Decir adiós a Santa Catalina nos cuesta un poco, sobre todo porque salir de un pequeño pueblo para meterse en una gran ciudad siempre nos da bastante pereza. Pero Carlos tiene un gran recuerdo de Ciudad de Panamá cuando estuvo con el Elcano y por ello venimos con bastantes ganas de ver lo que tiene guardado para nosotros.
Para dormir aquí hemos cogido un Airbnb que tiene muy buena pinta cerca de la zona “centro” de la ciudad. Como hemos leído que la zona centro es super segura (aunque algo cara) y que, si te alejas un poco de ella, te puedes meter sin darte cuenta en algún barrio que no es muy recomendable, hemos elegido uno que esta cerquita y que nos sale perfe de precio.
Cuando llegamos a él, la verdad es que nos llevamos una sorpresa de lo chulo que es. Un poquito horterita, de esos que le gustan a Carlos.

Y para celebrar nuestra estancia nos compramos un buen chorizo, un buen aceite y unos buenos huevos, para hacernos una de esas cenitas que siempre se agradecen.

Así que bien colocados, con la tripa llena y después de descansar toda la noche, nos ponemos al dia siguiente a recorrer toda la ciudad.
Y es que lo cierto es que la parte más famosa de Ciudad de Panamá es básicamente su centro histórico. El casco antiguo fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Unesco y en él se puede observar claramente el estilo colonial español.





La verdad es que es bastante bonito pasear por él y además, cuando uno se aleja un poco y se acerca al mar, puede ver de fondo su Centro Financiero, con sus enormes rascacielos, que choca claramente con todos los edificios coloniales.

Paseando por el centro, una de las partes que más nos gusta es el monumento al Canal de Panamá. Aquí descubrimos todo lo que hay detrás de una de las obras de ingeniería más increíbles del mundo y como ya, cuando Nuñez de Balboa en 1513 descubrió el istmo, el propio Carlos I de España ( ya sabéis, V de Alemania) en 1524 mandó estudiar la posibilidad de unir el mar del Pacífico (o mar Español por aquel entonces) con el mar Atlántico. Esas pequeñas cosas históricas que uno va aprendiendo a lo largo de los años.

Por supuesto, la historia tuvo que esperar hasta casi el 1900 para que Francia empezase a construirlo y EEUU acabase el trabajo.
Pasear por el centro histórico es un lujo, y es que cada callejuela tiene su parte bonita, su esquina preciosa o su fachada histórica.




Cuando acabamos de pasear por el centro y sin saber porque tenemos tanta energía, nos decidimos a seguir caminando por el paseo marítimo que une el centro con la parte más moderna de la ciudad, llena de centros comerciales, discotecas y rascacielos (¡y mapaches!)


Ya llegando al final de nuestro trayecto (el centro comercial Multiplaza Pacific Panamá), nos cruzamos con un anuncio de un viaje en velero por el archipiélago de San Blas con muy buenos precios.

Aprovechamos el anuncio para ponernos en contacto con el Capitán e intentar negociar un muy buen precio. Dado que ya teníamos en mente que fuese nuestro siguiente destino después de esta increíble ciudad, lo único que necesitábamos era que el capitán nos diese buen rollo y el precio fuese lo más bajo que pudiésemos conseguir.
Después de una dura negociación por teléfono (es argentino y no veas la coba que nos da) cerramos el trato para irnos con él a San Blas dentro de un par de días.
Como solo nos queda un día más para recorrer la ciudad, nos levantamos pronto y nos ponemos en marcha. Ir a visitar una de las esclusas del Canal de Panamá nos da una pereza enorme (Carlos ya lo había cruzado y son demasiado turísticas al estilo americano), por lo que decidimos subir al cerro Ancón. Y la verdad es que la idea, en su inicio, es buenísima… hasta que comenzamos a subir esa horrible cuesta, y esas eternas escaleras y el calor nos va haciendo mella, Scherezade se va acordando de toda la familia de Carlos ( Scherezade dice que solo se acuerda de Carlos, no de su familia).

Menos mal que al final el esfuerzo merece la pena y las vistas desde arriba a toda la ciudad, con el casco histórico y el centro financiero son increíbles.

Además, desde aquí arriba se puede ver perfectamente el Canal de Panamá al completo, con sus dos canales, sus esclusas… y uno puede hacerse a la idea de su funcionamiento.

Para acabar el día nos vamos al centro comercial de la estación de autobuses, el Albrook Mall. Hemos leído que hay chollazos y que se pueden comprar muchas cosas super baratas… pero la verdad es que para nosotros es un auténtico fracaso y solo Carlos se agencia una maquinilla de afeitar.
Así pues, volvemos a nuestro pisito para rehacer las mochilas, comprar provisiones y prepararnos para iniciar la parte estrella de nuestro viaje por Panamá: 3 noches y 4 días por San Blas.
