Yacimientos mayas, ciudades antiguas y playas de ensueño en la península de Yucatán

Aterrizamos en Cancún, procedentes de Cuba, a la una de la madrugada y ya, nada más tocar esta parte de México, nos damos cuenta de que no va a ser barata. Cuando intentamos coger un Uber para ir del aeropuerto de Cancún al centro de la ciudad, nos sale que tienen prohibida la entrada. Preguntamos por un taxi y, un trayecto de 10 minutos escasos, nos quieren cobrar 100$. Como no tenemos pasta, pues dormimos un rato y decidimos sentarnos en una esquina a esperar hasta las dos y media que sale un autobús por 5$. Al final, entre unas cosas y otras, llegamos a las 4 de la madrugada al apartamento donde nos quedamos estos días. Empezamos con fuerzas.

Los dos siguientes días los dedicamos a leer sobre México, ver que zonas queremos visitar y pensar un poco como hacerlo ya que, en Cuba, con la mala conexión a internet, nos fue imposible mirar nada.

Finalmente decidimos alquilar un coche, a través de Booking, con Europcar durante 11 días ya que creemos que nos va a dar algo más de flexibilidad a la hora de ir a ver ciertos lugares y echando cuentas sale parecido a moverse con bus y taxis. Por lo que ahí vamos, esto será lo que recorramos durante los próximos días de la península del Yucatán:

  • Empezamos por Tulum, para visitar el sitio arqueológico y conocer las playas de la zona.
  • Seguimos hacia el sur, hasta Bacalar, el que dicen uno de los lugares más bonitos de la península.
  • Aquí nos metemos hacia el interior, al remoto pueblo de Xpujil, para visitar un yacimiento maya que nos apetece muchísimo, Calakmul.
  • Volvemos a la costa, esta vez la oeste, a San Francisco de Campeche.
  • De ahí nos vamos a Mérida, pasando por el sitio arqueológico de Uxmal.
  • La siguiente parada es Izamal, el pueblo amarillo.
  • Y, tras visitar una de las maravillas del mundo, paramos en Valladolid, desde donde volvemos a Cancún para devolver el coche y acercarnos unos días, antes de despedirnos del Yucatán, a la isla de Holbox.

Recogemos el 24 de mayo nuestro bólido en el aeropuerto de Cancún y nos ponemos en marcha. Llegamos a Tulum, primera parada, a medio día y el calor que hace es horrible. Por lo que hemos hablado con algún mexicano (el de la gasolinera y la recepcionista del hotel) hay ahora mismo una ola de calor en el país y las temperaturas superan los 40 grados al medio día, una auténtica sauna, por lo que hasta que no cae el sol no nos atrevemos a salir de nuestra cueva con aire acondicionado. Eso sí, cuando salimos nos gusta lo que vemos, un pueblo muy animado, con una calle enorme con tiendas de artesanía y puestos de comida callejera, ¡lo que los habíamos echado de menos desde el sudeste asiático!

Para visitar la ciudad maya de Tulum madrugamos a las 7 de la mañana, dejamos el coche en un aparcamiento alado del yacimiento por 50 pesos y a las 8 estamos entrando el sitio para intentar no pasar tanto calor.

Tulum fue un importante centro comercial y religioso para los mayas durante los siglos XIII y XV, lo que se demuestra en las enormes murallas que protegen sus tres costados (el cuarto es el mar). Además, de ahí surge su nombre, Tulum, cuyo significado es muro en lengua maya, aunque se cree que así fue como la nombraron los españoles y que anteriormente se la conocía como Zama (alba) por su orientación hacia el este, la salida del sol.

Aunque es verdad que el yacimiento de Tulum es algo más pequeño de lo que nos esperábamos, su ubicación en un acantilado escarpado sobre el mar Caribe la convierte en un lugar muy fotografiable.

