Aterrizamos en San José y tras recoger nuestras maletas, salimos del aeropuerto. La cara se nos transforma al ver a dos bichejos corriendo hasta nosotros para darnos un súper abrazo. Y es que Elsa, la hermana de Carlos, junto con Tone y los niños, Emma y Jaime, ¡han venido a visitarnos a Costa Rica!
Después de los abrazos y besos, nos subimos al coche que hemos alquilado para recorrer el país y conducimos, entre un atasco enorme, hasta el primer hotel a las afueras de la capital en el que pasamos la primera noche.

A la mañana siguiente, cuando nos levantamos, un rico desayuno tico nos está esperando para cargar pilas.
De aquí conducimos 3 horas hasta el pueblo de La Pavona, donde dejamos aparcado el coche en un aparcamiento durante los próximos 3 días para coger un bote en el embarcadero.

Una hora después de navegar a través de canales por la selva, llegamos a Tortuguero. Este pueblo está ubicado en el Parque Nacional del mismo nombre, una zona de gran biodiversidad de flora y fauna.
Y que mejor forma que conocerlo que con una lancha y un guía local que nos va llevando por todos los canales, buscando garzas, loros, caimanes, perezosos y jaguares.

El paseo dura algo más de dos horas y vamos entrando, a través de los manglares, por pequeños canales en los que la selva es tan densa que parece que no podemos seguir avanzando. Finalmente conseguimos ver diferentes tipos de garzas, algunas especialmente bonitas, iguanas tomando el sol, loros y un par de caimanes pequeñitos en el agua camuflados entre los juncos.

Recorremos también el sendero Jaguar, este andando, que te adentra por la selva del PN de Tortuguero hasta llegar a la playa. En él vemos ranas rojas, muy muy pequeñitas, cangrejos enormes de color naranja y morado, arañas gigantes, iguanas, monos aulladores peleándose a gritos (de hecho, uno de ellos llega a caerse al suelo porque la rama en la que está se rompe, osos hormigueros… ¡y nuestro primer perezoso de 3 dedos súper cerquita!




Teníamos muchas ganas de ver a estos tranquilos animales y saber un poquito más de ellos. Los hay de dos tipos: de dos dedos (o garras) o de tres. Los de tres son herbívoros y activos durante el día y tienen la típica cara que parece que están sonriendo eternamente con los ojos más oscuros en negro. Los de dos dedos son omnívoros y especialmente activos de noche y el morrito les sale como si fueran un cerdito.

Seguimos andando y llegamos hasta la playa. Nos han dicho en la entrada que ayer vieron aquí un jaguar comiéndose a una tortuga muerta. Sin embargo, cuando nosotros llegamos al día siguiente, solo queda el caparazón de la tortuga ya y una banda de buitres se está dando un buen festín.

El resto de nuestro tiempo en Tortuguero lo pasamos entre la piscina del hotel, el Carey Lodging, y la playa, aunque en ésta, por fuertes mareas, desaconsejan completamente el baño. Además, Elsa y Tone se escapan una noche a ver el desove de las tortugas, que este año ha comenzado un poquito antes y ya están saliendo a la playa a enterrar sus huevos. Por lo que nos cuentan, es una experiencia increíble.
El viernes 28 de junio nos levantamos pronto y enseguida nos ponemos en marcha, ya que nos queda un largo día de viaje por delante. A las 8 cogemos el bote que nos lleva desde Tortuguero de vuelta a La Pavona, donde nuestro coche nos espera para conducir, durante unas 5 horas, hasta la parte sureste del país, casi frontera con Panamá.
Cuando llegamos a Puerto Viejo es ya casi de noche y está cayendo el diluvio universal. Además, después de la paliza de viaje que nos hemos pegado de viaje, que parece ser que en Costa Rica los tránsitos son así, largos y tediosos, lo único que queremos es cenar, descansar y coger el día de mañana con más fuerzas.
¡Qué suerte que cuando nos levantamos al día siguiente hace un sol increíble! Nos ponemos nuestros bañadores, preparamos las bolsas de la playa y nos vamos a recorrer las playas de la zona. Empezamos por playa Manzanillo, donde nos bañamos, paseamos por la playa hasta un pecio de un barco que hay en la arena y hacemos algunos vídeos muy chulos con el dron.
Además, en uno de sus extremos, donde hay arrecife, se puede hacer snorkel y ver algún pececito. Nos echamos al agua con las gafas y Emma se anima a venir con nosotros. Es su primera vez, por lo que la primera vez que ve peces vivos de colores nadando a su alrededor, alucina. Y nosotros disfrutamos muchísimo viviendo esa primera experiencia con ella y viendo lo bonita que es la inocencia de un niño.

La siguiente que visitamos es playa Uva, mucho más recogidita que la anterior, parece una calita pequeña con un color de agua azul clarito increíble. Además, de repente vemos que la gente se empieza a arremolinar alrededor de uno de los árboles que dan sombra en la playa y resulta que hay un perezoso durmiendo, hecho una bolita, en lo alto.

Después de comer, y de un rato de piscina, nos acercamos hasta el pueblo de Puerto Viejo. Está bastante animado, con muchísimos puestos de artesanía y ropa y bares con música en directo.
Nuestra segunda mañana aquí la aprovechamos para visitar el Parque Nacional de Cahuita. Este parque, lleno de flora y fauna super diversa, tiene varios senderos que transcurren paralelos a la línea de costa, por lo que, mientras los vas recorriendo, el mar te va acompañando e incluso puedes hacer alguna que otra parada para pegarte algún bañito refrescante.

Y la verdad es que no puede empezar mejor nuestra visita. Nada más aparcar el coche y dirigirnos a la entrada del parque, nos avisan de que en uno de los árboles de la entrada misma hay un oso perezoso. Cuando nos acercamos, nos llevamos dos sorpresas. La primera es que es un perezoso de 2 dedos, que todavía no habíamos visto. Y la segunda es que no está sola, ¡si no que tiene a su bebé en su regazo dándole guerra!
Nos tiramos ahí un buen rato, viendo como la madre intenta dormir y la cría no hace más que moverse para arriba y para abajo e incluso una vez está a punto de perder el equilibrio y caerse.

Nos metemos ya en el parque de Cahuita y vamos recorriendo el sendero mientras escuchamos a los monos aulladores de fondo. Vemos arañas, cangrejos, monos corriendo por las ramas y un mapache se nos acerca buscando comida cuando paramos un rato en la playa a darnos un baño.

Por la tarde, como es la última aquí, aprovechamos para poner alguna lavadora con la ropa sucia de estos días y nos relajamos en la piscina del hotel de Elsa y Tone con los enanos, que mañana tenemos un día largo de viaje.
