Hoy tenemos que atravesar todo el país, desde la costa sureste en la que empezamos el día hasta el noroeste, donde llegamos a la hora de comer después de unas 4 horas de coche y alguna parada para estirar las piernas y desfogar en un parque.
La Fortuna es un pueblo puramente turístico en las faldas del volcán Arenal, con tiendecitas de regalos, restaurantes muy bonitos decorados y algún supermercado. Aprovechamos la tarde para dar un paseo por él y descubrir una pastelería en la que nos compramos unos postres para la cena ¡riquísimos!

El día de hoy lo dedicamos a recorrer el Parque Nacional Volcán Arenal. El volcán Arenal es uno de los más conocidos de Costa Rica, ya que ha sido uno de los más activos del país. La última gran erupción comenzó en 1968 y duró hasta 2010, con frecuentes flujos de lava, columnas de ceniza y flujos piroclásticos.
El parque tiene varios senderos que te acercan a las coladas del volcán, te llevan por varios miradores de la zona e incluso te permite ver fauna típica del país, como monos y muchas aves.

Aunque el día se ha levantado nublado y no llegamos a ver el volcán completamente despejado, las vistas de las coladas y los caminos, metiéndose a través de la selva, están muy chulos, ¡en uno de ellos hasta vemos un árbol que tiene más de 600 años!
Por la tarde, Elsa, Tone y los niños se van a unas pozas geotermales a darse un bañito y nosotros, mientras tanto, nos dedicamos a preparar algo de nuestro siguiente destino… ¡en el que también vamos a tener compañía!

Hoy tenemos viaje de nuevo, desde volcán Arenal hasta Monteverde. Pero antes de dejar la zona, nos acercamos a ver la cascada La Fortuna.
Es un salto de agua grande, de 70 metros, que nos han dicho que es muy chulo y que encima en la parte de abajo te puedes dar un baño. Sin embargo, el pero viene en que, para verla, hay que bajar unos 600 escalones, ¡que luego toca subirlos de nuevo!
Nos armamos de fuerza, con las mochilas llenas de agua y con los bañadores listos y nos vamos para abajo. Cuando llegamos estamos prácticamente solos, ya que todavía es bastante pronto, por lo que disfrutamos muchísimo de lo bonito que es el lugar.

Y por supuesto, antes de retomar las escaleras de vuelta, nos damos un baño en el río que nos ayude a recargar pilas y refrescarnos un poquito. Hay varios peces bastante grandes en la zona e intentamos avanzar un poco entre piedras hasta justo donde cae el agua, aunque la fuerza de la corriente no nos lo pone fácil.

Ahora sí, como nuevos, nos ponemos en marcha para afrontar los 600 escalones con los enanos. Sin embargo, cuando queremos darnos cuenta, entre cuento y cuento, ¡los tíos están ya arriba como auténticos campeones!
Nos subimos al coche y conducimos hasta Monteverde nuestras rutinarias 4 horitas de coche que aquí en Costa Rica no te quita nadie.
Cuando llegamos al pueblo está diluviando. Nos comemos un guiso calentito típico del país y nos vamos directamente al hotel, donde nos recibe Ro, un señor encantador, nacido en Italia pero que, después de todas las vueltas que le ha dado la vida, le ha llevado hasta este pueblecito de Costa Rica y que hace muchísimas migas con nosotros, en especial con los pequeños.

Aunque nos gustaría haber salido a dar una vuelta por el pueblo o incluso haber hecho alguna actividad hoy, llueve tanto que lo único que podemos hacer es quedarnos en el hotel, esperando que mañana amanezca el día algo mejor.
¡Y tenemos suerte que el día siguiente amanece con un sol enorme! Desayunamos y nos vamos a la Reserva del Bosque Nuboso. Este ecosistema es único, se encuentra únicamente en zonas montañosas del clima tropical y subtropical. Y es que, tal y como su propio nombre indica, el bosque nuboso se encuentra en elevaciones altas donde las nubes se encuentran con el suelo, asentandose en el bosque y proporcionando una alta humedad y temperaturas relativamente frescas.
A la entrada del parque hay un colibriario, perfecto para poder ver algunos ejemplares de las más de 50 especies de este pájaro que existen en el país. Del techo cuelgan varios bebederos rellenos de agua o néctar, donde esos bonitos animales acuden a beber, para suerte nuestra que así podemos verlos de cerca.

