Después de unos días súper tranquilos en la isla, nos despedimos de nuestros anfitriones y nos vamos a la terminal de ferries. Salimos de Cayo Caulker prontito para que en el día de hoy nos dé tiempo a llegar hasta Placencia.
El trayecto de vuelta es mucho más rápido y en menos de una hora llegamos a Belize City. Son las 11 de la mañana cuando vamos a la estación de autobuses y aquí notamos ya que hemos salido de un Belice y estamos empezando a caminar por otro.
Según ver entrar por la estación a dos blanquitos se nos lanzan al cuello y todo el mundo se acerca a “ayudarnos desinteresadamente”, a intentar vendernos algo o a pedirnos dinero.

Vemos las taquillas de Floralia y el chico que está en ellas nos dice que no podemos comprar el billete hasta una hora antes, sobre las 13:30.
Nos sentamos en un hueco que encontramos y dejamos que las horas pasen. Hay un chaval que se dedica a ser el altavoz de la estación y es él el que, a gritos y en un criollo que no entendemos ni papa, anuncia las próximas salidas de autobuses.
Se acerca y nos pregunta cuál es nuestro autobús y a dónde y nos dice que no nos preocupemos, que él nos avisa cuando llegue el momento.
Son las 13:30 y nadie aparece en la ventanilla para comprar los billetes. Tampoco a las 14:00 ni a las 14:20. Menos mal que nosotros, viendo el percal, nos hemos puesto en contacto con la empresa vía wasap y hemos reservado dos billetes.
Pero es que son las 14:30 y tampoco aparece por aquí ningún autobús de Floralia con dirección a Placencia. De repente, nos da por mirar fuera de la estación y vemos que en la carretera principal para un autobús con el logo de Floralia, abre la puerta, bajan unas personas, arranca de nuevo y se va.
Nos acercamos al chaval a preguntarle, porque nos parece un poco raro que el bus ni haya entrado ni nada. Y nos dice que claro que sí, que ese era nuestro autobús y que iba lleno, por eso no ha entrado. Nos quedamos anonadados. Preguntamos por más autobuses y el siguiente no es hasta mañana a la misma hora. De broma.
¿Qué hacemos ahora? Hace un calor de muerte, no tenemos ni internet ni wifi para buscar un hotel por aquí… salimos cabreadísimos de la estación y nos acercamos hasta una barbería que vemos cerca y que tiene wifi. Le pedimos la clave al chico quien, súper amablemente nos la da, y nos ponemos a buscar un sitio donde meternos esta noche. Mientras hablamos con él y con otro chaval que está por ahí que es de El Salvador.
Nuestro hotel está algo lejos, por lo que el chico llama a su taxista de confianza para que nos acerque y nos vamos para allá.

Mas tarde salimos a comprar algo para cenar y barajamos las posibilidades para mañana. Ir a Placencia nos supone una parada más, ya que luego tenemos que bajar hasta el sur, a Punta Gorda, para poder cruzar a Guatemala y, de ahí, a Honduras y tampoco queremos esperar hasta la 14:30 de mañana, por lo que al final nos decidimos por irnos en un bus pronto directamente hasta PG.
A las 06:30 nos recoge nuestro taxista de confianza y por fin a las 7 de la mañana estamos saliendo de Belize City en dirección a PG. El viaje es larguísimo, con millones de paradas y bastante calor, ya que el aire acondicionado es completamente natural.

A las 2 de la tarde llegamos a PG con una humedad considerable. Vamos directos al hotel, pero no hay nadie. Que cansancio. Nos ponemos a buscar un bar donde haya wifi para intentar ponernos en contacto con ellos y ya tenemos la primera del día, cuando en el bar un tío nos empieza a increpar por preguntarle a la camarera si hay wifi o no. En fin. Conseguimos nuestro objetivo que es hablar con los del hotel y después de confirmarnos nuestra habitación, nos vamos de ahí.

El resto de la tarde la pasamos al fresco del aire acondicionado de la habitación, nos hemos quedado sin fuerzas. Salimos solo para comer al lugar que se convierte en nuestro sitio favorito de PG. Y es que aquí por fin estamos fresquitos y se respira tranquilidad.

Los ferrys a Livingston (Guatemala) solo salen entre semana, por lo que el domingo lo dedicamos a no hacer nada. Nos acercamos a la playa y nos encontramos familias garífunas dándose un baño en el mar. Volvemos a comer a nuestro rincón favorito y paseamos por la aldea que está completamente desierta.

El lunes por la mañana estamos a las 9 de la mañana en la oficina de inmigración para salir del país y coger nuestro ferry en dirección a Guatemala, donde pasamos una noche en Río Dulce para saltar al día siguiente a Honduras.

La barca nos deja en Livingston, una pequeña localidad costera de Guatemala que solo es accesible por barco o avioneta. Además, tiene una de las comunidades garífunas más grandes de Guatemala. Paseamos por sus calles, hablamos con los locales (un señor mayor nos asegura que aquí estuvieron los extraterrestres para enseñarles a construir las pirámides mayas) y, después de comer, cogemos una lancha que recorre el río Dulce para llegar hasta la localidad con su mismo nombre.

Dormimos en un pequeño hotelito con piscina que da al río y aunque por la noche intentamos salir a dar una vuelta y cenar algo, está todo todo cerrado y no hay ni un alma por la calle, así que, para no tensar la situación, nos volvemos con las mismas y nos vamos pronto a dormir, que mañana espera un día largo de viaje.
Belice es un país completamente desconocido que ni ubicábamos en el mapa antes de venir hasta aquí. Y es verdad que tiene muchísimo que ofrecer: bucear en la segunda barrera de coral más grande del mundo, y que encima la tienen súper protegida, es increíble. Sin embargo, no es un país en el que nos hayamos sentido completamente seguros, si no que cuando hemos salido de la burbuja más turística, hemos tenido que ir algo más precavidos y con alguna discusión que otra. Pero aun así, creemos que su fondo marino bien merece una visita.
