La Ruta de las Flores y el Volcán de Santa Ana

Viajando con Alexander (el conductor del shuttle) descubrimos que es salvadoreño, por lo que aprovechamos la ocasión para preguntarle cosas de su país, como, por ejemplo, como es la sanidad, la educación… Y también por el tema más recurrente cuando uno tiene pensado venir a este país, la seguridad. 

Si algo estamos viendo, notando y escuchando es que todos los salvadoreños están profundamente orgullosos de que su país hoy en día sea muy seguro. No es algo que nosotros hayamos descubierto ahora mismo, porque la noticia de que el presidente Bukele había convertido el país más inseguro de América en el más seguro de Centroamérica es ampliamente conocida (sus cárceles multitudinarias son super famosas). 

Pero sí que es verdad que en Guatemala, Honduras, Costa Rica, México… allá por donde pasamos, todos nos cuentan precisamente eso. 

Viniendo de Honduras, que es un país donde hemos tenido especial cuidado en no ir a ninguna zona que no fuese super turística, la verdad es que agradecemos tener la sensación de que puedes andar tranquilamente por la calle.

Hemos decidido quedarnos a dormir en el Hostal Villa Sabilla, que está a dos “cuadras” de la Plaza Central. Una pequeña habitación que tiene aire acondicionado y una pequeña cocina que nos viene de maravilla. 

Nuestra primera impresión al llegar a Santa Ana y darnos un paseo por la ciudad es muy muy buena, con muchísima gente paseando por la calle, sentados en un banco disfrutando de la tarde…

La zona con edificios mas reseñables de la ciudad está alrededor de la Plaza Central, por lo que nos damos una vuelta por sus callejuelas. El paseo inicial de apenas 1 horita nos da para ver casi todo lo que hay que ver en el centro de la ciudad.

La Catedral:

El ayuntamiento:

El teatro:

Lo gracioso es que, una vez se nos hace de noche, (apenas las 18:00 pm) sigue habiendo muchísima vida en la Plaza Central, la “Catedral” y sus alrededores, por lo que aprovechamos y nos quedamos un poquito mas disfruta do del fresco.

Como una de las cosas que ver cerca de Santa Ana es “La Ruta de las Flores” y hemos decidido visitarla desde la propia ciudad, nos decidimos a hacer una compra en un supermercado (nos ha sorprendido la de cosas que hemos encontrado en los supermercados de El Salvador, y a un precio asequibles, que luego te cuesta encontrar incluso en Costa Rica), cenamos rico en casita y nos preparamos para mañana.

Tenemos dos días para hacer la ruta. Ésta la puedes hacer en un día si tienes coche propio, o si contratas un tour, pero la diferencia de precio es abismal. Por ejemplo, el tour en “Civitatis” cuesta alrededor de los 90 euros, cuando el transporte público cuesta 50 centavos de dólar… ¡fijaos la diferencia! Así que lo que hacemos es dividir la ruta en zona norte y zona sur, para poder ir con calma y disfrutar más de cada pueblo.

El primer día, después de levantarnos prontito y de un desayuno rápido, nos acercamos andando hasta la estación de autobuses (unos 25 minutos) que nos dan ademas para seguir conociendo la ciudad y ver uno de los mercados que se organizan en la parte norte, ¡donde venden absolutamente se todo! De verduras a ropa pasando por cosméticos y videojuegos.

Desde aquí cogemos el primer autobús que nos acerca a Ahuachapán (Ruta AB 210 que cuesta 48 ctos y salen cada 10-15 minutos). Una vez en Ahuachapán cogemos otro bus que nos deja en Concepción de Ataco (Ruta MB-20 que cuesta 38 céntimos y salen cada 10-15 min). En total tardamos aproximadamente una hora y cuarto. Eso si, sin aburrirnos, amenizados en todo momento por vendedores de remedios mágicos que te curan desde el rehuma a la psoriasis.

La primera parada, Concepción de Ataco, es uno de los pueblos más grandes de la Ruta de las Flores y para nosotros el más bonito. Con un centro histórico empedrado y lleno de arte callejero, con muchas de las fachadas pintadas y una plaza central super bonita, es un lugar perfecto para pasear, sacar miles de fotos y comprar algún recuerdo (si te cabe en la maleta, claro; a nosotros en la mochila, no).

Ya al pasear por este pueblo te das cuenta de que la gente es super agradable, todo el mundo va saludando y sonriendo (de esas cosas que te alegran el día, al contrario que los tuktukeros de Copan Ruinas…).

El Salvador es también famoso por su café. Y toda esta zona es cafetera, así que buscamos en la plaza un sitio donde tomarnos un cafecito y disfrutar del ambiente. 

En este pueblo Scheherezade podría estar 2 horas de tienda en tienda, por lo que, tras convencerla de seguir adelante, cogemos el mismo bus para seguir bajando y llegar hasta Apaneca. 

Apaneca, este pequeño pueblo de la Ruta, es más conocido por sus actividades deportivas tipo tirolina, quad y demás, aunque también es bastante bonito pero mucho más pequeñito. 

En la plaza central tienen un mercado circular donde comer algo y comprar recuerdos. Aquí elegimos una carne a la barbacoa con arroz y patatas que está de rechupete. 

Como necesitamos una horita y media para regresar hasta Santa Ana, decidimos volver por donde hemos venido con la calma y dejar para el día siguiente la siguiente parte de la ruta. Y menos mal, porque en cuanto llegamos a casa a eso de las 6 de la tarde se pone a llover como si no hubiese un mañana! Vamos, que hemos tenido que correr loa últimos metros para no acabar empapados.

