Después de un exhaustivo estudio de todas las opciones para visitar San Blas, decidimos quedarnos con la de “San Blas Sailboat Adventure”. Las opciones son miles, desde ir y volver en el día disfrutando de una sola jornada en San Blas, hasta la de cruzar de Panamá a Colombia durante una semana, pasando por estancias de una, dos o tres noches, bien en islas o bien a bordo de veleros o catamaranes.

Nosotros encontramos la opción del Capitán Martín en una lona colgada paseando por el centro financiero de la ciudad. Hablamos con él para preguntarle, más o menos, cual es el plan y nos ofrece 3 días y 3 noches a bordo de su velero y visitando la zona de los Cayos Holandeses, la más alejada de San Blas y por ello una de las más caras pero que nos han recomendado encarecidamente que conozcamos. Además, su velero tiene cabida para sólo 6/8 personas, algo mucho más tranquilo y que nos apetece mucho más que las 20 que pueden llevar otros barcos hacinados (sin contar con la labia de Martin que, como buen argentino, nos ha acabado convenciendo).
A las 5 de la mañana nos recoge Luis, en el café Coca Cola, al volante del 4×4 con el que vamos hasta el puerto de Cartí. Vamos con Martín, nuestro capitán, y Maisie, una chica californiana de 18 años voluntaria que ha cogido para que le eche una mano a bordo.
Durante el camino nos cuentan las peculiaridades de este territorio indígena, Guna Yala, el cual es gobernado de manera independiente por el pueblo Guna desde la Revolución de 1925. Está formado por una zona de selva tropical y el archipiélago de San Blas, el cual cuenta con 365 islas (una para cada día del año), de las cuales solo unas 50 están habitadas.

Los Kunas tienen sus propias leyes, sus propios impuestos y hasta su propia bandera (la cual, la primera vez que la vemos, nos pega un buen susto ya que es igual que la española, pero con una cruz gamada invertida en el medio).

Son una sociedad matriarcal que vive en comunidades repartidas por algunas de estas islas y que intentan y quieren tener un turismo muy controlado para no estropear el paraíso que aún es su territorio.

Llegamos al puerto de Cartí donde nos despedimos de Luis y cogemos un barco que nos lleva hasta nuestro velero, fondeado enfrente de un par de islas super chulas. Conocemos a la otra pareja con la que vamos a compartir estos días, Nila y Aleksanzder, de origen austríaco.

Como con nosotros ha entrado un cargamento bastante grande de comida y bebida y en el velero no cabemos todos, aprovechamos para ir a nuestra primera islita a rascar la panza y disfrutar de este increíble paraíso mientras colocan todo a bordo.

Una vez esta todo bien arranchado en el barco, Martin nos enseña nuestro camarote (es extraño esto de estar en un barco y venir a no hacer nada). Después de comer algo rápido con unas cervecitas (nuestro Capitán es un tremendo pirata) levamos ancla y nos vamos a nuestra segunda isla.

Aquí es donde nos cuentan que cada isla, normalmente, tiene uno o dos familias que son sus dueñas durante un año. Se la dividen y la “explotan” tanto para el turismo como para vivir en ella, pescar, y demás.
Esta isla en particular tiene bungalós para alojarte por un módico precio, una zona con musiquita, kayaks para darte una vuelta, y lógicamente es toda de una arena blanca preciosa.

Scheherezade lleva aquí solo 4 horas y el móvil le esta explotando de la cantidad de fotos que ha sacado ya.
Nos pasamos aquí toda la tarde tranquilos, haciendo un poco de esnorquel, tumbados en la arena y en alguna hamaca que nos encontramos por ahí, leyendo… Cuando cae la noche, regresamos con nuestra zodiac de la isla a bordo del velero y el capitan Martin pone el modo hortera ON, encendiendonos unaa luces moradas que hacen que nos puedan ver hasta desde el espacio. Cenamos a bordo y nos quedamos de chachará disfrutando de la tranquilidad.

