras. Tiramos un poco más para delante, pero Poti-Poti tiembla de lo lindo y con los añitos y el trote que ya tiene (casi 400 mil kilómetros) no las tenemos todas con nosotros de que nos vaya a aguantar. Además, nos cruzamos con un señor muy majo que va a pescar al río y que nos dice que la semana pasada él tuvo un pinchazo por esa carretera, asique decidimos no jugárnosla y abortamos plan. Vemos el tiempo en Queenstown y dan solazo asique, sin dudarlo, nos hacemos la hora y pico que nos separa de la capital de los deportes de aventura.

Cuando llegamos, después de bajar un puerto de montaña con unas vistas espectaculares, es ya la hora de comer, por lo que aparcamos el coche y vamos a Fredsburguer, las hamburguesas más famosas de la ciudad y dicen que las mejores del mundo.

Cuando llegamos hay una cola enorme, por lo que pasamos de largo y nos dedicamos a andar por las tiendecitas de este pueblo tan cuco. Casi una hora después, cuando ya nos estamos yendo a hacernos la comida en algún parque, pasamos de nuevo por la hamburguesería y la vemos prácticamente vacía, así que nos tiramos corriendo a por ella antes de que cambien las tornas.

Ya con nuestras hamburguesas, que huelen a gloria, nos vamos hasta la orilla del lago donde nos disfrutamos la comida. No sabemos si serán las mejores del mundo o no, pero la verdad es que están realmente buenas.

Aprovechamos la tarde para recorrer la carretera que une Queenstown con Glenorchy, la cual va toda paralela al lago y está considerada una de las más bonitas de Nueva Zelanda. Y no hay duda de que lo es. 

Nos acercamos también hasta el pueblo de Arrowtown, el cual se desarrolló enormemente con la fiebre del oro y en el que todavía quedan vestigios de aquella época, como la casita de la policía, el barrio chino o la calle principal con sus bares y tiendas.

Por último, antes de ir a Lumsden donde dormimos en un aparcamiento muy curioso en el que recrean una estación de tren, con sus trenes antiguos y demás, nos acercamos al río Kawarau, desde donde se tienen unas bonitas vistas al río Anduin e incluso, con un poco de imaginación, se ven los Argonath custodiando la entrada.

MARTES 12 DE MARZO

Como hoy daban buen tiempo (o por lo menos no lluvia) hasta antes de comer, nos levantamos pronto en la “estación de tren” en la que hemos dormido y en seguida nos ponemos en marcha, porque fuera es de noche aun y hace frío por lo que no hay muchas ganas de salir a prepararse el desayuno.

El objetivo de hoy es llegar a Te Anau con tiempo aún para poder visitarlo, pero antes queremos hacer una parada que nos han recomendado nuestros amigos también frikis Eli y Raúl: los lagos Mavora. Y es que aquí se grabaron algunas escenas míticas de las películas de ESDLA.

La primera parte de la carretera es asfaltada, pero, antes de lo que nos gustaría, se vuelve un camino de tierra. De todas formas, está en bastante mejor estado que la que nos llevaba hasta el glaciar de Rob Roy asique seguimos adelante.

Media hora después cogemos el desvío a los lagos y nos metemos en un frondoso bosque (el bosque de Fangor 😉 ) hasta que a nuestra izquierda aparece el primero de los dos lagos Mavora, el que se encuentra más al sur. El tiempo de momento respeta, no hace nada de viento por lo que el agua del lago está completamente en calma y las vistas son espectaculares.

Seguimos el camino que recorre toda la orilla del lago hasta que llegamos a una gran explanada amarilla que contrasta con el verde de los árboles y las montañas grises de fondo. Seguimos avanzando hasta que llegamos a orillas del lago norte, donde paramos el coche y sacamos las sillas para pegarnos el desayuno que nos merecemos.

Andamos por el bosque, buscamos la orilla en la que Frodo se despide de Sam y se aventura al río el solo con una barca o donde la Comunidad lucha contra los Uruk hais y Boromir acaba cayendo. Hacemos también algunas tomas con el dron, hasta que las molestas sandflies nos hartan y tenemos que meternos de nuevo en el coche.

Por último, nos acercamos hasta las lindes del bosque de Fangor, donde los rohirrim acaban con una partida de Uruk hais de Saruman y dejan la cabeza de uno de ellos clavada en una pica, después de quemar todo lo demás.

Desandamos el camino que hemos hecho hasta los lagos y, haciendo autostop, nos encontramos a un chico alemán con una cara de frío roja roja que no puede con ella. Le hacemos un hueco en la parte de atrás del coche y le acercamos hasta la carretera principal mientras nos cuenta que trabajaba en IT en Alemania pero que no le gustaba su trabajo, asique lo dejó y lleva tres meses andando por Nueva Zelanda, desde la esquina más al norte del país. Es increíble las historias que te encuentras por el mundo. 