Para entrar en el yacimiento es necesario pagar, aparte de la entrada, la tasa medioambiental fijada por el gobierno para entrar en el parque, por lo que aprovechamos y nos acercamos hasta la zona de playa, la cual está dentro del parque protegido y encima tiene vistas a una ciudad maya de casi 1000 años. Con el calor que hemos pasado durante la visita a la ciudad maya de Tulum nos damos un bañito refrescante que nos deja como nuevos.

Hasta Bacalar son unas 3 horas en coche en una carretera en bastante buen estado, pero muy muy aburrida, sin nada que ver alrededor. Cuando llegamos, nos vamos directos a buscar un sitio donde comer algo para refugiarnos de nuevo hasta que caiga un poco más el sol, ya que ahora es completamente imposible andar por las calles.

Este pueblo nos lo han recomendado mucho y la mayoría de los mexicanos nos dicen que es uno de los lugares más bonitos de la península y la verdad es que no les falta razón.

Bacalar es un pueblo, cerca de la frontera con Guatemala, que ha crecido alrededor de una enorme laguna, la Laguna de los Siete Colores. Como indica su nombre, a lo largo de los 42 kilómetros de longitud que tiene esta masa de agua, las tonalidades de la laguna varían a lo largo de toda la paleta de azules. Además, en algunos puntos alcanza hasta los 90 metros de profundidad.

Lo malo es que, como todo lo que se vuelve turístico, pierde ese encanto natural y hay que pagar para todo. O casi todo. En el caso de la laguna, casi toda ella está rodeada de restaurantes, hoteles o beach clubs que tienen su propia zona “privada” desde donde bañarte o ver la laguna. Sin embargo, buscando bien, aún quedan sitios como este en los que puedes entrar gratis y juntarte con gente local.

En el centro del pueblo hay una gran plaza, con una fortaleza a su lado, que, cuando cae la tarde, se llena de gente paseando, tomando algo o cenando en los bares de la zona y de puestecitos ambulantes, tanto de comida como de artesanía. Nos damos una vuelta por aquí y aprovechamos para pedirnos una marquesita de Nutella (un tipo de crepe pero con la masa más tostada, como si fuera una oblea) por segundo día consecutivo, ¡estamos empezando a cogerle el gusto!

A la mañana siguiente nos acercamos a darnos un bañito a la laguna para salir bien frescos, ya que por delante nos queda una buena tirada hasta el centro de la península del Yucatán.

Esta carretera es mucho peor, con millones de baches, varios cortes por obras y muchos, muchísimos camiones transportando piedra. El pasado año 2020 comenzó la construcción del Tren Maya, una enorme obra de ingeniería (y rodeada de mucha controversia por lo que hemos podido escuchar hasta ahora) que pretende unir los puntos más importantes (y turísticos) de toda la península del Yucatán. Aunque estaba previsto tenerlo acabado para enero de 2024, hasta ahora sólo han podido abrir una línea que une las ciudades de Cancún, Valladolid, Mérida y Campeche. Sin embargo, siguen todavía trabajando en este tramo que va hacia el sur, de ahí que la carretera sea, ahora mismo, un ajetreo constante de camiones.

Aun así, cerca de medio día conseguimos llegar a Xpujil, un pueblo en mitad de la nada, lleno de camiones y trabajadores por todos los lados y en el que haremos noche hoy para mañana acercarnos hasta Calakmul. Para comer, encontramos un local típico, con 0 adornos, pero del que se levanta una mesa de trabajadores que han dejado sus platos bien limpios. Nos dejamos recomendar por la cocinera, quien dice que nos va a sacar unos chilaquiles y media de entomatadas y enmoladas para que las probemos. Nos suena todo a chino, pero cuando esos platos salen… ¡vaya comida! ¡De lo mejorcito que hemos probado hasta ahora!

Desde aquí hasta nuestra siguiente parada, el yacimiento de Calakmul, son todavía casi 3 horas y por una carretera bastante mala, por lo que a las 6 y media de la mañana nos ponemos ya en camino.

