CDMX y el yacimiento azteca de Teotihuacán

Ciudad de México es una de las ciudades más grandes y antiguas de América. Fundada en una isla del lago Texcoco en el siglo XIV por los aztecas bajo el nombre de Tenochtitlán, tras la conquista española en 1521 se convirtió en la capital de Nueva España y posteriormente en la capital de México.

Hoy en día, con una población urbana de 9 millones de habitantes y 21 millones en el área metropolitana, es una de las ciudades más pobladas del mundo, al nivel de Nueva York o Bangkok.

Como hay bastantes cosas que ver en la ciudad, nos hemos dejado 5 días para poder verla con calma. Además, hemos cogido un hostel que está en el centro histórico, cerca del Zócalo y con una parada de metro cerca, para poder visitar fácilmente la ciudad.

El primer día lo dedicamos al centro de la ciudad, donde están la mayoría de los sitios históricos y edificios coloniales de la ciudad.

El Zócalo se considera el corazón de CDMX, donde una enorme bandera preside el lugar. Los cuatro lados de la plaza contienen alguno de los edificios más importantes de la ciudad, como el Palacio Nacional, la Catedral o la galería Mercaderes.

Antes de que los españoles lo demolieran, el Templo Mayor ocupaba el lugar donde se alza hoy la catedral. 

En 1978, cuando unos electricistas estaban trabajando en la zona, dieron por casualidad con un disco de piedra de ocho toneladas con tallas de la diosa azteca Coyolxauhqui. Entonces, decidieron demoler los edificios que aquí se encontraban para sacar a la luz los restos del Templo Mayor.

Se cree que se encuentra en el lugar exacto donde los aztecas vieron el águila sobre el nopal con la serpiente en el pico, lo que ellos consideraron como el centro del universo.

Con 109 metros de largo, la Catedral Metropolitana es uno de los edificios más emblemáticos de CDMX. Su construcción se inició en 1573 pero se prolongó durante años, por lo que presenta diversos estilos arquitectónicos.

Cuando entramos a verla por dentro nos damos cuenta de la enorme inclinación que tienen sus naves laterales. Preguntamos a un voluntario que trabaja en ella y nos explica que, a lo largo de los años, han tenido que hacer varios trabajos de remodelación por los movimientos y hundimientos que ha sufrido los últimos años.

Aquí nace una de las arterias principales de la ciudad, la avenida Madero, peatonal y llena de tiendas y edificios coloniales, como la bonita Casa de los Azulejos.

Y llegamos a la Alameda Central con el Palacio de Bellas Artes, un edificio del 1903 hecho en mármol blanco de Carrara y con inmensos murales pintados por artistas mexicanos.

Cerca hay varios mercados, algunos de artesanías y recuerdos, como el Centro de Artesanías La Ciudadela, y otros de comida, como el Mercado de San Juan, donde encontramos todo tipo de animales para comer, como gusanos, escorpiones y tarántulas (de hecho, estas últimas las venden también vivas si las quieres de mascota por 100$).

Otro día lo dedicamos a conocer los barrios de Condesa y Roma, barrios muy de moda ahora en la ciudad, con bonitos edificios coloniales, grandes parques y boutiques y cafeterías pequeñitas en los bajos de los edificios.

En una de las plazas nos encontramos con una fuente de Cibeles, copia exacta de la que hay en Madrid y en la que el equipo de la ciudad celebra los títulos, así que, como Carlos tuvo que conformarse con celebrar la victoria de la Champions en la distancia, se toma la revancha y se saca una foto aquí recordando los 15 títulos.

Ya que estamos aquí y que hay unos cines en un centro comercial, ¡aprovechamos que se ha estrenado ya aquí la película de “Del Revés 2” para verla! Compramos unas palomitas y una Coca Cola en el 7-Eleven de alado (las del cine están en 15$) y entramos a disfrutar de una de las pelis más chulas de Pixar.

El sábado lo pasamos en el barrio de Coyoacán, unos 10 kilómetros al sur del centro de la ciudad. Este barrio, donde vivieron figuras conocidas como Hernán Cortes, León Trotsky o Frida Kahlo, se anima los fines de semana, cuando las plazas de llenan de músicos, mimos y mercadillos de artesanía.

Pasamos por la Casa Azul, donde Frida Kahlo y Diego Rivera vivieron sus años de casados, aunque no entramos porque hace falta coger las entradas con 10 días de antelación, ¡vuelan!; la casa de Hernán Cortés, el Jardín Centenario o la plaza Hidalgo.