A la mañana siguiente viene el plato principal, cuando nos despertamos, vemos que el día ha amanecido nublado y tenemos que decidir si poner rumbo o no a Cayos Holandeses. Nosotros la verdad es de lo que mas ganas tenemos, ya que nos han hablado mucho mucho de esta zona y es uno de los motivos por los que nos animamos a conocer en velero San Blas, para intentar llegar hsta allí. Esperamos a que salte un poco de viento y finalmente Martín se aventura y comenzamos a navegar hacia los cayos holandeses.
Durante la travesía aprovechamos para charlar con el Capitán y nos cuenta parte de su vida… una de las historias más trambólicas, increíbles e impresionantes que hemos tenido el placer de escuchar y que es imposible de resumir en tres párrafos.
Lo importante para esta historia es, que cuando se decidió a comprar el velero y dedicarse a hacer tours con él por esta zona del mundo…. JAMÁS había navegado. En toda su vida. NUNCA se había subido a un barco.
Con ello ya os podéis hacer una idea de como es nuestro capitán. Parte de su historia anterior a la etapa panameña incluye: ser dueño de un restaurante en Mendoza, dueño de un hotel en Costa Rica, camarero de un restaurante en Miami, puertas de una discoteca en esa misma ciudad… como hemos dicho, difícil de resumir en 3 párrafos.
Pero para nosotros, que antes de montarnos en nuestro primer barco hemos estado 5 años en una academia, lo impresionante es que esta persona no tuviese ninguna experiencia previa… Y SIGA VIVO.
Por supuesto, durante esta primera singladura navegando, no podemos parar de reírnos con sus historias y porque no… aprovechar darle algún consejito de mantenimiento del velero y de navegación…

Hemos de decir, para no crear preocupaciones por nuestra seguridad, que todos los veleros que navegan por este territorio llevan siempre a un nativo abordo. Ellos se conocen perfectamente todos los bajos, corrientes, islas y recovecos como la palma de su mano ya que su medio de transporte desde niños es mediante piraguas que ellos mismos hacen de madera vaciando los troncos de los arboles.
Mientras navegamos hacia los Cayos Holandeses la mala meteo no nos deja disfrutar mucho del tránsito y cuando llegamos, aunque aguanta sin llover, hace bastante viento y el cielo esta totalmente cubierto. Desembarcamos y vamos a conocer una de las islas, la cual la rodeamos completamente andando por la playa. Aún con todo el cielo nublado, es difícil no ver que estamos en una de las zonas del mundo más espectaculares que hayamos tenido el placer de explorar.


Pero lo mejor de todo llega a la mañana siguiente, cuando, al amanecer, Carlos levanta la vista y ve que no hay ni una sola nube en el cielo. Cuando se lo dice a Scheherezade, en menos de 1 segundo ya esta en pie, con el bañador puesto, GoPro y gafas de buceo en mano lista para ir a buscar pececitos.
Nos acercamos con la lancha del velero hasta una de las zonas de la isla donde hay un arrecife y estamos algo mas de una viendo pececitos, corales y ¡hasta alguna raya!
Para descansar nos acercamos hasta una de las islas que, como todavía es bastante pronto aun no ha llegado ningún otro velero, lo que nos regala un par de horitas completamente solos en este autentico paraíso. Sin palabras.





Mama, no me busques, estoy bien.



Ya, a última hora de la tarde nos toca deshacer el camino navegado y volver a las primeras islitas, desde donde malana sale la barca que nos lleva de vuelta a la cruda realidad (y esta vez mas cruda que nunca después de este paraíso).

La verdad es que podríamos poner fotos y fotos del espectáculo que nos pareció San Blas, pero esto se alargaría enormemente. Lo que sí que es verdad es que esta zona del mundo es fácilmente uno de los paraísos más increíbles en los que hemos estado. Gracias a los nativos no está explotado turísticamente, ni masificado y conserva una magia difícil de describir.

Para acabar nuestra estancia en Panamá, nuestro fiel Capitán Martin nos alquiló su apartamento en la ciudad, con piscina y vistas, y así pudimos despedirnos de este lugar que nos ha dejado maravillados.

