Nos levantamos prontito hoy para desayunar con Elsa, Tone y los enanos y despedirnos de ellos. La verdad que han sido dos semanas muy divertidas, de reírnos muchísimo con los enanos y pasárnoslo muy bien. Les vamos a echar mucho de menitos.

Peeeeero… ¡¡empezamos la segunda parte de nuestro viaje por Costa Rica!! Maka y Peter nos recogen con el Mitsubishi que nos va a llevar hasta Playa Negra en Guanacaste.
Saliendo de la ciudad paramos en un supermercado a hacer una compra y sobre las 10 de la mañana estamos en camino.
Sin embargo, los viajes en Costa Rica sabes a qué hora los empiezas, pero no a qué hora los acabas… son las 3 de la tarde y, después de 5 horas, todavía nos queda mucho camino por delante, así que paramos a comer algo y seguimos sin perder mucho tiempo.
Por fin, a las 6 de la tarde, conseguimos llegar a la que será nuestra casita para esta semana. La chica que nos entrega las llaves nos advierte de la presencia, en los alrededores, de monos, ranas, serpientes y escorpiones… eso sí, el sitio es increíble, en mitad de la selva.

Aunque nos levantamos pronto, nos tomamos la mañana con tranquilidad, para disfrutar de la casa, desayunar con tranquilidad en nuestra terraza…
Nos acercamos antes de comer a ver las playas de Avellanes y Playa Negra y la verdad es que son muy chulas, súper salvajes.
Pero a la 1, puntuales, estamos sentados en el salón de casa frente a la televisión para ver cómo España gana a Francia en semifinales de la Eurocopa y se clasifica para la final.
Por la tarde, Carlos y Peter alquilan unas tablas y se van un rato al agua a hacer surf mientras Maca y Scheherezade nos quedamos de charloteo en la playa.

Para acabar el día y recuperar las energías gastadas, hacemos de cenar una tortilla de patata que, junto con el queso que nos han traído de regalo, nos sabe a gloria.

Hoy hemos ido a pasar la mañana a la playa Junquillal, cerca de Playa Negra. Hemos leído que es una playa un poco alejada y que no suele haber mucha gente y, efectivamente, cuando llegamos estamos completamente solos.

Nos bañamos, paseamos por la arena y nos acercamos hasta la asociación Verdiazul, una organización que se encarga del cuidado de los huevos de las tortugas que llegan hasta aquí a desovar, de vigilar al amanecer y el atardecer las playas de cazadores furtivos y a devolver al mar a las pequeñas tortuguitas cuando nacen.

Volvemos a casa a comer y por la tarde, aunque nos acercamos a la playa para intentar hacer surf, llueve tanto y los rayos caen tan cerca que acabamos en casita viendo “Forrest Gump”. Pero nos llevamos la playa que hemos descubierto hoy, una de las más bonitas para nosotros de Costa Rica

Hoy el día amanece algo nublado, pero la previsión dice que llueve muy muy poquito, a ver si es verdad y aguanta. Carlos y Peter se han dado a primera hora un baño de surf en Avellanas y volvemos a esa playa a pasar el resto de la mañana.
Desde que llegamos a Playa Negra nos hemos puesto en contacto con Valerie, una tica que lleva una ONG llamada Asociación Verdiazul en la playa del Junquillal. Ella, junto con los voluntarios que se le suman, patrullan las playas en busca de tortugas desovando, para recoger sus huevos y ponerlos a salvo en sus viveros durante el periodo de incubación hasta su eclosión.
Pues resulta que hoy, por fin, cuando estamos comiendo, Valerie nos escribe para decirnos que la anidada que tenían incubando han eclosionado justo hoy por la mañana. Sin pensárnoslo dos veces, recogemos rápidamente, cogemos los móviles cargados y nos vamos rápidamente hasta la playa donde están ya preparando la liberación.

