Lo que parecía que iba a ser larguísimo al final se nos hace bastante ameno. A las 12 del mediodía salimos de San Juan del Sur (Nicaragua) en un bus local que nos deja en el supermercado Super Pali de Rivas, donde nos recoge el autobús de la empresa Tica Bus para cruzar con ellos la frontera con Costa Rica y llegar a San José.
Son algo más de las 10 de la noche cuando llegamos a la capital tica. Esperamos un par de horas en la terminal y a las 12 de la noche sale el autobús nocturno que nos lleva hasta David, en Panamá, cruzando Costa Rica por completo de norte a sur.
Aunque la frontera entre Nicaragua y Costa Rica es bastante sencilla y no tardamos demasiado en cruzarla (esta vez sí pasan nuestras mochilas por el escáner en Nicaragua, no les pillamos cenando), la de Panamá es un poco más larga. Es verdad que te piden varios requisitos para entrar, entre ellos un billete de salida vía aérea del país, así como mostrar solvencia económica con 500$ en efectivo o un documento de tu cuenta bancaria con ese importe sellado por tu banco (por persona). Sin embargo, aunque a nosotros si nos comprueban lo del billete de salida, no nos piden que les mostremos ningún tipo de solvencia económica y menos mal, porque no contamos con ninguna de las dos cosas.

Total, que sobre las 9 de la mañana llegamos a la ciudad de David, cerquita de la frontera oeste del país. Es verdad que esta ciudad no tiene mucho que visitar ni aparece en ninguna guía ni nada, pero es la más grande de la zona, con más oferta de alojamientos y está cerca de donde queremos ir mañana. Como contábamos que íbamos a llegar reventados después de cruzarnos Costa Rica entera en menos de 24 horas, nos cogimos una habitación donde descansar del trote. Y así lo hacemos. Sólo nos movemos para acercarnos a un centro comercial que tenemos cerca de la casa donde nos encontramos unas cositas muy ricas para cenar esta noche. Empieza muy bien Panamá.

Amanecemos como nuevos después de un sueño reparador en una cama en condiciones. Desayunamos y nos vamos hasta la estación de autobuses de David, donde cogemos un bus dirección a Panamá City, aunque nos bajamos mucho antes, en una localidad llamada Horconcitos, para coger ahí una furgoneta que nos acerca hasta nuestro destino final: Boca Chica.
Este pequeñísimo pueblo no estaba al principio incluido en nuestros planes ya que ni sabíamos la existencia de él por no aparecer prácticamente en ningún blog ni guía (no sale ni en la Lonely Planet). Sin embargo, por casualidad nos dimos con un viajero que sí que lo mencionaba y además decía que era uno de sus lugares favoritos en el país. Cuando seguimos leyendo, descubrimos que los motivos eran que el pueblo está ubicado en el Golfo de Chiriquí, donde puedes visitar islas paradisíacas totalmente desiertas, y lugar al que las ballenas jorobadas vienen a reproducirse y dar a luz a sus crías. En ese momento, Boca Chica se convirtió en un destino obligatorio para nosotros.

El pueblo es super pequeño, cuenta solo con dos tiendecitas que venden algo de comida, un restaurante donde tienen plato del día y un par de hoteles. Es verdad que la zona está llena de resorts de lujo (hay uno en isla Seca por 5000$ la noche) pero a nosotros como que se nos escapa un poco de presupuesto asique elegimos quedarnos en Roxys Bed and Breakfast que encima tiene piscina y todo, donde nos tiramos toda la tarde a remojo.

Suena pronto el despertador. Bajamos a desayunar y de vuelta en la habitación preparamos todas las cosas que nos tenemos que llevar para el día de hoy: gafas, tubo de snorkel, toallas, crema, GoPro, cámara de fotos… y es que hemos amanecido con un solazo increíble y el día promete.
A las 09:15 nuestro patrón nos recoge en el muelle de Boca Chica y nos ponemos en camino, mientras nos va señalando los casoplones que hay uno y otro lado de las montañas. Vamos 5 personas, con él 6, a bordo de la lancha. Una pareja de alemanes, un señor panameño, pero afincado en Miami super majo y nosotros. Una vez llegamos a mar abierto, ¡empieza la búsqueda de las ballenas! No pasan ni 2 minutos cuando nuestro patrón nos señala a lo lejos al grito de ¡ballena!
Nos dirigimos hacia allá y, cuando llegamos, ninguno vemos absolutamente nada en todo nuestro alrededor. Pero de repente, algo emerge del agua a nuestro lado y es… ¡una ballena! El patrón nos cuenta que es una cría, que ha nacido hace muy muy poquito, y que la madre tiene que estar cerquita cuidándola, a su lado, pero un poco más profunda. Y efectivamente, después de 3 o 4 respiraciones que sale a hacer la cría, una sombra blanca se empieza a ver bajo el agua y de repente una ballena enooorme aparece ante nosotros.

