Llegamos a Puerto Escondido a las 11:30 de la mañana, después de una larga noche en autobús. Puerto Escondido es una ciudad del estado de Oaxaca, ubicada en la cosa sur pacífica del país y conocida por sus playas, olas y surf. Cuando llegamos nosotros hace un sol de espanto y, como hasta las 3 de la tarde no podemos hacer el check in en el hostel, aprovechamos y nos vamos a comer y un ratito a la playa.
Cerca del hostel están las calitas de Playa Manzanillo y Puerto Angelito, dos playas pequeñitas, con el agua muy clarita y llenas de familias y grupos de amigos mexicanos.

Por la tarde nos acercamos, para ver por primera vez, la playa de Zicatela. Ésta es la más grande de Puerto Escondido con 3,5 kilómetros y famosa por sus olas grandes. De hecho, aquí tiene lugar un campeonato internacional de olas gigantes.
En la zona hay un mercadito que montan por la noche con artesanías, camisetas y puestecitos de comida súper ricos de tacos.

A la mañana siguiente, Carlos se levanta con más de 38C de fiebre así que el resto del día lo pasamos en la habitación del hostel, entre paracetamoles y termómetros, descansando y recuperando fuerzas para mañana.
Una vez recuperados de esta fiebre que no sabemos por donde nos ha venido (se ve que la época de lluvias viene para todos), dedicamos el resto de nuestro tiempo en Puerto Escondido surfeando por las mañanas en Punta Zicatela, descansando y disfrutando un rato de la playa. Por las tardes hemos sacado un grupito de gente (un indio, un inglés, una argentina y tres españoles) con quienes jugamos por las tardes campeonatos de ping pong por parejas (Scheherezade se ha vuelto una auténtica friki).

Uno de los días lo aprovechamos para visitar los pueblos de Mazunte y Zipolite. Prontito por la mañana cogemos un autobús local que nos lleva hasta el Cruce de San Antonio y, de ahí, un taxi colectivo que nos lleva hasta Mazunte.
Como todavía es bastante pronto, la calle de Mazunte que nos lleva hasta la playa empieza a despertar ahora y las tiendas comienzan a abrir sus puertas. Cuando llegamos a la playa, está aún prácticamente sola, por lo que corriendo nos ponemos en bañador y nos damos un bañito que nos sabe a gloria.

Cogemos una mesa en una de las terrazas que dan a la playa y entre baños, zumos y un poco de snorkel, pasa rápidamente la mañana.
Nos acercamos de nuevo a la calle principal donde cogemos una furgoneta colectiva que nos lleva hasta Zipolite, a cinco minutos. Sin embargo, cuando estamos llegando, empieza a llover (justo ahora comienza la temporada de lluvias) por lo que, aunque nos acercamos hasta la playa y paseamos un poco por las calles del pueblo, no lo disfrutamos tanto como la mañana en Mazunte.

Después de casi una semanita, nos despedimos de Puerto Escondido para ir a conocer la capital del estado, Oaxaca de Juárez.
La ciudad fue fundada en 1532 por los conquistadores españoles y lleva el nombre en honor a Benito Juárez, el primer presidente indígena de México, quien nació en el estado de Oaxaca. Hoy en día es conocida por su vibrante vida cultural, arquitectura colonial, y su artesanía local. De hecho, su centro histórico ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO debido a su bien conservada arquitectura colonial y sus monumentos históricos.

Durante los dos días siguiente, recorremos las calles de la ciudad, viendo algunos de sus lugares más interesantes:
-El Templo de Santo Domingo de Guzmán, construido a lo largo del siglo XVI, es un ejemplo del barroco novohispano. Su fachada está decorada con esculturas elaboradas y detalles ornamentales. El interior es igualmente impresionante, con estucos dorados, retablos tallados y pinturas murales.

-La Catedral de Oaxaca, oficialmente conocida como la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción, es otra joya arquitectónica ubicada en el centro histórico de la ciudad. Ésta se encuentra en la Plaza de la Constitución, también conocida simplemente como Zócalo. Esta plaza es el corazón del centro histórico de la ciudad de Oaxaca de Juárez, rodeada por importantes edificios históricos, comercios, restaurantes y hoteles.

-Los mercados de Oaxaca, una de las mejores partes de la ciudad. El mercado de Benito Juarez, el del 20 de noviembre o el de las artesanías, son lugares por los que perderte callejeando entre todos sus pasillos. A nosotros nos gustó especialmente el “20 de noviembre”, lleno de puestos de comida donde probar platos típicos de la zona, como la tlayuda, o carnes recién hechas a la brasa en el “pasillo del humo”.

Sin embargo, es en el de Artesanías donde encontramos tiendas llenas de los famosos alebrijes. Estas coloridas y fantásticas figuras están hechas de madera de copal tallada y pintada a mano. Los hay de todos los tamaños y colores, de más o menos detalle y, por supuesto, para todos los bolsillos. Hay verdaderas obras de arte que valen miles y miles de euros.

Con la excusa de que en Oaxaca de Juárez hace un poco más de fresquito, una de las tardes nos sentamos en la cafetería “Mayordomo”, que hay varias en la ciudad, donde nos tomamos un chocolate caliente con espumita que, damos fe, sabe riquísimo.

La última mañana, cuando salimos a dar el último paseo por la ciudad, un perrito se nos une nada más que salimos del hostel. El resto de la mañana la pasa con nosotros, siguiéndonos a todos los sitios y esperándonos en las puertas de los sitios a los que entramos hasta que llega la hora de despedirnos de él para coger el autobús a Ciudad de México.

