Lo lógico hubiese sido visitar los parques nacionales de Sequoya y Yosemite al salir de San Francisco. Sin embargo, un temporal mientras estábamos en la ciudad dejó su metro de nieve en esta zona de montañas conocida como Sierra Nevada e incluso algunas carreteras se quedaron completamente cortadas. Por ello, decidimos retrasarlo y, aunque ahora suponga volver atrás en el recorrido que hemos hecho, salimos de L.A., donde volveremos en unos días, para visitar dos de los parques que más nos apetecían de todo nuestro roadtrip.
A medio día llegamos a la entrada del P.N. Sequoya. Este parque, fundado en el en 1890, es el segundo parque nacional más antiguo de los Estados Unidos, solo después de Yellowstone, y es el hogar de algunas de las secuoyas gigantes más grandes y antiguas del mundo.

Recorremos los pocos kilómetros que nos faltan hasta el aparcamiento, ya por dentro del parque, y el paisaje es increíble.
Llegamos al Centro de Visitantes donde les preguntamos a los rangers sobre qué caminos podemos hacer o no, ya que queda todavía bastante nieve y no todos están habilitados. Nos indican que vayamos hasta una de las áreas en las que, aunque todavía está nevada, la carretera está limpia y se pueden ver algunos ejemplares de secuoyas realmente grandes.
Aprovechamos los carteles informativos que hay para aprender algunas curiosidades de estos árboles, como que estos árboles milenarios dependen del fuego para reproducirse, ya que el calor de los incendios abre los conos de las secuoyas, liberando las semillas de su interior y además limpia el suelo de hojarasca, dejándolo perfecto para la germinación.

Una vez que dejamos el coche en el aparcamiento que nos han indicado, nos acercamos a ver uno de los referentes del parque, el “General Sherman”. Está secuoya, con 2200 años, 31 metros de circunferencia y más de 80 metros de alto, es el ser vivo más grande (en volumen) del planeta.
Sin embargo, a pesar de los 2200 años que hemos leído que tiene el General Sherman, no es el más viejo del lugar… ¡y es que se tiene constancia de algunos ejemplares de hasta 1.000 años más antiguos!

Recorremos el camino marcado y limpio de nieve entre estos enormes árboles sin dejar de mirar arriba. Sin embargo, tenemos ganas de ver más, por lo que nos adentramos en el bosque. Andando rodeados de estos altísimos árboles (que nos hacen sentir aún más pequeños si cabe), con todo el paisaje nevado y riachuelos que bajan con fuerza por el deshielo de primavera, nos enamoramos del sitio.

Nos encontramos un árbol caído, no sabemos si por el peso de la nieve o por qué, pero aprovechamos para trepar por sus raíces y valorar de verdad las dimensiones de estos gigantes.

Movemos el coche y nos perdemos por otras zonas del parque, contemplando a estos grandullones hasta que empieza a a anochecer y no nos queda más remedio que irnos.
Conducimos durante algo más de una hora para acercarnos a Yosemite y que mañana el madrugón no sea tan doloroso. Cenamos una pizza del Little Caesar (Carlos está enamorado de la de pepperoni) y nos vamos a descansar.

Suena el despertador cuando empieza a salir el sol y enseguida nos ponemos en marcha para llegar lo más pronto posible a Yosemite. Paramos en un Mc Donalds para desayunarnos uno de sus beagles salados con huevo, salchicha, bacon… desde la primera vez que los probó cuando estuvimos hace años en Washington, Carlos sueña con ellos.
Por fin, a medio día, llegamos al Parque Nacional de Yosemite. Nos toca un poco de cola en la entrada al parque, en las casetas donde comprueban la compra de la entrada (o la tarjeta Annual Pass que es la que hemos comprado nosotros para visitar todos los parques).
Pero una vez que las cruzamos y atravesamos un largo túnel excavado a través de la piedra, aparece ante nosotros una increíble estampa, de esas que se quedan para siempre grabadas en la retina. Nos metemos en el primer aparcamiento que vemos y salimos a contemplar con calma estas increíbles vistas.