Al día siguiente, volvemos a ir andando a la estación de autobuses y cogemos la Ruta-328 (que cuesta 80 céntimos y hace Santa Ana-Juayua). Cogemos uno que sale a las 10 de la mañana y sabemos que hay otro que sale más pronto, sobre las 07:15 aproximadamente, pero bien puede salir 15 minutos antes o 15 después. Para volver, preguntamos y nos dicen que el último es a las 4 de la tarde así que tenemos unas 5 horas para visitar los tres pueblos de la zona sur.

Como Juayua es conocido por su mercado gastronómico lo dejamos para visitarlo el último (y así pegarnos aquí un buen homenaje) y cogemos otro autobús que nos acerca a Nahuizalco.

Nahuizalco es conocido sobre todo por su rica cultura indígena y su artesanía. Nada más llegar ya notamos una gran diferencia, mucho más local y 0 turistas.

Tras bajar del autobús, que nos deja en la carretera principal, bajamos andando toda la calle hasta la zona céntrica del pueblo. Este pequeño camino te va dejando una imagen espectacular del valle y las montañas que rodean el pueblo. 

Aquí también ponen un mercado de artesanía y verduras los fines de semana.

Apenas 1 horita después ya hemos recorrido todo el pueblo y nos ponemos rumbo hacia Salcoatitán. Como el autobús de subida no termina de llegar, hacemos dedo y conseguimos que una agradable familia nos deje montarnos en su pick up. 

La verdad que viajar así es mucho más disfrutón que el bus, con unas increíbles vistas y conociendo a gente local. Además, la familia nos comenta que en Salcoatitán hay un museo de la imprenta que solo se abre los fines de semana, por lo que al llegar nos vamos directos allí.

Este pequeño pueblo es del tamaño de Apaneca, y más allá de su Plaza Central y el Museo de la Imprenta no hay mucho más que ver. 

Como hemos decidido comer en la feria gastronómica, vamos directos para allá, que ya “hace hambre”.

Al llegar a Juayua y caminar por su Plaza Central, uno no siente que tenga nada característico que lo diferencie de todos los anteriores.

 El toque especial llega cuando llegas a los puestos gastronómicos. 

Ahí se nos empieza a hacer los ojitos chiribitas… churrasco, chorizo, pescado… y todo a la brasa. Los olores nos van provocando más y más hambre. 

Estos puestos solo están los fines de semana, por lo que hemos tenido bastante suerte. 

Ya después de llenar la tripa y darnos una vueltecita por el pueblo, damos por acabada la ruta de las flores de la mejor forma posible y nos ponemos de regreso a Santa Ana.

Esta serie de pueblos al suroeste de Santa Ana nos han encantado. Sobre todo Concepción de Ataco y Juayúa. 

Para volver, cogemos la misma ruta que sale de vuelta a las 16:10. Para variar, cuando llegamos a la ciudad están cayendo sapos y culebras. Tras pedir un Uber que nos lleva a casa por 2 dólares, nos preparamos para nuestro último destino alrededor de esta ciudad: el volcán de Santa Ana. 

A la mañana siguiente, amanecemos bien pronto para coger el autobús 248 a las 08:10 que nos lleva directos al volcán (es casi 1 hora y media de trayecto). Al contrario que lo que nos ha pasado en la Ruta de las Flores, esta vez en el autobús sí que somos cerca de 25 turistas. 

Cuando estuvimos leyendo por internet, nos surgían ciertas dudas de cómo hacer este trekking dado que encontramos información contradictoria. El resumen, que lo averiguamos cuando por fin llegamos allí , es que uno no puede hacerlo por libre, por lo que tienes que pagar a un guía. Si llegas en el autobús 248 hay un guía “público” esperando para ir con toda la gente que ha llegado en el bus. Esté guía se va a preocupar de que estés de regreso a las 13:00 para coger el último autobús de vuelta. 

El trekking no es demasiado extenuante ni exigente, pero sí que es cierto que depende mucho de la cantidad de gente que llegue a la vez y del tiempo que pierdes haciendo los trámites de entrada para todos. Nuestro grupo era de 27 personas (horrible). Tardamos como 1 hora en pagar todos, revisar las mochilas (no te dejan entrar con tabaco ni con bolis ni con navajas) y hacer pipis. Así que cuando nos ponemos a andar son cerca de las 10:15. 

Apenas tenemos 1 hora y media para subir y 1 hora para bajar, por lo que el ritmo que mete la guía es super rápido, sin apenas paradas ni si quiera para fotos y sin poder disfrutarla mucho.  

Menos mal que al llegar a la cima las vistas sí que merecen la pena. Desde arriba, uno puede ver el lago de Coatepeque y, si tienes suerte y esta todo despejado, también se pueden ver el Volcán de Izalco.

Aunque la vista más impresionante sin duda y la razón principal por la que subimos era por ver el cráter con su lago de color turquesa dentro. 

Después de 20 minutitos en la cima, comenzamos a iniciar el descenso para que no se nos vaya el autobús de vuelta. La verdad es que la excursión del volcán merece la pena, pero está bastante mal organizada en cuanto a tiempos. 

No es cara, son 3,5 dólares por el guía y 3 dólares por entrar al volcán, pero al hacerlo con el grupo general se pierde muchísimo tiempo y luego uno tiene que recuperarlo subiendo y bajando más rápido. 

Ya de vuelta en Santa Ana echamos el resto del día vagueando y haciendo cosas pendientes de los próximos destinos. 

A la mañana siguiente nos ponemos en marcha para ir a San Salvador, la capital.