Tras pagar religiosamente nuestras tasas y conducir por una carretera sin asfaltar, llena de piedras y en mitad de la selva, por donde vamos rezando porque no les pase nada a las mini rueditas que tiene nuestro coche, conseguimos llegar cerca de medio día hasta el aparcamiento de entrada a Calakmul.

Calakmul fue una de las ciudades más poderosas y extensas de la civilización maya durante el período clásico (entre los siglos VI y IX d.C.), compitiendo por la supremacía con ciudades como Tikal, en Guatemala, o Palenque, en la región conocida como la “Tierra de los Soberanos Serpiente” y que abarca partes de lo que hoy es México, Guatemala y Belice.

Después de su decadencia y abandono, la selva recuperó su espacio perdido y enterró todo este enorme asentamiento bajo sus raíces. No fue hasta la década de los 30 que la ciudad fue descubierta de nuevo. Sin embargo, hubo que esperar hasta los años 80 que se investigara más a fondo para darse cuenta de que se encontraban ante una de las ciudades más importantes del clásico maya. Aun así, se han excavado solo 72 km2 pero buena parte de sus 6000 construcciones permanecen aún sepultadas bajo la selva.

Calakmul significa en maya “Dos Montículos Adyacentes” y hace referencia a las dos grandes pirámides que dominan la ciudad y que se pensaba que eran dos enormes montañas en la selva. De hecho, una de ellas es la pirámide más alta de la antigua Mesoamérica, con una altura de 45 metros desde donde se tienen estas vistas de la selva.

Durante 3 horas nos perdemos andando por sus ruinas, subiendo hasta lo alto de sus dos pirámides y disfrutando de ver este yacimiento, que un día fue una de las más grandes ciudades del imperio maya y que hoy en día esta tomado por la naturaleza, completamente solos.

Pero el calor que hace aquí a las dos de la tarde y la falta de comida, agua y fuerzas nos obligan a tener que regresar a la civilización para buscar un sitio donde refrescarnos y comer. Es verdad que este yacimiento está algo alejado de la “ruta típica”, aunque en unos meses el Tren Maya llegará hasta aquí, pero merece muchísimo la pena. A nosotros, salvando las distancias, nos ha recordado al imponente Angkor, uno de los lugares más especiales que hemos visitado en nuestro viaje por el mundo.

Llegamos cuando ya está anocheciendo a Campeche. Aunque nos hubiera gustado tener un poco más de tiempo para visitar esta ciudad, el rodeo que hay que dar para llegar hasta aquí, pasando por Escarcega en lugar de venir por el camino directo para evitar así algunas carreteras que dicen que no son muy seguras, es curioso. Es cierto que, en todos los blogs, guías y demás que hemos leído, recomendaban tomar este camino más largo y, por supuesto, en ningún momento nos hemos planteado la posibilidad de no seguir la recomendación, no hemos venido a jugar a México. Pero sí es cierto que por las carreteras por las que hemos ido hasta ahora, la presencia policial que hay, con controles cada cierto tiempo y patrullas constantes con militares armados, es impresionante.

La historia de Campeche se remonta a la época maya, cuando ya aquí había un antiguo asentamiento comercial que tuvo bastante importancia por su salida directa al mar. Sin embargo, no es hasta el 1540 que los españoles fundan la ciudad tal y como se conoce hoy. El asentamiento pronto prosperó de nuevo como el puerto más importante de la península, lo que lo convirtió en blanco de incursiones piratas hasta que, en 1663 y tras un violento ataque, se construyeron las famosas murallas que hoy en día aun rodean la parte antigua de la ciudad. 

A una hora escasa de Campeche se encuentra la zona arqueológica de Uxmal. Este impresionante conjunto es uno de los más visitados de toda la península del Yucatán. La “tres veces construida u ocupada” se remonta hasta el 500 a.C., aunque su mayor auge lo alcanzó en el siglo IX d.C. cuando fue sede principal del poder político y económico de los mayas de la Ruta Puuc.

La gran ciudad llego a tener una población cercana a los 25 mil habitantes, distribuidos en 37 km2 y dedicados a la agricultura como actividad principal.

