Hoy tenemos un largo día por delante. Para ir desde El Salvador a Nicaragua se puede hacer de tres formas distintas: vía aérea, por supuesto; vía marítima con un barco que zarpa desde El Tunco y te lleva directamente a Nicaragua; o bien vía terrestre, que entonces implica cruzar primero a Honduras y, de ahí, a Nicaragua.
Nosotros, que tenemos más tiempo que dinero, nos decantamos por la opción terrestre. A las 10 de la mañana salimos de La Libertad en una furgoneta. La frontera con Honduras es sencilla y enseguida la cruzamos. Sin embargo, de la de Nicaragua ya nos han hablado de lo lenta y tediosa que es, y no defrauda.
Llegamos a las 8 de la tarde, ya de noche, sacamos todo nuestro equipaje y vamos a pasarlo por el escáner. Aquí te miran que no entres con alimentos, cámaras profesionales, drones (menos mal que el nuestro está a salvo con Sofía) y demás cosas que el gobierno considera peligrosas. Incluso te desinfectan el vehículo con el que entras y te cobran 5$ por ello. Pero los que tienen que operar los rayos están cenando y, como no quieren que se les enfríe la cena, después de tenernos ahí sus 10 minutos de espera de pie, nos dejan pasar sin registrarnos ni preguntarnos nada.

Cuando llegamos a la parte de documentación y sellado de pasaporte, una chica de Texas que viaja con nosotros tiene su susto y por poco no la dejan entrar, ya que el año pasado estuvo en países con riesgo de fiebre amarilla (Colombia y Brasil) y ella no está vacunada porque dice que es alérgica. Finalmente, la doctora que comprueba la documentación y que la tiene un rato en vilo, le dice que si le paga los dólares que lleva ahí sueltos hace como que no ha visto nada y todos tan amigos. Acaba entrando con nosotros.
Son las 10 de la noche, doce horas después de coche, cuando por fin llegamos a nuestro destino. Estamos tan cansados que, del tirón, sin pensar ni si quiera en cena, nos vamos a dormir.

Amanecemos como nuevos después de un sueño reparador y, después de un rico desayuno que tenemos incluido, nos vamos a conocer la ciudad con nuestra guía de Lonely Planet en el móvil.
León es una de las ciudades más antiguas y culturalmente ricas de Nicaragua. Además, es conocida como la ciudad de las iglesias por la gran cantidad de iglesias históricas que se encuentran en su territorio, con casi 400 años la más antigua de todas ellas.

Empezamos por el plato fuerte, el Parque Central y la Real Basílica de la Asunción. Está enorme catedral, de estilo barroco neoclásico, es la más grande de todo Centroamérica.

El parque está custodiado por otros edificios relevantes, como el Seminario, el Museo de la Revolución y el Mausoleo a los Héroes y Mártires.
La historia de León está muy ligada a la historia del país, ya que esta ciudad fue el epicentro de la Revolución Sandinista que después de muchas huelgas y enfrentamientos armados derrocó la dictadura de la familia Somoza que gobernó el país más de 4 décadas. Hoy en día la ciudad entera está llena de murales y bustos que recuerdan los diferentes personajes revolucionarios que ha tenido el país a lo largo de los años. Además esta llena de banderas del FSLN, o Frente Sandinista de Liberación Nacional, el cual lideró aquel movimiento para derrocar el dictador y hoy en día gobierna en el país.

Seguimos toda la mañana callejeando por la ciudad, metiéndonos por sitios nuevos y descubriendo iglesias en cada una de sus esquinas. Paramos un rato a tomar un batido súper rico de frutas para recuperar las fuerzas que nos quita el calor y seguimos.
Después de comer Carlos empieza a encontrarse algo regulín de la tripa, la verdad que este segundo año nos está dando muchísima más guerra que el primero, por lo que pasamos la tarde tranquilos y salimos a cenar algo en los puestos callejeros que hay y para ver un poco el ambiente del sábado noche, que la ciudad está animadísima.

Hoy, nada más desayunar, nos ponemos en marcha. Desde la estación de autobuses de León cogemos un autobús local que nos lleva a Managua y de ahí, desde la misma terminal a la que llegamos, otro que sale hacia la ciudad de Granada, donde llegamos pasada la hora de comer.

Dejamos nuestras cosas en el apartamento que hemos cogido para este par de días y vamos a buscar al mercado a ver qué encontramos para comer.
Después de descansar un poco del calor en casa, salimos por la tarde a cenar y dar una vuelta y nos encontramos una ciudad súper animada también de noche, con una calle llena de restaurantes y bares chulísimos a ambos lados, llena de gente tomando algo y disfrutando del fresco una vez que se ha puesto el sol.

El día de hoy lo queríamos haber dedicado en acercarnos hasta la localidad de Masaya, donde dicen hay el mercado más grande del país y además se puede subir hasta la cima del volcán Masaya y ver su fuego rojo ardiendo en el interior. Sin embargo, cuando preguntamos a nuestro anfitrión por el volcán, nos dice que en marzo de este año hubo un desprendimiento del cráter del volcán y ahora ya no se puede subir hasta arriba.
Descartamos entonces la idea de ir hasta allí y dedicamos el día a recorrer la ciudad de Granada. Vamos hasta el Parque Central, donde se levanta imponente la Catedral de la Inmaculada Concepción, subimos a la torre de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced e incluso visitamos un museo del chocolate. Bajamos por la calle principal, que ayer por la noche tan animada estaba, y llegamos hasta el malecón de la ciudad donde hay unas bonitas vistas al lago Cocibolca.
Además, en nuestro paseo, nos encontramos con Esther, una chica vasca que conocimos y con la que compartimos días en Utila, ¡que pequeño que es este mundo!




