Milford Track, una de las rutas más bonitas del mundo

SÁBADO 16 DE MARZO

Hoy nos levantamos pronto por obligación; el aparcamiento en el que hemos dormido empieza a ser de pago a las 8 de la mañana. Nos movemos a una zona de alado, donde no hay que pagar, y desayunamos tranquilamente.

Cuando empieza a levantar el sol y hace un poco menos de frío (aunque sigue haciendo un frío de narices), arrancamos para conocer la península de Otago. Esta zona es conocida por enormes campos verdes llenos de ovejas, escarpados acantilados y mucha fauna marina, que incluye leones marinos, focas, pingüinos… y si tienes mucha suerte hasta ballenas.

Vamos primero hacia la playa de Allans, donde dicen que es bastante fácil ver focas y leones marinos. Hacemos una primera parada en un mirador que hay, pero no hay suerte y no vemos ningún animal.

Cuando nos subimos de nuevo al coche, Scheherezade refresca de nuevo la página del DOC para reservar la Milford Track y esta vez… ¡sorpresa! Aparecen dos huecos para empezarla mañana domingo. ¡Frena! ¡No pierdas cobertura! ¡¡Hay hueco para hacer la Milford Track!! Espera, espera, que no puede ser… refresca de nuevo… ¡Que siiii! ¡Que hay dos huecos! Miramos corriendo la previsión meteorológica y no nos lo creemos… aunque el domingo dan un poquito de lluvia, ¡¡¡el lunes, el martes y el miércoles los dan magníficos!!! Asique reservamos tan tan tan rápido como nos dan los dedos a rellenar todos nuestros datos, aceptar los términos y condiciones y… ¡ya son nuestros! ¡Tenemos huecos para hacer la Milford Track!

Aún sin creérnoslo, nos acercamos a la playa a echar un vistazo rápido y, nada más andar unos pasos, nos encontramos una simpática poquita echándose una siesta.

Después de mil fotos, la tía sigue sin inmutarse. Seguimos andando y a lo lejos vemos lo que parece un tronco enorme que ha traído la marea. Sorpresa nuestra que cuando nos acercamos vemos un enorme león marino tumbado en la arena durmiendo. Nunca habíamos visto tan de cerca a uno de estos animales y la verdad es que impresiona. No tenemos ni idea, pero con lo grande que es, calculamos que puede pesar hasta 500 kg. Una auténtica barbaridad.

Son las 10:30 de la mañana, tenemos 4 horas de coche hasta Te Anau y tenemos que hacer una compra para el trekking, que incluya comida deshidratada y demás. Y tenemos que estar antes de las 16:30 en el i-Site de Te Anau del DOC para hacer el check-in del trekking. Todo eso sumado a los nervios que tenemos ya en el cuerpo, nos vamos del tirón al Pack N Save, hacemos una compra de frutos secos, fruta, pan, comida deshidratada… y en cuanto podemos nos ponemos ya en marcha hacia Te Anau.

El camino se hace ameno, buscando información sobre la ruta, haciendo una lista de todo lo que tenemos que llevar, como tenemos que reorganizar nuestras mochilas… y llegamos a las 16:20, sobre la bocina, que el i-Site cierra a las 16:30.

Una chica argentina super simpática comprueba nuestra reserva, nos da la última información sobre la ruta, incluyendo la previsión meteorológica, y nos imprime ya nuestros billetes que nos dan acceso a una de las rutas más bonitas del mundo.

De aquí nos vamos a contratar las lanzaderas que nos hacen falta para hacer el trekking; una en forma de bote que nos cruza el lago desde Te Anau hasta el inicio del trekking, otro bote para el día que acabamos en Milford Sound cruzar de nuevo el lago y por último un autobús que nos lleve desde Milford Sound hasta el aparcamiento de Te Anau donde dejamos el coche (un par de horas).

Intentamos alquilar sacos de dormir que no tenemos y ropa impermeable, pero la tienda está cerrada ya al ser sábado por la tarde. Conseguimos contactar con los dueños y se comprometen a estar mañana a las 08:30 para darnos todo lo que necesitemos, esperemos que sea verdad.