De todos los elementos que la componen, la Casa del Adivino es uno de los que más llama la atención. Este enorme templo, de 35 metros de altura, se construyó de una forma ovalada muy poco habitual, siendo de las pocas pirámides que existen así. Aunque no hace muchos años se podía subir hasta lo alto y contemplar las vistas, hoy en día está ya cerrado para evitar así su deterioro.

En comparación con Calakmul, Uxmal se encuentra mucho mejor conservada, tanto lo que son los edificios en sí, como todo el ornamento decorativo que los recubre. Entre ellos, destacan las numerosas máscaras en honor al dios de la lluvia Chaac, el jaguar bicéfalo y otros elementos distintivos de la cultura Puuc.

Tras una increíble visita a este complejo maya llegamos a la ciudad de Mérida. Ésta es la capital del estado de Yucatán y una de las ciudades más importantes del país. Fue fundada en el año 1542 por el español Francisco de Montejo sobre las ruinas de una antigua ciudad maya y hoy en día conserva un gran patrimonio cultural, entre los que se encuentra la Catedral de San Ildefonso, una de las catedrales más antiguas de todo América.

Es una pena porque, cuando nosotros llegamos, nos encontramos con que todo el centro histórico está en obras, por lo que no podemos disfrutar como nos gustaría de algunos rincones de esta ciudad.

Aun así, paseando por algunas de sus calles, nos encontramos una de esas curiosidades que te regalan el viajar por el mundo. Nos acercamos a una especie de pecera para darnos cuenta de que está llena de una especie de escarabajos marrones recubiertos con cadenas y piedrecitas de colores. Cuando preguntamos por ellos, nos cuentan que se llaman maquech y que es una tradición yucateca utilizarlos como broches o elementos decorativos vivos sobre la ropa. Increíble.

A la mañana siguiente, antes de que el sol apriete de nuevo, nos damos una vuelta por el centro de Mérida para disfrutarla también de día. Está llena de gente para todos los lados, tiendas de artesanía chulísimas (donde un chico muy amable nos habla largo y tendido sobre los alebrijes) y restaurantes llenos de color y catrinas.

Nuestra siguiente parada en el camino es Izamal pero, como esta cerquita de aquí y llevamos unos días bastante calurosos, decidimos acercarnos hasta una zona de cenotes que hay de caminos y pegarnos un buen chapuzón.

En la península del Yucatán hay miles de cenotes y a cada cual más bonito por lo que, aunque intentamos hacer una comparativa de varios para elegir el “mejor”, nos damos enseguida por vencidos y nos dejamos aconsejar por los locales, acabando en este cenote, completamente subterráneo y completamente solos.

Los cenotes son pozos naturales de agua que se han ido formando a lo largo de los años cuando el agua de la lluvia se ha ido filtrando a través de la piedra caliza y creando enormes sistemas de cuevas subterráneas.

En ocasiones, estas cuevas se mantienen así, completamente cubiertas, dando lugar a los que se conocen como cenotes subterráneos o cerrados. Sin embargo, también puede ocurrir que los techos de estas cuevas colapsen, total o parcialmente, y den así lugar a los cenotes abiertos o semi abiertos. Pero lo que es común a todos ellos es que, a pesar del calor que haga fuera, el agua se mantiene siempre fresquita por lo que siempre es un gusto bañarse en ellos.

Completamente nuevos y refrescados después del baño en el cenote, llegamos al pueblo de Izamal. En tiempos mayas, Izamal era uno de los centros de culto más importantes de la región, lo que se demuestra en la cantidad de templos piramidales, más de una docena, que había en la zona y de las cuales hoy en día se pueden ver las ruinas.

Además, se cree que eso fue lo que llevo a los españoles, en el 1533, a elegir este lugar para erigir el enorme monasterio de San Antonio de Padua sobre los restos de una pirámide que arrasaron en el centro de la ciudad, acabando en el 1561.