Al final se nos pasa el rato observando a estos coloridos pajaritos y sus tonos brillantes que incluso cambian según como se muevan o les de la luz del sol, asi que sin llegar a entrar al Parque Natural del Bosque Nuboso como tal, nos tenemos que ir.
Y aquí nos dividimos en dos grupos. Por un lado Elsa, Tone y los niños se van a otra parte del Bosque Nuboso para andar entre puentes colgantes y subir hasta lo alto en teleférico. Nosotros, sin embargo, aprovechamos el resto de la mañana para hacer una actividad que nos apetece mucho muchísimo. Aquí lo llaman canopy pero son básicamente tirolinas de árbol a árbol atravesando el parque.
Para hacerlo hemos elegido, de entre las más de 5 compañías que hay en la zona, la empresa 100% Aventura. Y el motivo han sido dos: el primero, tiene una de las tirolinas más larga de todo Sudamérica y, dos, tiene un “Tarzán Swing” increíble.

El parque cuenta con un total de 10 tirolinas. Las primeras son algo más cortas y con menos inclinación, para irle cogiendo el truco a eso de frenar con los guantes, la postura que llevar para no dar mil vueltas… Poco a poco las van haciendo más largas hasta llegar a la penúltima, ¡la más larga del parque y una de las más largas de Sudamérica con 1590 metros!
Además, la forma de deslizarte tanto en esta como en la siguiente es en lo que llaman “Superman”. Te atan de pecho y piernas al cable y te vas deslizando completamente tumbado, paralelo al suelo como si fueras volando.

Pero si hay algo que en realidad es un auténtico flipe es su “Tarzan Swing”. En este último paso, te lanzas al vacío desde una plataforma a 45 metro de altura y, cuando llegas al máximo estiramiento de la cuerda, esta comienza a balancearse como si fuera un enorme columpio. Flipante. Solo decimos que quisimos repetir según llegamos al suelo pero no nos dejaron.

Acabamos con esa cara que se ve en la foto… ¡y muertos de hambre de la energía! Volvemos al pueblo, nos comemos unas hamburguesas super ricas y esperamos en el hotel a que vengan nuestros compañeros de viaje y nos cuenten que tal su experiencia.
Como la tarde es lluviosa también (es lo que tiene estar en un lugar alto en el que las nubes se quedan retenidas), lo pasamos jugando a juegos y pintando hasta que llega el momento de irse a dormir, que mañana madrugamos.
Elsa y Tone se escapan a primera hora a las tirolinas en las que estuvimos nosotros ayer y nosotros nos quedamos con los enanos desayunando y viendo la peli de Vaiana mientras acompañamos a Maui cantando “de nada”.
Sobre las 10 de la mañana nos subimos al coche y conducimos hasta la localidad de Quepos, donde llegamos ya tarde, pero con el tiempo suficiente para darnos un baño en el Pacífico mientras se pone el sol que nos ayuda a desfogar después de todo el día de coche.

El motivo de bajar hasta esta zona de Costa Rica es para visitar el Parque Nacional de Manuel Antonio. Este parque es uno de los más famosos y visitados del país, ya que tiene una gran variedad de fauna, senderos super chulos para avistar animales y plantas y playas increíbles de arena dorada.
Para evitar colas, mucha gente y mucho calor, nos levantamos pronto y a las ocho y media de la mañana estamos entrando en el parque. Recorremos uno de los tantos senderos que hay marcados y desde el que vemos perezosos, monos aulladores y capuchinos, cangrejos, lagartos… hasta que llegamos a la playa Espadilla Sur.
Aquí paramos un rato, nos bañamos, jugamos en la arena y hasta construimos una tortuga enorme que una ola se acaba llevando y que también empapa todas nuestras toallas y mochilas.