Desde aquí la carretera desciende para meterse de lleno en el valle. La carretera es circular de un único sentido, por lo que hay que ir parando en los aparcamientos según van apareciendo o si no, para volver, hay que dar una vuelta completa que, con mucha suerte, te lleva media hora.
Empezamos por la cascada de Bridalveil. Nos acercamos andando hasta su base o bueno, mejor dicho, lo más cerca de su base que nos deja el agua que cae por ella, ya que te empapa completamente.

De aquí vamos directamente hasta Curry Village donde hay un aparcamiento bastante grande, ya que queremos aprovechar para hacer una pequeña caminata que hay en esta zona hoy que hace muy bueno.
Dejamos el coche aparcado junto a una señal que nos indica que no dejemos nada de comida, bebida o recipientes, aunque estén vacíos, a la vista, ya que los osos no dudan en echarle la garra, rompiendo el cristal si hace falta.

El camino nos lleva curso arriba del rio Merced, metidos entre enormes montañas, hasta las cascadas Vernal. Se nota que ha llovido y nevado bien estos días pasados porque la cantidad y la fuerza con la que cae el agua provoca tal estruendo que es hasta difícil escuchar al de alado.

Estando aquí vemos que hay un caminito que trepa por la piedra alado de la cascada y llega hasta la parte alta de éstas. Nos miramos y nos vamos directos a él, aunque para llegar hasta la base tenemos que ir un poco pegados a las cascadas ¡y acabamos completamente mojados!
Subimos poco a poco los escalones hasta la parte final, donde un caminito estrecho con una cadena en la pared para sujetarte nos lleva hasta la parte alta de las cascadas Vernal. Nos acercamos hasta el mirador que hay justo a pie de caída y… ¡guau, que vistazas!

En esta zona hay un pequeño remanso de paz, por donde el rio baja más tranquilo a través de la piedra del suelo que ha ido erosionando, dejando una amplia ladera donde, la poquita gente que ha subido hasta aquí está sentada o tumbada al sol para secarse de la “ducha” de subir hasta aquí.
Después de relajarnos nosotros también un rato, subimos un poco más rio arriba, donde acabamos encontrado otra cascada, esta más pequeñita, y otra más ya a lo lejos en la montaña.

Después del momento exploradores toca deshacer el camino hecho hasta aquí, volver a pasar por la ducha de la cascada y llegar de vuelta al parking donde hemos dejado nuestro coche.
Para acabar el día nos acercamos hasta el centro de visitantes, donde cogemos ideas de rutas y lugares que visitar mañana. Y de aquí, salimos del parque y vamos a la habitación que hemos cogido para hoy, ¡que tiene chimenea!
¡Llegamos por segundo día a Yosemite! Volvemos a pararnos en el mirador de la entrada (es imposible no hacerlo) y de ahí nos vamos al aparcamiento del centro de visitantes donde dejamos el coche para empezar la ruta de hoy.
Ésta discurre por un camino muy sencillo, prácticamente llano, pero nos lleva hasta uno de los puntos más visitados, las cascadas Yosemite, que con 739 metros son consideradas las más altas de América del Norte.

Como hoy vamos con mucho más tiempo que ayer, cuando acabamos la ruta cogemos de nuevo el coche y nos paramos en el aparcamiento que se encuentra a los pies del Gran Capitán para admirar desde abajo esta enorme pared.
Este monolito de granito, imagen sin duda de este parque nacional, se eleva aproximadamente 900 metros desde su base, convirtiéndose en una de las paredes verticales más altas del mundo. Además, atrae a muchísimos escaladores que quieren desafiar sus enormes paredes verticales.

Comemos en unas mesas de madera que hay preparadas para ello, disfrutando de la naturaleza y la tranquilidad que aquí se respira. De aquí nos acercamos hasta la orilla del río Merced, donde descubrimos otro rincón del parque con vistas impresionantes del que nos enamoramos.

Y con esta imagen grabada en la retina, antes de que se ponga el sol, nos despedimos del PN de Yosemite (sin duda uno de nuestros favoritos) y de nuestros días recorriendo la costa oeste de EEUU, un recorrido que merece muchísimo la pena para disfrutar de paisajes increíbles y de lo más diversos que puede haber.