Pero lo que más llama la atención del pueblo no es ni los restos de pirámides que se conservan hoy en día por los que se puede escalar tranquilamente (de hecho, nos hemos juntado con una señora que estaba haciendo series de subir y bajar las escaleras) ni el enorme monasterio franciscano, si no el color amarillo con el que están pintadas todas las casas y edificios de la ciudad. Y el motivo de ello no es otro que homenajear al Papa Juan Pablo II, con los colores del Vaticano, en su visita a la ciudad 1993, algo que ha pasado de ser anecdótico a un motivo de visita si pasas por aquí.

Y llegó el día de visitar la joya del Yucatán, una de las siete Nuevas Maravillas del Mundo, el yacimiento prehispánico más famoso y mejor conservado, Chichén Itzá.

Chichén Itzá fue una importante ciudad precolombina fundada en el año 600 d.C. y que alcanzó su apogeo entre los siglos X y XIII d.C. Fue un importante centro político y económico en la región maya que vio iniciar su declive después de que un dirigente maya decidiera trasladar su capital a otro lugar, y dejar Chichén como centro religioso. El motivo de su abandono en el s. XIV aún es un misterio, pero la grandiosa ciudad todavía atrajo a muchos peregrinos mayas durante largo tiempo. 

Y si hay algo famoso dentro del complejo maya más famoso del mundo, esa es la “Pirámide de Kukulcán”. También conocida como “El Castillo”, este enorme templo se construyó hacia el año 800 d.C. y es un enorme calendario maya en piedra. Sus cuatro escalinatas representan los equinoccios y solsticios y dividen las 9 plataformas en 18 terrazas separadas que representan los 18 meses de 20 días del calendario haab (civil). Cada una de las cuatro escaleras tiene 91 escalones; si se suma la plataforma superior se obtiene un total de 365, los días del ciclo solar anual. En cada cara de la pirámide hay 52 paneles lisos que equivalen al ciclo de 52 años de la rueda calendárica, el ‘siglo’ maya. IM-PRE-SIO-NAN-TE.

Pero no queda ahí todo. Durante los equinoccios de primavera y otoño, el sol de la mañana y de la tarde produce una ilusión óptica de luces y sombras que asemeja una serpiente bajando por la escalera del Castillo. Éste no es otro que el dios Kukulcán, el dios serpiente emplumada, vinculado con el agua, la fertilidad y la agricultura.

Y, para acabar con este impresionante templo, una última curiosidad (aunque podría seguir páginas y páginas escribiendo de él, como que se cree que está construido sobre un cenote de más de 20 metros de profundidad). Si te colocas enfrente del Castillo y das palmadas frente a la escalinata principal, se produce un eco en lo alto de la torre que suena como el canto de un quetzal, el pájaro emblemático del Yucatán. 

Hasta el año 2006 estaba permitido subir hasta lo alto de la pirámide, sin embargo, un accidente fatal de una turista hizo que se prohibiera completamente y hoy en día nos tenemos que conformar con verlo desde abajo.

El Gran Juego de la Pelota es otro de los elementos impresionantes de este lugar. Además, aunque en toda la ciudad hay hasta 8, éste es el más grande e impresionante de todo el país. Para la cultura maya, el juego de la pelota era más que un deporte; era todo un ritual 

A su lado, está la Plataforma de los Cráneos, un altar donde se exhibían las cabezas de las personas que habían sido sacrificadas a los dioses clavadas en picas; seguida de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, donde, cuenta la leyenda, se depositaban los restos humanos para que éstas bestias vinieran a devorarlos.

Otro de los lugares de esta enorme ciudad que más nos ha llamado la atención es “El Caracol”. Este edificio, que recibe su nombre por la forma de su escalera interior, es un enorme observatorio del espacio. Las ventanas de su enorme cúpula están alineadas con la aparición de ciertas estrellas en fechas específicas. Se cree además que, desde la cúpula, los sacerdotes pudieron haber decretado las fechas de los rituales, las celebraciones, la siembra del maíz y de la cosecha. 