Y ya, sí que sí, nos vamos al camping de Manapouri donde estuvimos tan bien el otro día, para aprovechar allí y pegarnos una buena ducha (en todo el trekking no hay duchas), cargar a tope todos los aparatos electrónicos (tampoco hay luz) y descansar bien y coger fuerzas para lo que nos viene por delante. Más felices no podemos estar.

DOMINGO 17 DE MARZO

¡Ha llegado el día! Nos despertamos pronto para que nos dé tiempo a desayunar bien, cocer la pasta que comeremos estos días y estar a las 08:30 en la tienda de Bev donde vamos a alquilar el material.

Después de repasar la mochila y leer sobre las cosas que recomiendan llevar, decidimos alquilar un par de sacos de alquiler, un par de bastones, dos pares de guantes, 2 chaquetas impermeables y utensilios para comer y cocinar como cubiertos, tazas, cazo…

Con todo ya en nuestro poder, buscamos un rincón enfrente del lago donde aparcar el coche y hacer la mochila con las últimas adquisiciones.

Estamos tan tranquilos preparando todo cuando un coche llega a la zona donde estamos nosotros diciéndonos que van a venir a sacar unas fotos que si nos podemos mover. Echamos el coche un poco para atrás para dejarle hueco entre nosotros y el lago para que aparque su coche y saque sus fotos. La sorpresa es cuando, de repente, nos vemos envueltos en una concentración de 10 coches Mercedes. El señor se acerca de nuevo a decirnos que le estorbamos en la foto, que si nos podemos quitar de nuevo y le decimos que vale, pero que nosotros también hemos ido ahí para disfrutar del lago, no para que nos echen, a lo que una dueña de otro de los Mercedes viene diciéndonos que estamos en el medio, que nos apartemos ahora mismo.

Y hombre, una cosa es ser bueno y otra ser imbécil, y cuando una señora te viene a gritos de fondo diciéndote que te quites para que ella se saque una foto, pues te cabreas un poco y, lo que es seguro ya, es que de ahí no te mueves.

A continuación, tenemos que aguantar simulaciones de que llaman a la policía, 4 o 5 señores grabándonos a nosotros y la matrícula del coche y todo tipo de bonitas palabras. Menos mal que al final todo queda en una historia más que contar y los Mercedes se van por el mismo sitio por el que han venido.

Nos pasa de todo siempre… ¡pero el día de hoy no lo va a nublar nada ni nadie! Bueno, el tiempo de Nueva Zelanda aquí sí, si quiere…

Con la mochila ya lista, conducimos hasta el aparcamiento de Te Anau Downs, donde hay un pequeño muelle desde el que sale la lancha que nos cruza el lago.

Nuestro patrón nos dice que estamos de suerte, ya que hay veces que lleva hasta a 20 caminantes al inicio de la Milford Track y hoy solo somos otras dos chicas jóvenes y nosotros.

Una hora después desembarcamos en la otra orilla del lago y un cartel de Milford Track nos indica que aquí empieza nuestro camino.

Hoy es un día fácil, con solo 5 km sin prácticamente desnivel por lo que a las 2 de la tarde (paradas para fotos incluidas) llegamos al primer refugio: Clinton. 

Buscamos un par de camas libres, dejamos ahí nuestras cosas y nos acercamos a la zona común a apuntarnos en el listado de que hemos llegado. El resto de la tarde la pasamos dando una vuelta por los alrededores, hablando con otros caminantes y disfrutando de la tranquilidad.

A las 19:30, cuando ya estamos los 40 afortunados que estamos haciendo la Milford Track, se acerca el ranger responsable de este refugio y nos da una charla sobre la ruta de mañana, la previsión que nos espera y las normas básicas de convivencia cuando compartes habitación con otras 20 personas (ya 

Después de cenar un poco de la pasta cocida que nos hemos traído, mezclada con una lata de atún con tomate, nos acercamos a ver los gusanos brillantes que nos ha dicho el ranger que hay, antes de irnos a dormir.

