Antigua de Guatemala y subida al volcán Acatenango

Con buen sabor de boca después de ver la victoria de la Selección Española de Fútbol Masculino en la Eurocopa, cogemos el vuelo que nos lleva hasta Ciudad de Guatemala y, de aquí, un transfer a Antigua.

El chofer que nos lleva este último tramo es muy simpático y hablador y nos va dando las primeras pinceladas de un país que creemos nos va a encantar.

Cuando llegamos a Antigua son más de las 8 de la tarde, pero cuando salimos a cenar algo, vemos que la ciudad está llena de vida. Puede ser que sea porque es domingo, o porque se está jugando la final de la Copa América que enfrenta a Colombia y Argentina… no sabemos, pero encima descubrimos que tiene un mercado nocturno de comida, ¡todo lo que necesitamos!

El día siguiente lo empezamos visitando los mercados de Artesanía y el Central de Antigua, dos recomendaciones de nuestro conductor de ayer. ¡Y es el paraíso de las telas, los colores y las compras! 

Aunque no queremos empezar a comprar ya el primer día a primera hora es verdad que cae alguna cosilla ya. Bolsos de cueros con bordados, cinturones de colores, carteras, monederos, botas de cuero… y todo lo que te puedas imaginar está aquí adornado con flores o patrones geométricos.

Para comer aprovechamos que en el Mercado Central hay una zona de comedores y probamos uno de los platos típicos de Guatemala, el pepián. Éste es un guiso hecho a base de carne (ternera, cerdo o pollo) con verduras como patatas, ejotes y zanahorias, y todo esto, con bebida incluida, ¡por menos de 3€!

A las dos y media de la tarde empieza el free tour que hemos cogido para visitar la ciudad. Sin embargo, nada más comenzar, el guía ya nos dice que la propina mínima es de 10€ por persona y que, si tenemos algún problema, nos abstengamos de ir. Eso, sumado a la turra que nos suelta en menos de 5 minutos de datos históricos constantes y alguna mala contestación que da a otros turistas que se acercan, decidimos decirle que no vamos a continuar con el tour antes de que se más tarde.

Sacamos nuestra Lonely Planet y, por nuestra cuenta, nos ponemos a hacer el tour que nos propone la guía mientras vamos leyendo la historia y curiosidades de cada lugar (y nos vamos juntando con el guía turras en algún sitio que otro).

Antigua fue fundada en el 1543 y fue la capital del antiguo Reino de Guatemala hasta que, en 1773, quedó totalmente destruida por el terremoto de Santa Marta que sufrió la ciudad. En 1979, Antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su impresionante conservación de la arquitectura colonial.

Durante nuestro paseo por la ciudad pasamos por el Ayuntamiento, la catedral de San José, la iglesia de la Merced y el famoso arco de Santa Catalina, una de las imágenes más reseñables de Antigua.

Después de una buena pateada, y la visita a algún mercado de artesanía más que nos vamos encontrando por la ciudad, nos acercamos hasta el mercado de comida callejera, donde nos comemos un bocata y unos tacos riquísimos.

Y, para acabar el día, vamos al bar Ulew, una recomendación que nos hizo un chico guatemalteco que conocimos en Puerto Escondido (México). Para entrar al bar atraviesas una cabina de teléfonos roja típica londinense que te lleva hasta un pequeño cuarto de piedra. Uno de los camareros se nos acerca y nos explica el concepto del lugar: ellos no tienen cocktels definidos, si no que, preguntándote acerca de tus gustos, te sacan una bebida personalizada para ti, todo ello acompañado de unas bandejitas únicas que decoran el trago de cada uno. Nos pedimos uno más fresquito, otro con aroma de café y uno que lleva toques de calabaza, ¡todos súper ricos!

A la mañana siguiente nos acercamos en uno de los “Chicken Bus” hasta el pueblo de San Antonio Aguas Calientes. Estos autobuses son antiguos autobuses escolares americanos que, para darles una segunda vida, los han pintado enteros de colores llamativos y los utilizan para distancias medias y cortas entre pueblos.

Cuando llegamos, damos un paseo por la plaza y las calles del pueblo, aprovechamos para que a Carlos le arreglen sus sandalias en un zapatero que pillamos abierto y visitamos un pequeño mercado de artesanía que hay alado del ayuntamiento, donde una de las mujeres nos enseña como tejen sus ropas, los huipiles, fajas y faldas.

Por la tarde, de vuelta en Antigua, entramos a ver el Templo de las Capuchinas, también conocido como el Convento de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Fue fundado en el 1726 por las monjas capuchinas y, como muchas estructuras de Antigua, sufrió daños significativos durante el terremoto de 1773.