Y, como lugar de gran importancia maya, no podía faltar su Cenote Sagrado. El Cenote Sagrado es una poza de 60 m de diámetro y 35 m de profundidad. Las paredes entre la cima y la superficie del agua están repletas de raíces y lianas que apenas dejan ver el agua a la que se lanzaron en sacrificio miles de niños y adultos durante siglos. 

Tras una visita extenuante de 4 horas, pero en la que podíamos haber estado más tiempo si no fuese por el calor, llegamos a la ciudad de Valladolid.

De nuevo nos encontramos con una ciudad llena de vida, de gente paseando al anochecer, puestos ambulantes de comida y artesanía… Y, callejeando, llegamos hasta el parque Sial y el convento de San Bernardino de Siena, donde por las noches hacen una proyección sobre las paredes del templo franciscano explicando la historia de la ciudad.

El día siguiente nos lo tomamos con pausa, nos acercamos hasta un cenote que se encuentra en el mismo centro de la ciudad y del que nos han hablado muy bien. Cuando llegamos al cenote Zaci y vemos que está completamente vacío, no nos lo pensamos dos veces y nos vamos directos al agua.

Echamos un buen rato aquí, más cuando descubrimos una plataforma en lo alto del cenote desde la que se puede saltar. Después de varios saltos, conseguimos hasta que una chica londinense que se ha hecho nuestra amiga se anime a saltar a pesar del miedo que le tiene.

Después de 10 días recorriendo la Península del Yucatán, con los 3 diferentes estados que la componen (Yucatán, Quintana Roo y Campeche) toca devolver el coche de alquiler. Sin embargo, aún no hemos acabado aquí nuestros días. Según dejamos el auto (¡¡sin ningún daño!!) en las oficinas de Cancún, cogemos un autobús de la compañía ADO que nos lleva hasta el pueblo de Chiquilá. Desde aquí salen ferrys cada media hora que nos acercan a la isla en la que pasaremos 3 días de auténtico relax: Holbox.

Aunque en Yucatán hay varias islas y algunas con bastante fama, como Isla Mujeres o Cozumel, nos decantamos por Holbox ya que dicen que es algo más tranquila y menos turística. Sin embargo, según llegamos a la estación de ferrys y vemos a 50 gringos coger el mismo barco que nosotros, ya nos hacemos a la idea de que no va a ser tan local como pensábamos.

Holbox es una pequeña isla situada en la parte norte del estado de Quintana Roo, cuyas calles son todas de arena y donde todavía no han llegado los coches (solo hay una especie de quad para trasladar a los turistas por la isla). Y es verdad que no es el tipo de isla tranquila y apartada que esperábamos, pero el ambiente que se respira es muy de relax y calma, por lo que pasamos tres días muy tranquilos, yendo de la piscina de nuestro hotel a la playa, viendo atardeceres super bonitos y comiendo tacos, tortas y gringas.

Además, hay algo que la convierte en muy muy especial y es uno de los motivos por los que nos hemos decantado en venir aquí y justo estos días. En ciertas temporadas del año, coincidiendo además con los días de luna nueva, se da en sus aguas un fenómeno natural completamente increíble: la bioluminiscencia. Todas las noches, paseamos la isla hasta su punta más occidental, donde ya no hay hoteles ni resorts lujosos y todo está completamente a oscuras y nos bañamos. Según entras en contacto con el agua y empiezas a moverte, miles de millones de motitas pequeñas y super brillantes se iluminan y te rodean completamente, y se mueven contigo y resbalan por tus brazos… de las cosas más bonitas sin duda que hemos tenido la enorme suerte de disfrutar en nuestro viaje por el mundo.

Y aquí ya sí, toca despedirse de nuestra ruta por la península del Yucatán, sin duda una región muy especial de México, con una riqueza histórica increíble, sitios arqueológicos impresionantes rodeados de selvas tropicales, ciudades llenas de vida, colores y ambiente, profundos cenotes de aguas cristalinas donde refrescarte y playas de arena blanca que invitan a la tranquilidad y la calma. Una zona que merece muchísimo la pena.