LUNES 18 DE MARZO

Vaya noche toledana. Entre ronquidos y chinos hablando en el cuarto, entrando 80 veces y abriendo sus bolsitas de noodles… no hemos conseguido pegar ojo.

¡Pero bueno! Hoy tenemos la primera etapa larga de Milford Track: por delante, 17,5km hasta el refugio de Mintaro.

El día de hoy es también sin mucho desnivel (solo un poco al final), a lo largo de un enorme valle custodiado por montañas de las que caen millones de cascadas y con puentes colgantes para atravesar todos los ríos que se forman.

La parte final para llegar hasta el refugio se mete en un bosque tropical de un color verde intenso donde casi ni penetra la luz por la maleza.

Cinco horas y cuarenta y cinco minutos después llegamos al refugio. Todo de madera, con enormes ventanas, a los pies de las montañas, alado de un río y rodeado de bosque… de ensueño.

Comemos la pasta con atún y por la tarde damos una vuelta por los alrededores, nos acercamos al río donde coincidimos con el matrimonio coreano, quienes nos cantan una canción tradicional de su país.

A las 19:30 estamos en el refugio para la charla diaria del ranger, que en esta ocasión trata de la historia maorí acerca de la creación de Milford.

No llevamos ni 5 minutos metidos en la cama cuando el chino que ha cogido la litera de encima nuestro se pone a roncar como un auténtico animal. No nos lo podemos creer. Ya hemos descubierto quien fue el que ayer ronco hasta la saciedad. Y por supuesto no podemos afrontar una noche más así. Aprovechando que ya no queda nadie levantado, salimos con nuestros sacos de dormir y nos metemos en las primeras dos camas libres que vemos en la habitación de alado. Hemos librado por hoy, pero queda una noche más.

MARTES 19 DE FEBRERO

A las 06:30, cuando se encienden todas las luces del refugio, nos desperezamos y volvemos a nuestro cuarto. Cuando llegamos, el matrimonio chino ya no está en la habitación, pero las caras de los otros 7 ocupantes son de auténticas ganas de matar. Enseguida nos preguntan que qué hemos hecho y nos cuentan que ha sido una noche horrible, que no había forma de hacer que dejara de roncar. Incluso una mujer nos dice que a las 2 de la mañana aún no había pegado ojo y solo quería llorar.

Como el día anterior, a las 8 de la mañana empezamos nuestro camino. La primera parte es cuesta arriba, con un desnivel de 500 metros bastante asequible. Una hora y poco después llegamos hasta el paso de Mackinnon, el punto más alto de la ruta con 1154 metros 6 que recibe su nombre por el hombre que lo descubrió en el 1888.

Aunque la preciosa meteorológica es que va a ser un día despejado, a las 09:15 está todavía todo nublado y estas son las vistas que tenemos del monumento en homenaje a Mackinnon.

Sin embargo, por lo que nos dicen otros caminantes y por algún claro que aparece de vez en cuando, las vistas desde aquí son increíbles, asique, a pesar del viento y el frío que hacen, nos resistimos a continuar sin verlas.

El resto de caminantes siguen y nos quedamos esperando con un chico de Chicago casi una hora y media hasta que, cerca de las 11, decidimos seguir ya que nos queda mucho camino por delante.

Llegamos hasta el refugio que hay en el paso, cogemos un poco de calor y comenzamos la bajada, cuando de repente… el cielo se empieza a abrir y… ¡tachan! Aparecen ante nosotros esas montañas (y un glaciar) que tanto habíamos esperado.

Toda la bajada la hacemos acompañados con estas vistas, sacando fotos cada dos por tres porque cada rincón nos parece más y más chulo. 

La siguiente etapa es paralela al río de nuevo, pero al haber aquí mucha más pendiente, aparece cada 50 metros una cascada nueva a nuestro lado izquierdo.

