Ruinas mayas de Copán, una visita obligatoria en Honduras

Hoy toca día largo de viaje, por lo que nos lo tomamos con filosofía. A las 07:00 de la mañana cogemos un ferry que en una hora nos deja en la Ceiba. De aquí un shuttle nos lleva hasta San Pedro Sula, donde coincidimos con una chica francesa que conocimos en el viaje de ida a Utila y nos vamos también con Dani, un francés con el que hemos estado estos días en Paradise Divers. Por último, un autobus publico nos lleva hasta el pueblo de Copán Ruinas al que llegamos a las 18:00 de la tarde lloviendo lo incontable. 

Por supuesto, cuando preguntamos a un tuktuk cuanto nos cobra por llevarnos a nuestra habitación de Airbnb, nos responde que 2 dólares por persona (una animalada). Ante nuestra queja, el tuktukero solo nos responde que “disfrutemos la lluvia”. A nosotros este tipo de cosas nos molesta bastante. Pasa en muchos países del mundo, pero son este tipo de momentos los que para nosotros definen los recuerdos de un país y tus ganas de querer volver… o no…

Tailandia, Sri Lanka, Nepal, Filipinas (depende de la zona), Polinesia (los nativos) son algunos de los países donde esto normalmente no te sucedería. Y de ahí que tengamos un recuerdo increíble de los días que disfrutamos allí.

En fin. Una vez instalados en la habitación y tras dejar las cosas a secar (puesto que tras intentarlo con 3 tuktuks perdimos toda esperanza) nos ponemos a mirar que ver y hacer en este pequeño pueblo cerca de la frontera entre Guatemala y Honduras, mientras esperamos a que deje de llover para salir a cenar unas ricas baleadas a razón de 1 euro cada una. 

A la mañana siguiente nos ponemos rumbo a la zona de las ruinas de Copán, no sin antes parar a desayunar en un sitio que nos ha recomendado un señor por la calle y que dice tener el mejor café del pueblo. 

Nuestra sorpresa es enorme cuando nada más entrar vemos que tienen Estrella Galicia (cada vez que vemos una, a Carlos se le acelera el corazón, bastante más que con el terremoto en Delhi). Además, aquí recibimos una noticia de Fernando Pita que nos deja queriendo volver a España para eso de marzo del 2025 jejejeje. 

Después de nuestro desayuno por derecho, nos dirigimos a las ruinas de Copan. La ciudad maya de Copán fue fundada en el siglo V d.C., alcanzando su esplendor durante el periodo clásico, entre el 400 y el 800 d.C. y es, a partir del siglo IX cuando empieza a experimentar un fuerte declive hasta ser abandonada y tomada por la selva.

Para visitar las ruinas se puede ir andando desde la ciudad, ya que son apenas 25 minutitos. La entrada es de 20 dólares para extranjeros.

Nada más te diriges a la entrada te llevas la primera sorpresa a modo de guaras rojas. 🦜. Y es que en el año 2011 decidieron utilizar esta zona para reintroducir la guara roja en el Valle de Copán y ahora hay una población de unos 100 ejemplares. 

De estas ruinas habíamos leído de todo, desde que no estaban cuidadas, que el precio era muy caro para lo que te encuentras y hasta que no merecen mucho la pena. Eso nos hizo plantearnos si venir o no. La duda queda resuelta nada más que nos asomamos a la plaza de las Estelas. Y es que la imagen es espectacular. Para nosotros a la altura de unas de las mejores ruinas mayas de todo Centroamérica.

Pero lo más llamativo de esta antigua ciudad y que la convierte en única son sus enormes estelas perfectamente talladas y su Escalinata de los Jeroglíficos, donde, en 63 escalones, 2200 glifos esculpidos cuentan la historia de todos los gobernantes de Copán.

El césped super cuidado, nada de basura, zonas cubiertas para evitar el deterioro, el único pero que le ponemos es la poca información que encuentras de cada estela, pirámide o plaza (la razón de esto es que contrates un guía y obviamente, ayudes a la economía local). Pero esto puedes solucionarlo o con una buena guía de Lonely Planet, con alguna página web o, por qué no, contratando un guía.

Tras la visita a las ruinas, nos damos un paseito por el pueblo. No tiene mucho que ver, dado que todo está alrededor de su plaza central, pero da para terminar el día con cansancio y ganas de una buena baleada. 

El pueblo, aunque muy pequeño es bastante bonito y seguro. Una forma perfecta de aumentar tu estancia en Honduras, conocer un poco más de su cultura y de su gente y de acercarte a la frontera con el Salvador.

A la mañana siguiente volvemos a coger un shuttle. Con este vamos a cruzar un par de fronteras, la de Guatemala y la de El Salvador, dejándonos directamente en Santa Ana. Es verdad que estos shuttles tan concretos son bastante caros para nuestra economía de subsistencia, pero ir de bus local en bus local nos llevaría demasiado tiempo.

Aquí volvemos a coincidir con un ciudadano chino (la verdad es que no recordamos su nombre), con el que ya habíamos coincidido en el bus local que nos trajo a Copán. Sin embargo, el pobre hombre no debió de leer este tema de cruce doble de fronteras hasta que de repente se ha encontrado en la frontera con Guatemala (país en el que ya había estado) y ha visto que su visado es de una sola estancia. Finalmente, tras 1 hora intentándolo, ha tenido que darse la vuelta y volver a Copán. No sabemos que habrá sido de él ni si habrá logrado cruzar a El Salvador por otra frontera directa más al este, ¡esperamos que sí!

Esto nos deja la lección aprendida de lo importante de un pasaporte “poderoso”. Y es que uno no se da cuenta de que España tiene el pasaporte más potente del mundo (siempre está en el top 5) hasta que viajando se encuentra con la de problemas que tienen el resto de los ciudadanos para viajar por el mundo (latinos para ir a Europa o América, asiáticos para salir del sudeste asiático o casi cualquier país no europeo para conseguir una visa en Australia o Nueva Zelanda). 

Tras dejar al pobre chino en un bus de vuelta a Copan, seguimos nuestra ruta hasta Santa Ana y a eso de las 1600 damos la bienvenida a El Salvador. 

Con esto dejamos atrás Honduras, país del que hemos visitado bastante poquito (solo Utila y Copan y de paso La Ceiba y San Pedro Sula). De él podemos decir bastante poco, salvo que lo que hemos visto nos ha gustado mucho, ambas zonas son super tranquilas y seguras. Por desgracia creemos que el resto de Honduras, fuera de estas dos o tres zonas súper turísticas, no son muy seguras ya que ahora mismo sitúan a este país como el más inseguro de todo Centroamérica.