Sobre las 12 del mediodía llegamos a la localidad de Te Anau, un pueblo turístico creado por y para servir de entrada a Milford Sound, una de las zonas más turísticas del país y motivo principal de visita a Nueva Zelanda de muchos viajeros. Milford Sound, ubicado en el Parque Nacional de Fiorland, es un famoso fiordo neozelandés, muy visitado ya que se puede acceder hasta él por la carretera que une Te Anau con el “pueblecito” que hay en Milford. 

Como el tiempo aun aguanta, aprovechamos para dar un paseo por el pueblo, entrar en las tiendecitas de recuerdos y en las de ropa de trekking. Nos acercamos hasta el i-Site del DOC y les pedimos información sobre el camping en el que dormir esta noche, de camino a Milford Sound y ya que estamos probamos suerte a ver si tienen espacio para hacer la Milford Track. Este trekking es uno de los llamados “Great Walk” que existen en Nueva Zelanda, en el cual caminas durante 4 días y 3 noches por el parque nacional, durmiendo en las cabañas que hay en él. El problema es que las plazas son muy muy limitadas y cuando se abre vía online su reserva (con medio año de antelación) se agotan en cuestión de segundos. Nuestra cara es de póker cuando de repente, la mujer del DOC, nos informa que hay dos plazas para empezar hoy la Milford Track. 

Nos miramos con cara de incrédulos y automáticamente nuestra cabeza se pone a trabajar a doscientos por hora. No tenemos todo el material necesario para hacer esta ruta, ya que tienes que ser completamente autosuficiente y llevar contigo tu ropa, tu comida, tu saco… asique buscamos lo primero una tienda en la que poder alquilar, por lo menos, un saco de dormir y ropa para el agua. La encontramos. El siguiente paso es buscar comida deshidratada para podernos llevar para los 4 días, pero como este pueblo existe por y para este parque, hay varias tiendas en las que puedes comprar este tipo de alimentos. Listo. El siguiente paso es acercarnos hasta la empresa, Southern Discoveries, con los que tenemos contratado mañana un crucero por el fiordo, para ver si nos lo pueden modificar de fecha. Nos dicen que sin ninguna pega. Regresamos corriendo hasta el i-Site con todos los deberes hechos, pero de repente nos paramos a ver qué días vienen por delante y, aunque es verdad que mañana dan un día increíble, el jueves y el viernes por la mañana son de lluvia y frío a más no poder. Lo pensamos en frío, bajamos un poco revoluciones del momento inicial y, al final, decidimos aguantarnos las ganas y no hacer el trekking, pero seguir estando atentos por si se quedaran de nuevo un par de plazas libres para los próximos días.

Por la tarde, con la lluvia ya encima, aunque ligera (aquí llueve de media 200 días al año), nos adentramos en la única carretera que comunica Te Anau con Milford para llegar hasta el camping de Cascade Creek donde hacemos noche. Este primer tramo nos deja ya más de una vez con la boca abierta y con unas ganas enormes de que llegue el gran día de mañana.

MIERCOLES 13 DE MARZO

Suena la alarma y aún no ha amanecido. Son las 7 de la mañana y hoy, a pesar de que durante toda la noche parecía increíble por el diluvio que ha caído durante horas, se levanta el cielo despejado. Desayunamos algo rápido y nos ponemos en camino, tenemos que llegar a Milford a las 9 de la mañana para coger el crucero con el que recorreremos el fiordo.

El tramo de carretera que nos queda, aunque no es más largo que el que hicimos ayer y en una hora y poco deberíamos de recorrerlo, atraviesa el túnel de Homer. Este túnel, inaugurado en 1953, son 1,2 kilómetros excavados a través de la maciza montaña. Para controlarlo, hay semáforos en sus accesos, los cuales permiten la circulación en un sólo sentido y van turnándose cada cierto tiempo, siempre que no detecten nada en el interior del túnel. Por suerte, cuando llegamos hay una gran cola en nuestro sentido ya de espera y en cuestión de medio minuto, nos abren el acceso para cruzar el túnel.

Bajamos el puerto de montaña, desde los casi mil metros a los que se encuentra el túnel hasta el nivel del mar en el que está Milford con un olor a chamusquina en nuestros frenos que no veas. Pero Poti-poti se porta y llegamos hasta el aparcamiento gratuito donde dejamos el coche y andamos unos 20 minutos hasta la terminal de pasajeros desde donde salen todos los feries.

A las 09:20 horas estamos embarcando en el ferry y nos subimos directamente a la cubierta más alta en el lado de babor, ya que, por recomendación de la azafata a Carlos, este es el sitio en el que mejores vistas se tienen. El barco desatraca y las siguientes dos horas son de puro disfrute de paisaje, navegando entre los recovecos del fiordo, flipando con todas las cascadas, más o menos caudalosas, que caen desde lo alto de la montaña y que se van abriendo camino hasta el mar… increíble. 

Pasamos mucho frío también, hasta el punto de que las manos y la cara se ponen rojas y cuesta sentirlas, pero merece todo la pena. Tantos, tantos años oyendo hablar de Milford, viendo fotos y videos… y por fin estamos aquí y es tanto o más bonito que lo que siempre habíamos imaginado.