El complejo del convento es un ejemplo de la arquitectura colonial española, con una gran iglesia, claustros, jardines y áreas de servicio. Tras el terremoto fue abandonado, pero, a lo largo de los siglos, se ha ido restaurando poco a poco hasta abrirse de nuevo al público.

Y prontito nos volvemos al hotel, para preparar la mochila para mañana y acostarnos pronto, que nos espera uno de los mayores retos aquí en Guatemala.

Son las 7 de la mañana y ya estamos listos en la puerta de Wicho&Charlies. Esta es la empresa que hemos elegido para hacer la subida hasta la cima del volcán Acatenango.

La subida se divide en dos días, subiendo el primero hasta el campamento base del volcán y coronando la cima el día siguiente.

Preparamos aquí nuestro equipo, ya que tenemos que añadirle algo de ropa de frío con la que no contamos pero que la empresa nos presta y botellas de agua suficientes para hoy y mañana. Dividimos el equipo en dos mochilas, una es la que se viene toda la subida con nosotros y que lleva agua, comida y algo de abrigo para la subida, y la grande, que nos la suben el 80% del trayecto en coche y que es en la que va la cena, desayuno de mañana y ropa de abrigo suficiente.

Sobre las diez y media de la mañana estamos listos para comenzar a andar. Por delante nos esperan escasos 8 kilómetros, pero con un desnivel de 1200 metros y por terreno irregular. Poco a poco, y parando cada 20 minutos aproximadamente, vamos subiendo todo el grupo. En el camino conocemos a unos hermanos holandeses, Robbert y Nikie, con quienes hacemos migas y hablamos de viajes, costumbres… lo que sea para que la subida se haga más amena.

Finalmente, y después de una última hora más exigente con las dos mochilas acuestas, llegamos hasta el campamento base, a 3550 metros de altura. Y las vistas desde aquí ya son impresionantes. Vemos a un lado el volcán Agua, con toda su ladera llena de casitas y pueblos y, enfrente, el volcán Fuego comienza a escupir humo y ceniza para darnos la bienvenida. IMPRESIONANTE.

Pasamos la tarde descansando en las terracitas que hay mientras disfrutamos de las vistas y escuchamos rugir al volcán cada 15-20 minutos. Pero lo impresionante viene cuando se hace de noche y, eso que antes veíamos como humo, en la oscuridad se vuelve de color rojo. Se ven perfectamente las piedras al rojo vivo saltar por los aires y caer por la ladera del volcán después de cada erupción. Es algo que nos atrapa, que no podemos dejar de mirar cada vez que sucede y que nos deja con la boca y los ojos abiertos de par en par todas y cada una de las veces.

Para dormir, con el frío que hace a estas alturas y la “habitación” en la que dormimos (son 5 chapas sujetas con palos), nos metemos forrados en la cama, con hasta 3 capas de ropa, gorro y bufanda, para poder pegar ojo. 

Aun así, poco podemos dormir. La alarma suena a las 3 y media de la mañana. Nos ponemos en pie, tomamos algo de fruta y unas barritas y nos ponemos en marcha para subir a ver amanecer hasta la cima del volcán Acatenango, a 3976 metros de altura. Aunque llevamos un ritmo cómodo y el guía va parando cada poco, el cansancio de ayer, el terreno que es piedra fina del volcán y la altura, de los 2500 metros hasta los 2976 metros en la cima, hace que cueste respirar. Pero una vez arriba, viendo como el mundo empieza a despertar entre erupción y erupción del volcán Fuego, todos los males se curan. Y todo el esfuerzo de subir hasta aquí, de cargar con la mochila, de mal dormir, de pasar frío… todo ha merecido la pena. Lo conseguimos. Subimos.

Regresamos al campamento base, donde un desayuno calentito nos espera. Recogemos el material, preparamos las mochilas y comenzamos el regreso. En apenas tres horas hemos llegado ya al punto en el que ayer iniciamos la etapa y donde nos esperan los mini autobuses para llevarnos de vuelta a Antigua.

Deshacemos el equipo, devolvemos el material y nos despedimos de nuestros nuevos amigos, aunque estamos seguros de que nos lo volveremos a encontrar en nuestro viaje por Guatemala. De aquí nos vamos directos a comernos una buena hamburguesa, nos la hemos ganado. Y con la tripita llena y rotos de sueño, cogemos una furgoneta compartida que nos lleva hasta nuestra siguiente parada, el lago Atitlán.