Tras coger un vuelo desde Auckland y regresar, literalmente, en el tiempo, hemos aterrizado en Papeete, Polinesia Francesa el día 22 de marzo a las 02:00. Hemos vivido 24 horas del 22 de marzo en Nueva Zelanda y aterrizamos el 22 de marzo a las 02:00 en Polinesia Francesa, así pues vamos a tener la suerte de vivir dos veces el 22 de marzo.
Además, dándole vueltas, también nos hemos dado cuenta de que este año, al ser bisiesto, para nosotros va a tener 367 días, ¡¡Algo que creo que no todo el mundo puede decir!! 😊😊😊 Parece una tontería, pero nos ha hecho mucha ilusión pensar que hemos ganado dos días más de esta increíble experiencia para nuestro 2024.

Una vez aterrizados y recogidas nuestras maletitas, no nos queda más remedio que hacer eso a lo que estamos tan acostumbrados…. Dormir en el aeropuerto hasta las 07:00.
Aunque Scherezade está un poco triste por abandonar NZ, estoy seguro de que estos colores, estas aguas y esta temperatura le quitaran rápidamente la tristeza. Además, nada más salir del aeropuerto, estaban esperándonos un grupito de música de bienvenida (si… a las 02:00 de la mañana).

Y es que esto alegra a cualquiera.
Tras acomodarnos en el suelo de una esquinita y echar una cabezadita, nos escribe el agente de la compañía del coche. Hemos decidido que vamos a alquilar otro coche tipo campen. Pero esta vez 4×4, puesto que hemos leído que hay muchas actividades que requieren de él en Polinesia Francesa.
Os presentamos a Jinmy!!!

La primera impresión es que no tenemos ni idea de como vamos a meter nuestras cosas en algo tan pequeño… por otro lado, yendo a por nuestro coche, hemos podido grabar en nuestras retinas lo que va a ser nuestros días por Polinesia y estamos llenitos de ganas.
Antes de hacer compras, nos pasamos por el centro de la ciudad. Hay un mercado muy conocido al que le tenemos puesto el ojo (bueno, Carlos medio ojo y Scheherezade 3 y medio)

Aprovechamos el paseo por la ciudad para comprar una tarjeta de datos (1000 francos/9 euros por 5 gigas) con la compañia Vini.
La primera impresión que tenemos de la ciudad es un poco familiar… y es que todas las islas tropicales comparten ciertas similitudes. Por otro lado, nos choca mucho la cantidad de gente pobre que vemos en la calle ( no habíamos leído mucho sobre ello). Ya investigaremos poco a poco con gente local.
Después del mercado y tras haber fichado 2-3 cositas que puede que caigan al bolsillo, nos ponemos en marcha para llenar nuestra nevera y dirigirnos a una playita a descansar.

Nuestra primera parada es la playa de Vaiava. Aguas turquesas, gente local y buen rollo terminan de derrotarnos y dejarnos groguis en la arena.
El cambio de paisajes, temperatura, humedad y sensaciones es demasiado grande. Y es que, tras nuestro primer bañito en Tahití, parece que nuestros pies van a volver a la temperatura que se merecen (Nueva Zelanda les ha pasado factura).

Bajando por la costa acabamos por encontrar un spot de surfing desde donde vemos un ocaso espectacular y decidimos dormir allí mismo.
La sorpresa es ya cenando, cuando unos polinesios se ponen a nuestro lado a beberse unas cervecitas y disfrutar también del ocaso.

Tras intercambiar un par de saludos, nos unimos a su grupo en donde nos acaban invitando a cervezas, ron polinesio y ron de vainilla. Lo cierto es que la compañía estaba siendo espectacular, pero apenas habíamos dormido unas horas y en el suelo del aeropuerto, por lo que estábamos derrotados. Así que, tras despedirnos y decidir cambiar de sitio para dormir, acabamos encontrando un rinconcito cerca de una playa mucho más tranquilo.
Tardamos bien poco en dormirnos y la sorpresa es cuando, a las 06:00 empieza a salir el sol por Antequera!!! Lo malo de dormir en una tienda de campaña es que difícilmente uno puede dormir después de que salga el sol. Así pues, ni cortos ni perezosos y tras pegarnos un buen desayuno, nos vamos directos al objetivo de hoy!!!

