«GO SLOW» en cayo Caulker

Decidimos retrasar un día más el cruce de frontera entre Guatemala y Belice. Carlos se encuentra bastante pachucho del estómago y sin muchas fuerzas y es una buena paliza en autobús y ferry, asique alargamos nuestra estancia en Flores.

Finalmente, el lunes 29 de julio nos armamos de valor para hacer el viaje. El despertador suena a las 5 de la mañana. Terminamos de recoger todo, desayunamos algo rápido y vamos hasta el lugar de salida del bus. Nos habían dicho que era un autobús moderno, con aire acondicionado, asientos cómodos e incluso baño. Sin embargo, cuando llegamos nos encontramos un autobús bastante viejo, con asientos de hierro y todas las ventanas abiertas. Mal empezamos. 

Pero antes de que nos den los siete males nos paran ya fuera de Flores y nos dicen que nos cambian de autobús. Menos mal. Parece ser que algunos autobuses o furgonetas tienen restringida la entrada a ciertas localidades, no sabemos si por tema de competencias o por qué. La cosa es que sobre las 7 o así ya estamos en carretera para cruzar a Belice.

En poco más de una hora llegamos a la frontera, donde tenemos que coger todas nuestras cosas, bajar del autobús y pasar por la oficina de inmigración, primero saliendo de Guatemala y, unos metros más adelante, entrando en Belice. De aquí son otras 3 horas y pico en bus hasta que llegamos al puerto de Belice City.

Desde este puerto salen varios ferrys a los diferentes destinos del país, como San Pedro o Cayo Caulker, e incluso extranjeros como Bacalar, donde estuvimos en México.

Hacemos el check-in para nuestro ferry, nos recogen las maletas y las apilan en un carrito pendiente de embarcarlo todo. Tenemos una hora y media que aprovechamos para comprar algo (aquí es un pelín más barato) y para comer algo.

Después de una horita en ferry, llegamos a nuestro destino para los próximos días: Cayo Caulker.

Está pequeña isla del Caribe enfrente de la costa beliceña es famosa entre los mochileros (a pesar de lo alto de los precios, parece ser que es la más asequible de todas) y por su ambiente relajado y tranquilo. O como ellos dicen aquí por todos los sitios: GO SLOW o “ve despacio” para nosotros.

Llegamos al piso que hemos alquilado para estos días a través de AirBnb con un calor increíble. Nos damos una ducha y después de refrigerarnos un poco al aire acondicionado, salimos a dar una vuelta por la isla.

Esta mide 8 kilómetros de largo y escasos dos de ancho. Las calles son de arena y no existe coches, solo bicicletas o algún carrito de golf para los más aventajados. 

Acabamos en un bar con música en directo probando la cerveza local Belinkin, que hay que decir que está bastante bastante buena.

Amanecemos al día siguiente sin prisa. El cielo está bastante nublado y ha estado lloviendo toda la noche. Cogemos las bicis que nos deja la dueña de la casa y salimos a dar una vuelta, a fichar los supermercados, sitios en los que tomar algo, tiendecitas, centros de buceo…

Llegamos hasta la parte norte de la isla, lo que se le conoce como “the strip” ya que, cuando en 1961 pasó por aquí el huracán Hattie, dividió la isla en dos creando un estrecho canal entre ambas partes. Hoy en día hay uno de los bares más famosos de la isla, el “lazy lizard”. Aunque estamos en una isla del Caribe, las playas aquí brillan por su ausencia, por lo que en este bar es donde se congregan la mayoría de turistas, que vienen a pasar el día tumbados en hamacas, comiendo y bebiendo cócteles. 

Nosotros no íbamos a ser menos y, durante los tres primeros días que estuvimos en la isla, nos dedicamos a bañarnos en “The Split” y saltar desde un trampolín que tiene a unos 4 metros de altura, a recorrer la isla con nuestras bicis y descubrir nuevos rincones donde tomar una cervecita o ver la puesta de sol…

Para el cuarto día hemos contratado una de las excursiones estrellas de Cayo Caulker. Hemos elegido la empresa de Caveman por todas las recomendaciones que hemos visto de ellos en internet. La excursión, que puede ser medio día o día entero, consiste en moverte por diferentes puntos de snorkel, como la Reserva Marina Hol Chan, Shark Ray Alley ¡o incluso Swallow Cay para intentar ver manatíes!

A las 10:30 de la mañana nos subimos al barco. Junto con los dos patrones, Arwen y David, somos 17 personas a bordo. 

Empezamos por un punto, en la misma isla de Caulker, que para decir la verdad es un poco bastante turistada. Un enorme banco de tarpones habita en aguas cercanas a un muelle de la isla, acostumbrados a que los pescadores limpien ahí sus sobras y a que, ahora, la gente se acerque a darles sardinas para comer.

Simplemente manteniendo la mano separada 1 metro del agua, con una sardina entre los dedos, uno de estos enormes peces, que pueden llegar a medir 2 metros y medio y pesar 160 kilos, pega un enorme salto para llevarse la sardina a la boca y, si puede, algún dedo meñique también.

Seguimos ruta y la siguiente zona por la que pasamos es un área en la que se pueden avistar manatíes. Éstos enormes mamíferos pueden medir hasta 4 metros y pesar 600 kilos, viven en aguas del Caribe y son herbívoros, de ahí que se les llame “cow sea” o “vacas de mar”.

En la primera zona a la que nos acercamos, no hay rastro de ellos. Aunque son uno de los platos fuertes de la excursión, no siempre se avistan ni mucho menos se consiguen ver haciendo snorkel, pero no perdemos la esperanza. Vamos hasta otra de las áreas en las que suelen estar nadando y tampoco parece que se les vea subir a respirar, pero el guía decide que nos echemos al agua para gastar el último cartucho que nos queda.