Cuando estamos casi llegando al refugio de Quintín, nos encontramos con una familia neozelandesa, con la que hemos compartido estos días, y nos dicen que el padre se ha caído y se ha dado un golpe importante en la cabeza. El tiene toda la cara llena de sangre y, aparte de que el hijo le lleva la mochila, parece ser que cuando se ha levantado de la caída no se acordaba ni dónde estaba.

Hablamos un poco con ellos y convencemos al hijo de que abra la mochila de su padre (que es de 60 litros) y reparta el peso entre los que estamos ahí, mientras el padre continúa despacio, pero sin pararse hasta el refugio final de hoy junto con su mujer.

Una vez repartido el peso, seguimos nuestro camino hasta el refugio de Quintin, donde hay un desvío de unos 3,5 kilómetros para acercarse hasta la cascada de Sutherland que, con 580 metros, es el salto de agua más alto de Nueva Zelanda.

Dejamos las mochilas en el pequeño cuarto que han habilitado para los que quieran acercarse hasta la cascada y como nos vemos más o menos frescos, nos decidimos a acercarnos. Y hemos de decir que el esfuerzo merece la pena. Una caída de agua enorme, rodeada de fiordos y naturaleza.

Nos cargamos de nuevo la mochila a la espalda y seguimos la recta final que nos queda hasta llegar al refugio de Dumpling. Cuando llegamos, sobre las 5 de la tarde, las cabañas de madera están super calientes del sol que les ha estado dando todo el día, asique aprovechamos para ir al río y bañarnos, ya que el resto del día, por el fresquito que hacía y por lo congelada que está el agua no nos hemos atrevido.

Cuando llegamos a la orilla nos quitamos corriendo la ropa para no dejar que las sandlfies nos acribillen y nos vamos, sin pensárnoslo, al agua. ¡Madre mía! ¡¡¡Ni en pleno invierno en la ría de Ferrol esta tan fría el agua!!! Eso sí, el bañito nos sienta que no veas para refrescar las piernas que vienen cansadas de la tirada de hoy.

Entre unas cosas y otras nos dan las 6 y pico de la tarde, por lo que hacemos ya una comida-merienda-cena con lo que nos queda de comida y nos quedamos charlando con los compañeros de viaje hasta que a las 19:30 se acerca el ranger a darnos la usual charla del camino con sorpresa hoy: la pareja surcoreana se anima y salen a la palestra a cantarnos a todos una canción típica de su país.

Después del buen rato y las risas toca ya irse a dormir, además se nota que el cansancio ha hecho ya mella y a las 8 y media de la tarde no queda nadie en el comedor.

MIERCOLES 20 DE MARZO

Suena el despertador a las 6 de la mañana. Nos levantamos sin hacer mucho ruido, intentando no molestar a los compañeros de habitación, y nos vamos a desayunar. Hoy nos levantamos tan pronto porque la etapa es de 18 kilómetros y nos gustaría acabarla sobre la 1 del mediodía, para así tener una horita para disfrutar una vez más de las vistas que hay en Milford Sound antes de que nos recoja el autobús lanzadera y nos lleve hasta el coche aparcado en Te Anau Downs.

Cuando ya todos se han despertado, entramos de nuevo en la cabaña, terminamos de hacer la mochila, nos equipamos y a las 7 en punto estamos dejando atrás el refugio. Todavía no ha salido ni el sol, por lo que los primeros metros son a oscuras y con linterna, lo que nos permite ver muchas pequeñas cuevecitas formadas por las raíces y troncos de los árboles llenas de gusanos brillantes.

La ruta de hoy, aunque larga, es muy llana y encima tiene un par de paradas a lo largo del camino para ver las cascadas Mackay y el lago Ada.

A las 12:15 un cartel (y nuestro amigo taiwanés dando gritos) ¡nos anuncia que lo hemos conseguido! ¡Hemos hecho los 53,5 kilómetros de una de las rutas más bonitas del mundo!

Desde esta orilla, Sandfly point por la cantidad de estos mosquitos que hay aquí, cogemos un barquito de 5 minutos que nos cruza el fiordo y nos deja en el embarcadero de Milford Sound. Como tenemos tiempo, dejamos las mochilas en el restaurante donde nos recoge el autobús a las 14:30 y nos acercamos a comernos los bocatas que nos hemos ganado hasta la orilla del fiordo.