¡¡¡Increíble pero cierto!!! ¡¡¡Aquí estamos!!! Quizá la ola más salvaje, potente y acojonante de todo el planeta!!! Y nosotros sin quererlo ni beberlo, y tras conducir media horita, nos hemos plantado en medio.
Lo chocante es que siempre pensé que Teahupoo estaría rodeado de increíbles acantilados haciendo de la ola un lugar inaccesible. Y es cierto que es mejor coger un barquito para ir hasta ella, pero también se puede ir remando (aunque es una buena tiradita).
A lo lejos se ve perfectamente las gradas que están montando para los JJOO (esto ha tenido muchos detractores entre la gente local por la perforación del arrecife) y se observa a gente surfeando. Esta época del año no es la de los grandes swells, por lo que nos vamos a quedar con las ganas de ver la ola en su máximo esplendor, pero nos alegramos de haber podido verla, aunque sea con un poco de fuerza.
Después de darnos un bañito, y observar la zona un buen rato, nos vamos (obviamente, Carlos) con la sensación de haber cumplido un sueñito surfista.


Ya volviendo por la carretera del sur de la isla, nos paramos un rato en otra playita en la que aprovechamos para comer y disfrutar de, básicamente, no hacer nada.

Como estamos cerca del sitio donde hemos dormido el día anterior y nos ha encantado, sencillamente vamos hasta nuestro rinconcito favorito de Polinesia, montamos nuestro chiringuito y disfrutamos de una cena mientras se pone el sol. Por ahora los ocasos en esta isla nos estan dejando sin habla.

Es increíble lo rápido que uno se acostumbra a temperaturas agradables, playas paradisíacas y no hacer nada. Pero es que poder despertarse y desayunar con estas vistas te hacen sentir que Polinesia entera es tuya.

Por otro lado, hemos alquilado un 4×4 asi que nos decidimos por hacer un par de rutas por el centro de la isla y alejarnos durante unas horas de las playas y el agua turquesa.
La ruta empieza por el sur de la isla y sube hasta el Lac Bleu, dejando cascadas, acantilados, bosques frondosos y ríos. La conducción no es difícil, pero si se hace evidente que se necesita un 4×4.

Otra de las rutas que cruzan al centro de la isla empieza por el norte, desde Papeeno, y va hasta el Relais de la Maroto, un hostal restaurante en mitad de la isla.
Por esta ruta, y una vez llegado a un túnel, nos recomiendan darnos la vuelta porque la carretera esta muy deteriorada.

La verdad es que ambas rutas, de unas 3 horas cada una, nos han encantado. Y es fácil pensar que aunque la zona principal de la isla esta bastante construida: el centro de la isla es casi inalcanzable y las propias carreteras que bordean la isla ni siquiera llegan al final de ésta.

Tras pasar por el mirador de Taravao y disfrutar de otra puesta de sol increíble.

Dormimos en un descanso de la carretera cerquita del mar. A la mañana siguiente nos toca explorar el norte de la isla. Así pues, decidimos ir a la zona este de la cara norte de la isla, hasta llegar a la Plage de Tautira.
Aquí, la playa es completamente diferente al resto… arena negra volcánica y, a lo lejos, montañas de verde salvaje.
Quizá, éste sea el típico paisaje que de verdad teníamos en mente de Polinesia Francesa.

Pero la playa que de verdad nos deja sin palabras es la Plage del Ponte Venus. Aunque no habíamos leído mucho de ella, por ahora, se alza como la ganadora de la isla de Tahití.

Como decimos, no por su agua turquesa, sino porque es la más diferente a todas esas playas increíbles que ya hemos visto en muchos sitios. Arena negra, agua cristalina (no puede ser turquesa porque el fondo es de arena negra volcánica) y de fondo una vista impresionante de montañas verdes.
Por desgracia, esta playa la cierran a las 1900 por lo que después de ver el ocaso (otro increíble, por cierto) abandonamos la zona para buscar donde dormir.
Por supuesto, a la mañana siguiente volvemos corriendo para disfrutar un poco más de ella y despedirnos de Papeete, puesto que esta misma tarde cogemos el ferry a la vecina isla de Moreea.


Deja un comentario