Después de un ratillo nos cruzamos a la playa de enfrente, la de Manuel Antonio, mucho más pequeñita y tranquila que la de Espadilla. Aquí algún mono se atreve a bajar de las ramas y acercarse a las bolsas que la gente ha dejado en la orilla mientras se bañan en busca de algo de comida.

A la vuelta, paramos en una zona de bancos que tiene habilitada el parque, rodeada de verjas para evitar sustos con los monos buscadores de comida, y comemos algo mientras vemos el final del partido de España… ¡que, por cierto, acaba ganando y clasificándose!
Casi ya llegando a la entrada del parque, andando por un sendero bastante tranquilo, una madre de venado cola blanca se deja ver entre los arbustos junto con sus crías. ¡Quien nos iba a decir que íbamos a ver esta especie de animales aquí! Ignorancia total, resulta que luego nos encontramos que son el animal nacional de Costa Rica.
Y no solo eso, si no que antes de salir nos avisan que hay una serpiente terciopelo, de las más peligrosas del país por su agresividad y su potente veneno. Menos mal que esta relativamente lejos, dormida y con un río de por medio, que si no…
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Después de una mañana tan intensa, comemos y regresamos al piso en el que nos quedamos estos días. Por la tarde no salimos de la piscina hasta que ya es casi de noche y toca cenar y dormir para recuperar fuerzas para otro día más.
Amanece nublado, pero ¿Qué vamos a hacer? Es época de lluvias en el país y por lo menos no está lloviendo asique nos vamos al último parque nacional que vamos a visitar, Marino Ballena.
Este parque recibe su nombre por la forma que tiene visto desde arriba, como si fuera una cola de ballena, y porque es lugar al que las ballenas jorobadas migran para reproducirse y dar a luz. Visto desde la playa, el parque tiene una enorme lengua de arena, que se mete en el mar y se ensancha en su parte final.

Pasamos aquí la mañana mientras nos respeta la lluvia. A eso del medio día comienza a llover, cada vez con más ganas, por lo que regresamos al coche y conducimos la hora que nos separa del hotel. Por la tarde, como la lluvia ya se ha quedado instalada, nos quedamos en la piscina del hotel, que por lo menos tenemos la habitación cerca de casa por si decide arreciar.
Nos levantamos a la mañana siguiente y toca la parte que menos nos gusta: ¡coche! Además, esta vez es ya de regreso a la capital, San José. Cuando llegamos, aprovechamos la mañana para visitar un poco del centro de la ciudad, pero la verdad que no es ni de cerca lo más bonito que tiene el país (vamos, que si no la visitas tampoco te pierdes nada). Paseamos por el parque Morazán, visitamos el Teatro Nacional de Costa Rica, que creo que es el edificio más bonito de todo el centro, y acabamos el día en el museo de los niños.

Vamos un poco por entretener a los enanos y porque, lo que hemos visto por el centro no nos ha gustado mucho, y resulta ser todo un acierto. Es un museo interactivo, que toca diferentes temas como la ciencia, la tecnología, la cultura y la historia del país… super divertido. Vamos, que llegan las 5 de la tarde y nos tienen que echar porque nos podíamos haber quedado un buen rato más ahí.
De vuelta al hotel preparamos las maletas, sobre todo Tone y Elsa que mañana vuelan ya los cuatro de regreso a España, y aprovechamos y cenamos en su hotel para no tenernos que mover de noche. Además, se acercan… ¡Maka y Peter! Unos amigos que han llegado hace un par de días a Costa Rica para visitarnos y compartir el viaje el próximo mes. La verdad que, con lo bien acompañados que estamos, el tiempo es mucho más intenso y pasa mucho más rápido.
A la mañana siguiente toca despedida de la familia, han sido algo más de dos semanas muy chulas, super divertidas con los pequeños, con muchas risas y muchos juegos, que hemos tenido la suerte de poder disfrutar mucho más de ellos y que estamos seguros que vamos a echar mucho de menos.