Antes de acabar el día pasamos por la plaza Garibaldi donde grupos de mariachis animan la tarde tocando las rancheras que la gente les pide (previo pago de 10$ por canción, claro). 

Nos sentamos en un templete en el centro de la plaza para escuchar las distintas agrupaciones con la suerte que, empieza a llover y, una que está tocando a nuestro lado, decide refugiarse bajo el techo del templete, quedándose ahí la siguiente hora, mientras no escampa, tocando rancheras.

Pero no podemos irnos de CDMX sin visitar la ciudad azteca de Teotihuacán, a 50 kilómetros al noreste de la capital. Aunque hay varias excursiones organizadas, tanto privadas como en grupo, nosotros nos decantamos por coger un autobús local y en una hora y media estamos entrando en las ruinas.

Teotihuacán, “lugar donde nacieron los dioses”, nombre por el que la llamaron los aztecas, pues el real se desconoce, fue la mayor ciudad de lo que hoy es México y la capital del que posiblemente fuera el mayor imperio prehispánico de Mesoamérica.

Si bien la antigua Teotihuacán abarcaba más de 20 km2, lo que se puede ver hoy en día se concentra alrededor de la Calzada de los Muertos, una enorme avenida de 2 kilómetros de larga así llamada porque los aztecas creían que sus grandes edificios eran tumbas construidas por gigantes para los primeros gobernadores de Teotihuacán. 

En el extremo norte de la Calzada de los Muertos se iza la Pirámide de la Luna, una de las dos pirámides emblemáticas de Teotihuacán. Finalizada en el año 300 d.C. es casi tan alta como la Pirámide del Sol ya que se alza sobre un terreno más elevado.

Se cree que tuvo que ser un lugar de gran importancia religiosa, tanto por su ubicación como por los restos humanos y de piedras preciosas, como el jade o la obsidiana

Pero si hay algo que te deja sin palabras cuando entras y ves cómo se eleva hasta lo que parece el cielo (aunque es hasta los 70 metros) es la Pirámide del Sol.

La tercera pirámide más grande del mundo, solo superada por la de Keops en Egipto y la de Cholula, también en México, se levantó hacia el año 100 con tres millones de toneladas de piedra, sin herramientas metálicas ni animales de carga ni ruedas.

Por último, está el Templo de Quetzalcóatl, la tercera pirámide más grande de Teotihuacán y la más ornamentada, con tallas de la temida serpiente emplumada en sus paredes.

Volviendo a CDMX, con un poco de prisa porque queremos llegar a ver un museo muy chulo, el autobús nos deja tirados, literalmente, en mitad de la autopista. En una cuesta arriba se para y ya no sube más. Por suerte, otro autobús de la misma compañía viene por detrás y en menos de 10 minutos hemos hecho un trasvase en mitad de la carretera y estamos recolocados en el pasillo para recorrer los picos kilómetros que nos quedan para llegar.

Pero, a pesar del atasco, del autobús roto y de la cantidad de gente que hay hoy domingo en el metro, conseguimos llegar al Bosque de Chapultepec, donde está ANFIBIUM, el Museo del Axolote.

Este pequeño museo gratuito ayuda a dar a conocer a este curioso animal, endémico de México y con unas propiedades increíbles.

Estos anfibios son animales carnívoros que se alimentan de moluscos, lombrices, larvas de insectos o pequeños peces. Las larvas acuáticas tienen branquias y una aleta dorsal; mientras que los adultos se convierten en salamandras y son terrestres que respiran por la piel y los pulmones. Sin embargo, algunas de sus especies son neotecnicas, es decir, alcanzan su madurez en estado larvario y pasan toda su vida en el agua siendo axolotes.

Pero si hay algo increíble en estos animales es su capacidad de regeneración, la mayor de todos los vertebrados. Si se lesionan o pierden un miembro, la cola, la médula espinal o incluso una parte de su corazón o su cerebro, lo reconstruyen completamente.

Si sufren una lesión, en lugar de cicatriz, se crea una capa delgada de piel que sana en ocho horas, de esa capa se forma un blastema, una bolsita llena de células madre que regenera la zona en cuestión de días. Por eso son muy interesante para genetistas, embriólogos y neurobiólogos, que buscan desarrollar tratamientos para enfermedades como el Alzheimer.

Y así, después de algo más de un mes en el país y con muchos tacos comidos, acabamos nuestra visita por México. Gastronómica y culturalmente nos ha parecido un país increíble, con ruinas prehispánicas a cuál más impresionante que la anterior.