Acabamos de tirarnos y empezar a nadar un poco alejándonos del bote cuando, de repente, Arwen nos hace un ruido para que le sigamos. Nos señala a lo lejos y, lo que parece una mancha enorme, poco a poco va cogiendo forma… ¡y resulta ser un manatí!

Nos acercamos un poco más a él, pero intentando no molestarle, y vemos como no se perturba con nuestra presencia; sigue nadando tranquilamente con sus dos rémoras pegaditas en la espalda. Nos tiramos ahí nuestros 5 minutos disfrutando de él, viendo como fluye, avanzando leeentamente y regresando de nuevo.

Hasta que llega un momento en el que sube a respirar a superficie y decide cambiar de aires, yéndose a otra zona donde no haya tanta gente observándole. Y, así, nos ha regalado un momento increíble.

¡Seguimos, que queda mucho día por delante! La siguiente parada es en “Coral Garden” o “Jardín de Coral” donde, según nos echamos al agua, vemos una tortuga y un tiburón nodriza pequeño.

Y llegamos a la otra parada estrella del tour, la reserva marina de Hol Chan. Esta reserva se encuentra en la barrera de coral mesoamericana, la segunda más grande del mundo después de la australiana (aunque ellos dicen que es la barrera de coral VIVA más grande del mundo). Nos dividimos en dos grupos, cada uno con un guía, y nos vamos al agua.

Y, según nos echamos, ya por nuestro lado pasa una raya águila tranquilamente nadando. Poco a poco vamos avanzando con David hasta que llegamos a lo que es propiamente el canal. Increíble. Bancos enormes de peces, barracudas, morenas, rayas, tiburones nodriza… no sabemos a dónde mirar. Está todo lleno lleno de vida marina por todos los lados. 

Además, David nos lleva por una zona en la que hay alguna cueva por la que pasamos haciendo Free Diving y en la que, literal, los peces nos rodean completamente.

Lo malo es que todo lo bueno… ¡vuela! Y cuando nos queremos dar cuenta ya hemos recorrido todo el canal y toca salir. Podríamos quedarnos solo en esta zona horas y horas viendo diferentes animales sin cansarnos.

Como empieza ya a hacer hambre, fondeamos en una zona fuera de la reserva marina (dentro está completamente prohibido; nos hemos dado cuenta de que aquí si cuidan sus fondos marinos y es algo que nos hace muy felices) y nos comemos la comidita que nos tienen preparada. 

Estamos cerca de Shark Ray Alley, donde nos acercamos justo después de comer en busca de tiburones y rayas. Pero vamos, que lo de en busca es un decir, porque según llegamos, veinte tiburones nodriza (algunos de varios metros) aparecen a nuestro alrededor. David dice que nos podemos ir al agua, siempre que no los atosiguemos, por lo que nos tiramos rápidamente para notar que se siente estando rodeado de tiburones. Y aquí he de decir que, aunque sabemos que son completamente inofensivos, verte rodeado de ellos, que te aparezcan por debajo y por detrás sin haberlos visto y que te miren como te miran así de reojo… hace que el corazón se acelere un poquito.

Cuando dejamos de ser una nueva atracción, se alejan poco a poco en grupos y nos quedamos rodeados de peces. Buscándolos por los alrededores, porque no han podido irse muy lejos, nos los encontramos a todos tumbados en el suelo, ocultos entre las algas, esperando al siguiente barco que se acerque.

La siguiente y última parada es en un pequeño pecio de una plataforma que, entre la excitación previa y el cansancio ya acumulado del día, no nos dice mucho.

Llegamos alrededor de las 3 de la tarde de vuelta al muelle de Cayo Caulker y no podemos estar más felices después de un día así. Nos vamos a casa, nos pegamos una ducha y salimos a buscar alguna compañía con la que bucear mañana, ya que Hol Chan nos ha gustado tanto que queremos intentar algo parecido.

Sin embargo, el destino tiene otros planes para nosotros. El primer centro de buceo al que vamos pinta bien al principio. Nos ofrecen una salida privada o unirnos a la que ya hay organizada, si queremos, por unos 140$. Decidimos unirnos a la del resto de gente y automáticamente, nos piden una señal de 100$. Según pagamos, empiezan a darnos todo el equipo para el día siguiente, pero en ningún momento nos preguntan ni que nivel de buceo tenemos certificado, ni que experiencia, ni cuando fue la última vez que buceamos… y eso ya nos hace desconfiar. Le pedimos unos segundos para hablarlo entre nosotros y, cuando se lo intentamos explicar, nos dicen que lo del nivel es lo de menos, que aunque tengamos diferente nivel los 6 no nos preocupemos, que el guía (el único que llevamos) va mandando a la gente hacia arriba solos por su cuenta, sin ordenador de buceo ni nada, según se les va acabando el aire y el resto siguen buceando. Difícil de digerir…

Nos devuelven la fianza que les hemos dejado y mientras recogemos las cosas, el señor nos increpa diciéndonos que “mira estos que para ellos son mucho 6 personas para bucear”. Scheherezade sale echa una furia de la tienda mientras el pobre Carlos se come el marrón de apaciguar las aguas.

Vamos a otro y otro centro de buceo, pero o no salen a bucear mañana o están llenos. Así que decidimos rendirnos, comprar una Belinkin en el supermercado y nos la vamos a tomar a orillas del mar, a recuperar las sensaciones tan buenas que hemos tenido al principio del día.

Y así, finalmente, decidimos dejar al día siguiente Cayó Caulker y seguir nuestro viaje por Belice, con el buen sabor de boca de haber nadado junto a manatíes, tiburones, tortugas… y haber disfrutado de la tranquilidad y el “Go Slow” de esta isla.