Buceo, relax y encuentros inolvidables en la isla caribeña de Utila

Comenzamos nuestro viaje desde Río Dulce bien prontito. Hemos contratado un shuttle que nos hace directamente Rio Dulce – La Ceiba sin tener que parar en San Pedro Sula. Hemos leído que no es que sea una ciudad especialmente atractiva ni especialmente segura. La verdad es que cada vez intentamos evitar más las grandes ciudades, mucha gente y poca chicha (obviamente no todas son así).

Así que, tras coger el shuttle, comenzamos la travesía. Nuestra primera sorpresa es que hay que pagar en la frontera de entrada a Honduras. No es mucho dinero, pero como es una sorpresa, no llevamos ni quetzales (guatemalteco) ni lempiras (dinero hondureño), por lo que, tras una pequeña discusión, conseguimos el cambio y seguimos camino. 

Nuestro conductor durante el viaje ya nos había avisado del dinero en la frontera, pero como no habíamos leído nada, la verdad es que pensábamos que igual se estaba intentando aprovechar. Esto nos cuesta otra discusión, cuando el conductor nos empieza a echar en cara que no era ningún ladrón y que llevaba haciendo el trayecto más de 10 años con unas formas que dejan mucho que desear.

La verdad es que el pobrecillo tenía razón, pero nos empezó a echar tanta mierda que, lo que comenzó con un “os lo dije” por su parte, acaba con un “conduce y cállate ya” por la nuestra. (Aclaración de Scherezade: de pobrecillo no tiene nada).

Apenas llevamos 30 minutos en Honduras y ya llevamos 2 discusiones. Esto promete.

Y como no hay dos sin tres, la tercera llega una vez aparcamos en La Ceiba. Aquí un paisano está haciendo cola cuando Scheherezade pasa por un lateral para acercarse a leer un cartel que hay en una ventanilla pegado, por si pone los precios de las tarifas que hay que pagar. El señor empieza a increparla con que si no tiene otro sitio para ponerse, que se largue de ahí y que no se cuele. Madre mía la que se monta. “Te voy a partir los dientes”, “no vas a salir de aquí andando” son algunas de las frases que salen de este elemento hasta que llega la policía y pone un poquito de cordura. 

Así pues, una vez montados en el ferry y dispuestos a hacer nuestras ultimas horas de viaje, decidimos que el día había que acabarlo bien, reiniciando sensaciones. 

Útila, nuestro destino, es una pequeña isla enfrente de La Ceiba. Está situada en lo que se considera el archipiélago de islas de la Bahía, junto con Roatán y Guanaja. Esta isla, de 12 kilómetros de largo y 5 de ancho, es más famosa para mochileros que las otras dos, sobre todo por sus precios más económicos y su ambiente más relajado. 

Pero lo que más fama le ha dado son sus increíbles fondos para el buceo, especialmente en el Arrecife de Coral de la Isla de Utila, que es parte del segundo arrecife de coral más grande del mundo, con más de 80 puntos de buceo.

Nosotros, de todos los centros de buceo, elegimos “Paradise Divers”. Y es que aquí ofrecen alojamiento gratuito por cada dos inmersiones, o hasta 7 días gratis de alojamiento por hacer algún curso. 

La sorpresa fue mayúscula cuando planeando hacer unas inmersiones por este lado de Honduras, nos dimos cuenta hablando con Eli y Raúl (unos chicos que conocimos en Tailandia y con los que coincidimos por pura casualidad en Nueva Zelanda) de que ellos estaban en el mismo centro de buceo. 

Cuando tras el ferry, llegamos a Paradise, no podemos creernos que la vida nos haya vuelto a juntar con estos dos chicos en otra parte del mundo tan diferente. 

Podéis imaginaros como han ido pasando los días en esta isla. El planning diario es encantadoramente monótono: diana a las 6:30, preparar el equipo de buceo, desayunar, dos buceos por la friolera de 56 dólares, comida post buceo y relajación viendo la puesta de sol en ese muelle que te atrapa.

Pero sin lugar a duda la magia de Utila y de Paradise Divers es su gente. La mayoría de los mochileros que se sienten atraídos por un buceo barato vienen de recorrer Centroamérica, de norte a sur (como nosotros) o de sur a norte, y paran unos días por aquí. Sus anécdotas, experiencias, consejos y opiniones sobre países, playas y lugares han pasado a engrosar nuestra bolsa de trabajo pendiente para el resto del viaje. 

Gracias a ellos nos enteramos de que en Nicaragua está prohibido entrar con drones… imaginaros nuestra sorpresa y la cantidad de ideas de cómo solucionar el marrón. Finalmente, Sofia, una encantadora madrileña que acababa su viaje, se ofreció a salvarnos de tener que pagar un envío de drone a casa. Con ella se han ido nuestras tomas aéreas del viaje (pese a lo mucho que le dolió a Scheherezade despedirse de su aparatito).

MIL GRACIAS SOFIA. 

Otro de los aspectos destacados de Utila es su increíble pescado fresco. Esas cosas que sueles echar de menos en muchos sitios es encontrarlo fresco y barato. Aquí definitivamente era el sitio: 2 atunes por menos de 4 euros, o más de 4 libras de Caribean fish por lo mismo. 

Un punto especialmente bonito de Utila es su playa Neptunel, a la que se llega tras coger una pequeña lanchita por un manglar. Una playa idílica, agua turquesa y un snorkel de mucha calidad. 

Así pasamos más de 8 días disfrutando de esta monotonía mientras buceamos y Scheherezade se sacaba el curso de “Stress&Rescue Diver” (un peldaño más cerca de poderse dedicarse al buceo).

Con esto, tras más de una semana de ensueño, toca dejar atrás Utila, sus buceos y sus fondos marinos, su tranquilidad y monotonía, sus playas paradisíacas y su buen rollo, para seguir con nuestra aventura.