Pueblos del interior de México: Palenque, San Cristóbal de las Casas y San Juan Chamula

Tras unos días intensos en la turística e impresionante península del Yucatán, toca adentrarse en una parte del país un poco más alejada de los circuitos tradicionales para conocer un poco más de cerca la parte menos conocida de México.

Después de una noche trambólica de autobús nocturno, llegamos a la ciudad de Palenque. Dejamos nuestras mochilas en el hotel y, para evitar que nos entre sueño, nos ponemos en marcha a visitar la ciudad arqueológica.

Palenque es una ciudad situada en el estado de Chiapas, en el México profundo. Aunque la ciudad recibe bastantes viajeros que vienen hasta aquí para ver una de las ciudades mayas más grandes de México, los pueblos de alrededor no tienen fama de muy seguros y ha habido algún que otro asalto, de ahí que el autobús tarde tanto tiempo ya que da una vuelta enorme para evitar esa zona (lo que podrían ser un par de horitas se convierte en casi 9).

Cogemos un colectivo (furgoneta compartida) y en un cuarto de hora estamos en la entrada del yacimiento. Empezamos regular la visita, ya que la taquilla está en un lado, pero para llegar hasta el yacimiento tienes que andar un par de kilómetros cuesta arriba o volver a pagar por otro colectivo o taxi que te acerque… así es como se aprovechan en México del turismo, en fin.

Nosotros nos ponemos en camino por un sendero que recorre la selva y que sube por el curso de un río que va dejando cascadas chulísimas. En el pasado, la ciudad se llamaba “Lakamha” que significa “gran agua” en maya, debido a la abundancia de ríos y arroyos en la zona. Fueron los españoles los que le pusieron el nombre de Palenque, en referencia a los enormes muros, como “vallas”, que contienen algunos edificios de la ciudad maya.

La ciudad maya de Palenque es una de las ciudades más importantes y conocidas de la civilización maya que data del periodo Clásico Maya (aproximadamente 226 a 799 d.C.). Después de su declive en el siglo VIII, la ciudad fue abandonada y cubierta por la selva hasta su redescubrimiento en el siglo XVIII. Hoy en día, Palenque es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y uno de los sitios arqueológicos más visitados de México.

De sus estructuras llama la atención el Templo de las Inscripciones, quizás el templo funerario más famoso de toda América. Construido sobre 8 niveles, en su interior guarda la Tumba de Pakal, quien gobernó entre el 615 y el 683 y llevó el reino a su esplendor.

También están el templo XIII que alberga la Tumba de la Reina Roja, un sarcófago en el que se encontraron restos de una mujer adulta, la que se cree que era la mujer de Pakal, junto con una máscara de malaquita y un millar de piezas de jade.

Por último, subiendo unas escaleras, llegamos hasta el Grupo de las Cruces, donde hay 3 templos con forma piramidal que datan del 692 y servían como centro espiritual para la triada de deidades patronas de Palenque. 

Por suerte hoy en día todavía se puede subir a uno de ellos, el más alto, y las vistas desde arriba de buena parte de la ciudad son espectaculares.

Regresamos por otro camino lleno de vegetación y restos de lo que tuvo que ser la ciudad de Palenque. Hoy en día solo hay excavado un 10% de toda el área que el asentamiento maya ocupó en su día, ¡a saber la de cosas que quedan por descubrir!

La tarde la dedicamos a pasear por el pueblo, con una calle llena de tiendecitas que lleva hasta la plaza principal del pueblo donde se eleva su iglesia. Está muy animada, llena de vendedores ambulantes, gente paseando, niños jugando a la pelota y hasta un grupo de músicos tocando una especie de xilófono gigante de madera.

El viaje hasta San Cristóbal de las Casas nos lleva casi todo el día siguiente. Salimos a media mañana de Palenque y son las 8 de la tarde cuando llegamos a nuestra habitación de SanCris. Salimos a buscar algo para cenar y ya nos sirve para darnos cuenta del ambientazo que hay en esta ciudad.

A la mañana siguiente, después de ver religiosamente la final de Roland Garros de Alcaraz, salimos a conocer el lugar.

Fundada en 1528 por el conquistador español Diego de Mazariegos, es una de las ciudades más antiguas y culturalmente ricas del país. Pero fue en 1994, cuando San Cristóbal de las Casas ganó atención internacional como uno de los epicentros del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El EZLN, liderado por el Subcomandante Marcos, tomó la ciudad en la madrugada del 1 de enero de 1994 para protestar contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en demanda de derechos y justicia para los pueblos indígenas de Chiapas. 

Paseamos por sus calles, viendo la Catedral de San Cristóbal Mártir, construida en 1528 y de estilo barroco, coincidiendo con la fundación de la ciudad. Visitamos también Iglesia de Santo Domingo, templo y ex convento, construido en el siglo XVI, famoso por su fachada decorada con intrincados detalles barrocos.

Pero lo que más nos gusta, o al menos a Scheherezade, es su mercado de artesanía. Está todo lleno de flores de colores bordadas en bolsos, camisas, diademas, sudaderas… ¡¡y en estas converse tan chulas!!!

Además, aprovechamos el segundo día aquí para visitar un lugar muy peculiar: San Juan Chamula. San Juan Chamula está habitado principalmente por indígenas tzotziles, un grupo étnico maya, cuya comunidad es conocida por su fuerte sentido de identidad y autonomía. Los habitantes de Chamula tienen un sistema de gobierno tradicional que se rige por sus propias autoridades comunitarias y costumbres.

La iglesia de San Juan Bautista es el centro espiritual y cultural del pueblo. Desde el exterior, la iglesia parece una típica iglesia colonial con una fachada blanca adornada con colores vivos y motivos florales.

Pero es el interior de la iglesia lo que la hace única. Cuando entramos, una nube densa llena todo. No hay ni un solo banco y el suelo está entero lleno de pinocha fresca. A los lados de la iglesia, los santos católicos son venerados, pero se les atribuyen características y funciones que reflejan las creencias tradicionales mayas.

A la llegada de un grupo de personas, limpia una parte del suelo de pinocha y se sientan en el suelo para comenzar a montar su altar. Ponen velas, miles, de diferentes colores y tamaños, en grupos de 2,3,4 y 6. Una vez montado, las encienden todas y comienzan el rezo, el cual no acaba hasta que se apaga la última vela. Durante éste, hacen varias ofrendas de bebida (como Coca Cola y posh, un aguardiente de maíz típico) e incluso sacrificios de animales, sobre todo gallinas. Por supuesto, las fotos en el interior o los alrededores están totalmente prohibidas, pero de verdad que es una experiencia digna de ver al menos una vez.

Una hora y media después, cuando nos empiezan a picar los ojos del ambiente sobrecargado, salimos a la plaza de la Iglesia, que está llena de vendedores ambulantes, desde donde cogemos el colectivo de vuelta a SanCris.

Aprovechamos que hace fresquito por la tarde para tomarnos un chocolate calentito de merienda y, para cenar, nos vamos a una taberna en la que te ponen una tapa con una copa de vino.

A última hora vamos andando hasta la estación de autobús. A las 23:00 sale nuestro autobús nocturno que nos lleva hasta Puerto Escondido, a unos días de playita y relax.