Cuando nos subimos al bus, en el que justo coincidimos con dos matrimonios kiwis con los que al final hemos hecho muchas migas y dos amigas kiwis de más o menos nuestra edad (la verdad que éramos de los más jóvenes de la ruta y de los pocos extranjeros, el 70% eran neozelandeses), caemos redondos, los ronquidos de las 3 noches pasadas se notan.

Una hora y media después estamos en el aparcamiento, donde nos despedimos de nuestros nuevos amigos y nos subimos al coche en busca de una ducha. Comemos la pasta que teníamos esperándonos en coche y nos ponemos en camino, ya que tenemos 48 horas para llegar a coger nuestro vuelo en Christchurch.

Coincide que este camino final nos “lleva” (o pasa al menos cerquita y ya que estamos hacemos el desvío) por algunos de los lugares que más nos han gustado de esta isla sur, por lo que lo bautizamos como nuestra ronda de despedida de este país que tanto nos ha dado y gustado.

Llegamos a dormir a orillas del lago Dunstan, después de haber recorrido de nuevo la Ruta Escénica del Sur paralela al lago Wakatipu y haber pasado por Queenstown y su cadena montañosa de los Remarkables.

JUEVES 21 DE MARZO

Nos despertamos con el sol saliendo por encima del lago y aprovechamos para desayunar con estas vistas antes de seguir.

La siguiente parada es a orillas del lago Pukaki, el color azul más impresionante que hemos visto, y con el Monte Cook nevado de fondo. Podría quedarme en este mirador, en el que ya le hemos echado horas y cervezas, mucho mucho tiempo. Creo que si pienso en la imagen más bonita de este país me viene ésta a la mente.

Después de otro buen rato, y su correspondiente compra de sashimi de salmón en el centro de visitantes, seguimos hasta el lago Tekapo y de aquí al pueblo interior de Fairlie donde aprovechamos para lavar toda la ropa sucia del camino y llevarnos ya la mochila limpia y donde probamos también los pies más ricos que hemos comido en todo este mes, uno de salmón con bacon y otro de carne picada con queso, ¡impresionantes!

Nos queda la última parada del día que no podía ser otra, para gente friki como nosotros, que el monte Sunday. Aunque este punto es uno de esos que supone un pequeño desvío, merece la pena hacerlo con tal de poder contemplar Edoras.

Peter Jackson colocó, en lo alto de esta elevación, el Castillo Dorado de Meduseld y todo el valle rodeado de montañas recuerdan a las tierras de los rohirim. Por suerte sopla mucho mucho viento, tanto como que hasta casi nos dificulta el andar, por lo que no podemos sacar a volar el dron, pero el sitio es impresionante.

Y con estas vistas acaba nuestra vuelta de homenaje a este país en el que, durante un mes, hemos disfrutado como auténticos enanos. 

VIERNES 22 DE MARZO

Hoy, último día en Nueva Zelanda, es día de hacer mochila, recoger y limpiar el coche y hacer los poco más de 100 kilómetros que nos separan ya de Christchurch.

Cuando llegamos, nos despedimos de Poti-poti, la que se queda en el aeroparking y nosotros cogemos el bus lanzadera que nos lleva hasta el aeropuerto. A las 16:30 sale nuestro vuelo a Auckland, desde dónde cogemos el vuelo internacional a… ¡Tahití!

Además, hoy es el día del viaje en el que damos la vuelta a la mitad del mundo. Con esto quiero decir que hoy, cuando estamos en Nueva Zelanda, es viernes 22 de marzo y pasamos aquí casi todo este día, hasta las 19:30 horas que sale nuestro vuelo internacional. Sin embargo, cuando aterrizamos en Papeete serán las 01:30 horas de la madrugada… ¡del viernes 22 de marzo también! Y nos quedará por delante todo ese viernes para disfrutar de nuestro nuevo destino paradisíaco.