Cuando llegamos todo el grupo de voluntarios que han estado estos días trabajando están súper felices del nacimiento y de que vayan a poder vivirlo. Y aunque al principio somos unos pocos, de repente aparece un grupo de 40 estudiantes. Ya estamos aquí ciento y la una.
Valerie y Alexa, una voluntaria mexicana, nos muestran las 56 tortuguitas que acaban de nacer y nos piden que los acompañemos a la playa para su liberación.

Nos colocamos en una línea que dibujan en la arena enfrente del mar y Valerie, con guantes, va cogiendo de una en una las tortuguitas y colocándolas a lo largo de toda la línea.
Cuando llega a nosotras nos deja una aladito y, después de un par de segundos de ver dónde está, nuestra tortuguita empieza a andar directamente hacia el mar.

La seguimos de lejos hasta que llega al mar y, la primera ola que la alcanza, le da vueltas y vueltas como una croquetilla y la saca de nuevo. Pero, poquito a poco, ella avanza y avanza de nuevo hasta que, por fin, alcanza el mar y se pierde en él.
Lo que hemos visto, el momento que hemos vivido, en la playa, con un cielo súper bonito, y todas las tortuguitas pequeñas avanza ando poquito a poco por la arena hasta llegar al enorme océano… ha sido precioso.

De aquí nos vamos para la playa, a recoger a Peter y Carlos, que les hemos dejado dándose su baño de tardeo de surfing. Y, como regalo final, está puesta de sol increíble para despedirnos de un día muy muy guay.

Parece ser que hoy vuelve un poco la lluvia por la tarde, por lo que a las siete y media de la mañana estamos ya en pie para poder aprovechar al máximo.
Nos subimos al coche y conducimos hasta Marbella, un pueblecito costero una hora al sur de aquí. Aunque bueno, tardamos bastante más que una hora, ya que la parte final de la carretera es algo horrible.
Cuando llegamos, hace un día increíble, con sol y cielo azul azul. La playa además es muy bonita, muy grande y con poquita gente, asique nos quedamos aquí disfrutándola el resto de la mañana.

Después de comer en casa nos acercamos de nuevo a Playa Negra, de momento la que más les ha gustado para hacer surf, y rascan otro baño de última hora muy muy chulo.
Y llega nuestro último día en Costa Rica. Como es sábado, nos acercamos hasta Tamarindo para ver Playa Grande y un mercadillo de artesanía y comida que organizan.
Tamarindo es mucho más grande y turístico que la zona de Playa Negra donde estamos nosotros. Está además lleno de tiendecitas de souvenirs, de tiendas de ropa boho chic y de cafeterías que nos recuerdan a las de Bali.
El mercadillo es muy chulo también, con puestecitos de ropa y de comida, leche fresca y verduras recién traídas… pero vaya precios. Se nota que esta zona está llena de gringos. Aun así, Maka se pide un bowl de açai con frutas que tiene un auténtico pintón.

De aquí nos acercamos a la playa de Tamarindo, unida a Playa Grande y, como su nombre indica, es una larguísima playa que acaba en parque nacional.
Comemos y volvemos a Playa Negra, a ver si Peter y Carlos tienen un último baño de surf de despedida. Pero nada, el mar sigue bastante plano, por lo que nos quedamos todos en la playa dándonos un bañito y disfrutando del último atardecer aquí en Costa Rica.

Volvemos a casa a poner una lavadora con la ropa sucia de estos días y preparar la mochila para mañana cuando, de repente, alado del pie de Carlos, me doy cuenta de que hay algo. Es un animal, pero no una araña como las que hemos visto estos días. Es marrón. Cuando caigo en lo que es… le digo tranquilamente a Carlos que venga un momento conmigo y se separe lentamente, sin darse cuenta, del escorpión que hay en el suelo.

Flipamos con que ese bicho este en nuestro cuarto. Vamos a por un bol que ponemos encima del escorpión para que ya no se salga de ahí y metemos poco a poco el recogedor por debajo para poderlo dejar ahí encerrado y sacarlo con cuidado hasta la calle.
Y así, con la adrenalina alta y alucinando con el escorpión compañero de piso que nos hemos echado, nos despedimos de Costa Rica.
