Moorea, más Polinesia y más paradisíaca

Antes de coger el ferry a Moorea quedamos con el dueño del coche para cambiar la batería que nos estaba dando problemas (de hecho, es lo único que está dando por saco del coche).

El ferry apenas tarda 30-45 minutos y hay cada 30 minutos, así que compramos el billete y, tras un cruce super bonito, llegamos a nuestra siguiente isla.

De esta isla sólo sabemos lo que nos han dicho los locales… que es bastante más “salvaje” que Papeete, que hay algo menos turismo y que las playas son preciosas (bueno, y que tiene forma de croissant). A parte, hay diversos trekkings también que hacer (aunque tenemos que reconocer que tenemos pocas ganas de eso después de NZ). 

Por supuesto, lo primero que hacemos al llegar a Moorea es acercarnos a una de sus playas: la “plage de Temae”. La verdad es que es tremendamente fácil enamorarse de un agua tan azul y no querer hacer nada más en todo el día. 

Se nos pasan las horas rápidamente y decidimos quedarnos a dormir en este increíble paraíso. Disfrutando de una espectacular noche estrellada con las vistas a Papeete justo enfrente.

A la mañana siguiente recorremos un poco la isla, disfrutando de sus playas y buscando algo de olas, pero por desgracia, Carlos no va a tener la suerte de echarse un surfing. 

De todos modos, andar sin rumbo por esta isla, teniendo tu casa contigo, te permite hacer paradas para comer tan increíbles como ésta:

Tras visitar un par de playas más, encontramos un sitio increíble donde aparcar y echar el resto del día. 

Esta esquinita de Moorea la vemos desde la carretera que bordea la isla y, no lo sabemos aún, pero se va a convertir en nuestra casa aquí. Cuando nos acercamos con el coche y vemos que hay una cadena, pensamos que nos vamos a quedar con las ganas, ya que aquí hay muchas zonas que dan al mar que son privadas. Sin embargo, aparece un polinesio que en seguida nos dice que pasemos y que nos quedemos allí el tiempo que queramos, incluso a dormir si nos apetece ( la gente nativa de esta isla son super amables). 

Imaginaos, todas estas vistas, todo ese mar, para nosotros. 

Esa noche el atardecer fue especialmente diferente. 

¡¡Y no… no esta trucada!!

A la mañana siguiente aprovechamos los cielos despejados para subir a uno de los picos de la isla y sacar fotos desde su mirador: el mirador Beldevere. Las vistas son increíbles. Además desde aquí se puede ver la montaña central, sagrada para los maoríes, que divide la cara norte de la isla en dos especie de bahías, lo que le da esa forma de croissant tan característica (y tan francesa también).

En el mirador resulta que hay un grupo de estudiantes procedentes de un colegio de formación profesional que hay cerca. Intrigados por nuestro dron cuando lo echamos a volar, acabamos haciendo migas con el grupo y con el profe, con quienes nos sacamos una foto y se la enviamos porque les encantan las vistas desde las alturas del dron.

Bajando del mirador, cerquita de la carretera, se encuentra otra de las playas que más nos acaba Dustano: la playa de Taáhiamamu.

El plan para el resto del día vuelve a estar bastante claro: playa, sol y relajarse al ritmo polinesio. 

Pero, por supuesto, nada más llegar a esta isla sabíamos que, fuese cual fuese el precio, no íbamos a dejar pasar la oportunidad de bucear en estas aguas. Así que, tras elegir a Moorea Blue Diving en el hotel Manava Beach Resort, nos vamos a hacer con ellos un par de inmersiones. Una en Eden Park y otra en L´ile Blue . 

Os dejamos aquí una serie de fotos para que os hagáis una idea de lo suertudos que nos sentimos pudiendo bucear en Polinesia.

Y, con esto, nos despedimos por todo lo alto de esta increíble isla. 

Tras pasar 9 días en Polinesia Francesa en dos de sus islas principales, Papeete y Moreea, podemos decir que este rincón del mundo es exactamente como te lo pintan. Un paraíso increíble, playas turquesas, agua caliente, buen tiempo y su gente “nativa” son especialmente agradables y alegres. 

Se nos quedan esas pequeñas ganas de visitar mas islas… pero como siempre decimos, hay que dejar algo para mas adelante.