Parece ser que, como está recién nacida, todavía nadan las dos juntas tranquilamente por el golfo de Chiriquí. Una vez que se haga más mayor, empezará a nadar mucho más rápido, saldrá menos a respirar y empezará a dar saltos fuera del agua. Pero para nosotros, hoy, es una suerte haberlas encontrado y que podamos disfrutar de ellas unos 20 minutos tranquilamente.
Otra lancha se acerca a lo lejos al ver que hemos estado ahí parados tanto tiempo y ya, nuestro patrón, se pone en marcha hacia la que va a ser la primera parada de hoy: isla Bolaños.
Cuando estamos yendo hacia allá vemos algún que otro lomo de ballena asomar a lo lejos y, aunque nos encantaría ir, el tiempo de avistamiento ya ha terminado para no incordiarlas demasiado y ahora toca disfrutar de playas paradisíacas, que mal plan, ¿eh?
Pero… de repente Carlos ve una cría que emerge de nuevo del agua por delante nuestro muy muy cerquita de donde vamos a pasar y el patrón baja la velocidad para que la podamos ver nadar junto a su madre.

Es en ese momento cuando Scheherezade le dice al patrón que si puede saltar. De primeras él se queda un poco atónito por la pregunta, por lo que insiste de nuevo sin darle tiempo a que se lo piense mucho. Dice que bueno, que como quiera, pero que él no saltaría, pero que si ella quiere… que por qué no. Suelta corriendo la cámara, se quita la ropa (menos mal que llevaba el bañador puesto), coge la GoPro y las gafas de buceo y ¡al agua patos!
La visibilidad es bastante mala y cuesta ver donde están por lo que sigue nadando hacia adelante hasta que una sombra aparece por delante. Se acerca un poco más… ¡y ahí está! La cría de ballena acaba de salir a superficie a respirar y la ve a ras de agua, lo que significa… que la madre tiene que estar cerca. Y vamos que si está cerca. Una enorme ballena sube de la parte más profunda y aparece delante. Scheherezade se para en seco para no acercarse demasiado a ella, cuando ésta decide levantar su enorme aleta y pasa rozándola, ¡¡¡piel de gallina!!! ¡¡¡¡madre mía!!!!

Las ballenas dan un par de aleteadas y se pierden en el océano y Scheherezade sale del agua gritando como una loca. Qué momento… De verdad que por mucho que lo intente, es difícil poner palabras, más que decir que es otro sueño más cumplido en estos últimos meses tan increíbles.
Vuelve a la lancha con una emoción que desborda, contando una y otra vez como ha sido el momento de verlas alado bajo el agua, y con apodo nuevo por parte del patrón: “Aquaman”, jajajajaja y ahora ya, sí que sí, ponemos rumbo a nuestra isla.

Llegamos a isla Bolaños, la que dicen más paradisíaca de las tres al tener la arena blanca y no podemos más que enamorarnos nada más que ponemos un pie en ella. Es completamente virgen, es todo vegetación frondosa, preciosas palmeras y aquí es donde pasamos la siguiente hora.

Aprovechamos para hacer también un poquito de snorkel y vemos varios pececitos de colores y volvemos a encontrarnos con una de nuestras amigas las tortugas (nunca nos cansaremos de verlas).

De aquí nos vamos a isla Parida, la más grande de las tres y la única en la que es posible acampar. Cuenta también con un pequeñito restaurante en el que puedes pedir algo para comer o beber.
En esta isla pasamos dos horas largas disfrutando de la tranquilidad y de su enorme playa. En un momento dado, nuestro patrón nos llama para que nos acerquemos corriendo. Cuando llegamos nos encontramos, ni más ni menos, que un cocodrilo a remojo, que se esconde debajo de las raíces flotantes de las palmeras.
No hemos terminado de flipar con ver a un cocodrilo campando a sus anchas por aquí por la isla (cosa que encima no está avisada ni nada en ningún sitio) cuando de repente un cerdo enorme aparece de entre las palmeras y se pone a andar por la arena de la playa. ¿Pero qué isla es ésta? ¿Qué es lo siguiente que va a aparecer?

Quitando estos encuentros con la fauna local, la isla es un absoluto paraíso. Estamos nosotros 6 solos en ella y la tranquilidad que se respira es increíble. Las palmeras, el agua cristalina… todo la hace especial.

Aunque nos podríamos quedar aquí todo el día, haciendo nada, tirados en la arena, toca ir a la última de las 3 islas que visitamos hoy: isla Gámez. Está ubicada justo enfrente de Parida y es la más pequeñita de las tres que hemos visto hoy, pero no por ello deja de tener rincones igual de bonitos.

A las 3 de la tarde nuestro patrón nos llama. Es hora ya de regresar, muy a nuestro pesar. Recorremos los 20 minutos en lancha que nos separan de Boca Chica y según llegamos nos vamos directos a comernos un menú del día en el restaurante de ayer.
La tarde la pasamos en la piscina hasta que el tiempo nos lo permite y se pone a llover. Cenamos y preparamos las mochilas, mañana nos movemos hacia una nueva zona con muy buena pinta de Panamá.