Casi al final del trayecto, desembarcamos en un observatorio flotante que han creado en el fiordo. En este, aparte de explicarnos el motivo del color verdoso del agua y de contarnos un poco sobre su historia, bajamos hasta los 10 metros de profundidad para poder ver el peculiar coral negro. Este coral, que para empezar no es negro si no blanco, crece sólo a grandes profundidades, ya que es muy sensible a la luz solar, que puede ser demasiado fuerte para ellos. Sin embargo, Milford Sound tiene una capa superficial de agua teñida por taninos de los bosques, lo que bloquea los rayos de luz y permite la proliferación de este coral.

Embarcamos de nuevo para hacer el último tramo a bordo del ferry hasta la terminal desde la que salimos, pero no porque sea el último es el más flojito y si no mira por qué cascada pasamos…

Cuando atracamos de nuevo son casi las doce y media y hace un sol increíble y, aunque tenemos algo de prisa por aprovechar el día y poder ver más cosas, nos regalamos un poco más de tiempo disfrutando de las vistas de Milford.

Cogemos el coche y, tras preparar unos bocatas rápidos para comer, volvemos a subir el puerto hasta cruzar el túnel de Homer y cogemos el desvío que nos lleva al aparcamiento del lago Marian.

Este trekking es de unas 3 horas y nos lo ha recomendado bastante gente, y como aún son las 2 de la tarde y hace un sol espléndido, no lo dudamos y nos ponemos en marcha.

La primera parte transcurre más o menos llana, alado de un río que forma unas pequeñas cascadas chulísimas.

Pero cuando este tramo-engaño acaba, empieza una subida cuesta arriba continua a través de piedras, ríos (que bajan con apenas caudal, menos mal) y un bosque verde lleno de musgo increíble.

Hora y media después, y tras estar de barro hasta las orejas, llegamos al lago y la primera expresión que nos sale nada más que lo vemos es: ¡Uau!

Este lago, de origen glaciar, esta custodiado por altas montañas, por las que caen y caen cascadas y el silencio que reina es increíble. Buscamos un sitio donde descalzarnos y dejar nuestras cosas para meternos un poco a remojo. Aunque solo son los pies, tenemos suficiente para darnos cuenta de la temperatura congeladora a la que está el agua. 

El resto del tiempo lo pasamos sentados en las piedras de la orilla del lago, en silencio, simplemente disfrutando del momento.

Comenzamos la bajada, sin pausa, pero sin prisa, intentando que no se nos haga muy tarde porque todavía nos queda casi toda la carretera de vuelta hasta Te Anau y queremos disfrutar de los paisajes con luz.

Cuando llegamos al pueblo acaban de cerrar las duchas y la verdad es que después de este último trekking sí que las necesitamos. Miramos en los alrededores y encontramos en Manapouri, un pueblo a un cuarto de hora de Te Anau, un camping con muy buenas reseñas por 22 NZD por persona y noche. Como tiene duchas de agua caliente y lavadora, nos vamos para él a acabar allí un día que ha sido absolutamente increíble.

JUEVES 14 DE MARZO

Amanecemos en el camping enfrente del lago Manapouri y, tal y como las previsiones indicaban, hace un día bastante malo. Aprovechamos la mañana en las zonas comunes del camping para mirar cosas con el ordenador, poner una lavadora y preparar la comida en las cocinas.

Después de comer, que ya nos parece que estamos empezando a abusar un poco de la hospitalidad del sitio, nos ponemos en marcha para llegar de nuevo al aparcamiento de la estación de tren de Lumsden, al que parece que le hemos cogido el gustillo. Durante todo el día nos pasamos refrescando la página del DOC, a ver si aparecen un par de sitios para hacer Milford Track los próximos días, pero no estamos de suerte…

VIERNES 15 DE MARZO

Hoy ha sido un día muy tranquilo, de viaje de un lugar a otro y piscina final.

Hemos amanecido lloviendo en Lumsden y tras desayunar con tranquilidad y recoger un poco el coche, nos hemos puesto en camino hacia el sur, a Invercargill.

En esta ciudad, la más grande de la parte sur de la isla, hemos hecho una compra grande en el Pack N Save que ya nos estábamos quedando sin provisiones. 

De qui, hemos comenzado la carretera que va por el sur de la isla, parando en algunos de sus sitios más especiales como el faro de Waipapa o Slope Point, el lugar más al sur de la isla sur de Nueva Zelanda (¡y en el más al sur que hemos estado hasta ahora en nuestro viaje por el mundo!)

Hemos seguido hasta la bahía de Curio pero cada vez llovía más y el viento soplaba más fuerte y frío (viene del sur, del Antártida) asique al final, con dolor de cabeza incluido, hemos decidido abandonar las paradas y seguir directos hasta Dunedin.

A las 19:30 de la tarde, cuando hemos llegado, hemos ido directos a unas piscinas con spa de agua caliente, donde hemos conseguido recuperar del calor y de las que hemos salido como nuevos, listos para cenar y meternos en la cama a dormir.